Reaccionaron de la peor manera por un gol sobre la hora

Los partidos de fútbol barriales tienen un común denominador: son siempre de “hacha y tiza”. Esta expresión se la utiliza para describir los enfrentamientos encarnizados y tiene su origen en la época de los duelos criollos, de los compadritos, de los malones.

En esos encuentros nadie regala nada, los protagonistas se sacan chispas y meten la pata a fondo, en la mayoría de los casos más allá de lo permitido por el reglamento. El referí también juega su propio partido y como conoce el paño hace la vista gorda y salvo en contadas ocasiones expulsa a algún jugador. Procede de esa manera porque el “jugar fuerte” forma parte del fútbol de potrero donde tuvo el génesis esta disciplina deportiva, convertida con el tiempo en “pasión de multitudes”.

Cada partido se juega como una final y mucho más cuando se enfrentan equipos que mantienen una rivalidad de vieja data. Son los que en Sudamérica se conocen como “Clásico” y en Europa como “Derby”. Esto siempre fue así y en las barriadas esa rivalidad potencia la pasión.

Mas allá de los tumultos que se producen por alguna falta artera, pocas veces los jugadores trasladan esos roces fuera del campo de juego. Los que arman bochinche, por lo general, son las hinchadas, porque nunca falta un machao que no se banca la derrota de su equipo y se quiere pelear con todo el mundo. Sin embargo, como en todas las cosas, siempre hay excepciones.

El 23 de marzo pasado, dos equipos de Solidaridad disputaron una final barrial. El partido fue intenso y se definió sobre la hora con un gol de dudosa factura que el árbitro convalidó pese a la airada protesta de los jugadores. 

“Rambo” y el “Chato”, dos hermanos que conformaban la recia dupla central en el equipo perdedor, se quedaron con la sangre en el ojo. Cerca de la medianoche, cuando estaban en una esquina junto a otros amigos masticando bronca, vieron pasar al jugador rival que definió el clásico. Luego de interceptarlo, los hermanos le reclamaron enfáticamente por el gesto que hizo tras el gol de la discordia. Uno le aplicó un golpe de puño, en tanto el otro extrajo una sevillana y lo hirió en la zona abdominal. Si bien la lesión no fue de gravedad, la situación graficó el grado de intolerancia de los agresores que trasladaron fuera la cancha el resultado de una contienda deportiva. En el juicio a los acusados, la víctima declaró que los hermanos no se bancaron la derrota del partido que habían jugado en horas de la tarde de ese día y que jamás pensó que reaccionaran con un grado de inusitada violencia.

La jueza Mónica Mukdsi, vocal interina de la Sala IV del Tribunal de Juicio, condenó en un proceso abreviado a “Rambo” a la pena de un mes de prisión de ejecución condicional por resultar coautor material y penalmente responsable del delito de lesiones leves. A su hermano, el “Chato”, lo castigó con cuarenta días de prisión, también de ejecución condicional y ordenó su libertad por haber cumplido la pena impuesta.

“Rambo” deberá cumplir durante dos años, las siguientes reglas de conducta: fijar domicilio, comunicar cualquier cambio y someterse al control del Patronato de Presos y Liberados, abstenerse de abusar de la ingesta de bebidas alcohólicas y de usar estupefacientes. Tampoco podrá acercarse a la víctima y a sus familiares y no cometer nuevos delitos. Todo ello bajo apercibimiento de revocarse la condicionalidad de la pena impuesta.

Para el “Chato”, la jueza estableció como reparación del daño causado a la víctima un resarcimiento de 3 mil pesos pagaderos en el plazo de cinco días. En el mismo fallo, la magistrada dispuso que los condenados sean sometidos a un examen genético (ADN) para su incorporación al Banco de Datos Genéticos y su incorporación al Registro Provincial de Condenados vinculados a delitos contra las personas.

El fallo es ejemplificador y un tiro por elevación para aquellos que reaccionan de manera violenta cuando no asumen el resultado de un competencia deportiva.

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