Un libro revela el secreto más cruel de Fangio: cómo ocultó a sus tres hijos

El formol que en 1995 le habían aplicado en las venas y arterias del cuerpo del quíntuple campeón de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, permitió que todavía mostrara sus rasgos en el invierno de 2015 cuando, por orden judicial, fue exhumado. Al cadáver se le extrajeron dos falanges y un diente sobre los que se realizaron exámenes de ADN. Porque por mucho que el corredor y héroe del deporte nacional asegurase durante décadas que no había tenido hijos a causa de su incondicional entrega al automovilismo, lo cierto es que tres hombres heredaron en los últimos años su apellido y sus bienes.

“Hacía tiempo que yo estaba buscando una historia familiar para contar. Así es que cuando me encontré con esa noticia de los hijos de Fangio me pareció que era muy interesante”, dice a Clarín el periodista Miguel Prenz que buceó en esa paternidad borrosa (y borrada) para escribir Algo del antiguo fuego (Tusquets).

Aunque repitiera que no había tenido descendencia, Fangio engendró tres hijos sobre los que calló. Oscar "Cacho" Espinoza, cuya madre fue Andrea "Beba" Berruet, pareja oficial del corredor durante años; Rubén Vázquez, nacido luego de una infidelidad de su madre Catalina Basili con el campeón –que fue su padrino de bautismo–; y Juan Carlos Rodríguez, hijo de una adolescente de 15 años a la que Fangio embarazó y abandonó. Tres hombres y sus tres madres que habitaron durante décadas las sombras de una vida célebre.

Prenz es una rara avis del periodismo. No le gusta el vértigo ni la escritura apurada. No añora los cierres enloquecedores. No quiere correr detrás de lo urgente. Desde ese espacio periférico que eligió, dando clases de periodismo y dedicando temporadas dilatadas para investigar temas que luego publica en formato de libro –siempre editados por Leila Guerriero-, se coló en esa zona borrosa de la vida de Fangio. El ídolo. El prócer. El intocable. Pero también el padre esquivo y abandónico.

–¿Qué sabías de Fangio cuando descubriste la noticia sobre sus hijos?

--No vengo de una familia fierrera en lo absoluto así es que tenía la imagen que tenemos todos del tipo de figura era. Y en eso me parecía que había algo potente. Luego, por los medios, supe que Rubén era un tipo laburante, jubilado ferroviario y que era parecido físicamente a Fangio. Los diarios también hablaban de Oscar, también un tipo de trabajo. Y después, con el tiempo, se sumó un tercer reclamo que es el de Juan. Pero en ese momento, Ruben y Oscar ya tenían una confirmación legal de su identidad y me pareció que había algo para contar. Le propuse a Leila Guerriero un artículo para Gatopardo y esa nota es el germen del libro.

–¿Con qué te encontraste al conocerlos?

–Como se cuenta en el libro, me encontré con tres hombres excepcionales, tipos laburantes de toda la vida, dedicados a su familia, haciéndose cargo de sus cosas. Suena conservador lo que estoy diciendo pero generacionalmente se puede tomar como un elogio, si se quiere. Son personas mayores de 70 años que estaban muy enteras bancando una situación que implicaba un sacudón no menor. Y ese perfil que tienen me parece que marcaba más ese contrapunto con Fangio: la vida de tres laburantes en relación con la vida de un ídolo.

–Ellos protagonizan el libro, pero sus  madres también tienen un lugar relevante...

–Era algo que no podía faltar. Para mí, la historia también incluía a esas mujeres. Y no una mención menor: quería que se supiera cómo eran, que carácter tenían, cómo se comportaban, cómo era físicamente. Una vez que empecé a trabajar con el archivo, vi que había una ausencia grave: me parecía que había que visibilizarlas.

–Las tres componen un espectro muy amplio: la divorciada, la casada infiel y la adolescente desposeída de todo. Y Fangio, muy prescindente de todas ellas.

–Este es un momento interesante para mirar eso. Lo que me pasó a mi fue que el proceso de escritura e indagación empalmó con un tiempo histórico que estamos viviendo caracterizado por una nueva etapa del movimiento de mujeres, con nuevas protagonistas, nuevos reclamos, nuevas necesidades. Por otro lado, cuando llegué a esta historia, venía con muchas lecturas sobre el feminismo de la década del 60 y estaba muy en esa sintonía. Entonces, es un tema que me convoca, me interesa y no es de ahora. Por todo eso, me parecía que esas tres mujeres tenían que estar porque si bien en principio es una historia de hombres, al mismo tiempo son hechos que involucran a esas mujeres que, por distintas razones, fueron ocupando el centro. Pero estas cosas las fui reflexionando después, al principio era algo completamente narrativo.

–Aunque Algo del antiguo fuego cuenta la paternidad ​oculta de Fangio, ¿por qué elegiste una voz que narra sin cuestionamientos y sin juzgarlo?

–Es algo que se terminó conformando solo. De hecho, lo fueron construyendo los protagonistas, por un lado, y el propio Fangio. Haciendo un trabajo de archivo profundo, me encontraba que el personaje se pintaba solo incluso con sus contradicciones. Él mismo aparece en una época hablando de su hijo y en otra época diciendo que no fue padre. Entonces, fue el propio archivo el que me ofreció esta progresión. Por otra parte, yo creo que escribir es formular preguntas, retrasar las respuestas y nunca jamás juzgar a nadie. No como una regla moral sino porque, con la riqueza que tienen los personajes y las acciones, subrayar algo solo resta.

–Fangio forma parte del panteón nacional de ídolos. ¿Dice algo del país ese panteón?

–Los panteones los arman quienes tienen el dinero para construirlos. Por fuera de eso, están los ídolos populares. Pero unos y otros representan sectores particulares. De hecho, me pasó que, mientras trabajaba en esta historia, colegas me preguntaban por el contrapunto con Maradona, casi obligado. Pero a mí me parece que si caés en esa trampa terminás obligado a defender a alguien. Y yo no quería defender a ninguno, no quiero juzgar a ninguno de los dos. Lo que quizás me interesaba era ver en este ídolo eso que no estaban tan visto. Es verdad que en la vida de Fangio hay situaciones que en otro momento histórico serían muy difíciles de sostener, pero en el libro no hay una crítica ni a él ni a los medios que fueron cómplices de sus silencios y mentiras (aunque conocían la información). 

–¿Por qué le aceptaban los cambios en la historia y los silencios?

–Una de las historias era conocida y pública. Oscar también fue piloto y en los años 60 y 70 fue conocido con el nombre de Oscar Fangio y llegó a competir en Europa en Fórmula 3. Los otros dos casos eran conocidos por lo menos en los núcleos familiares. De todos modos, algo que yo me encontré en ellos tres es que no juzgaban al padre. Y eso, que me parecía conmovedor, me ayudó mucho a sostener mi regla de no juzgar en el libro.

Sobre el autor

Miguel Prenz nació en Bahía Blanca en 1979. Es periodista y profesor de periodismo. Es autor de los libros El heredero del General (2011), La misa del diablo (Tusquets, 2013) y Gigantes (Tusquets, 2015; traducido al francés por Éditions Marchialy). Participa de las antologías Los malos (2015), Un mundo lleno de futuro (2017) y Extremas (2019).

Fuente: Clarín

 

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