Avance médico de un salteño contra el cáncer

La inmunoterapia es un tipo de tratamiento que busca estimular las defensas naturales del cuerpo con el fin de combatir el cáncer.

Sobre este punto trabajó el médico José Vicente Ovejero Solá, exresidente en oncología del Instituto Ángel Roffo y curso de posgrado en Oncología de la UBA.

El tratamiento utiliza sustancias producidas por el cuerpo o fabricadas en un laboratorio con el objetivo de mejorar o restaurar la función del sistema inmunitario.

A diferencia de la quimioterapia o la radioterapia, no pretende "atacar" a las células enfermas por métodos químicos o físicos, sino alterarlas de alguna forma para que las propias barreras inmunológicas del ser humano detecten la enfermedad y actúen sobre ella.

Existen dos formas de inmunoterapia: la pasiva, que se produce cuando intervienen anticuerpos o células inmunes de donantes y la inmunoterapia activa, cuando intentamos "diferenciar" al tejido anómalo para que nuestro sistema inmune lo reconozca como extraño y lo ataque.

Lo innovador del tratamiento propuesto por Ovejero Solá es reconocer a la molécula fluorescente como un hapteno, es decir, una sustancia que al combinarse selectivamente con los tejidos cancerosos, los altera. "Literalmente los hace brillar. Nuestro sistema inmunológico entonces detecta este cambio en el tejido marcado generando una forma de reacción alérgica específica contra el tumor: Inmuno Fluorescencia Terapéutica", señaló el profesional.

Esta propuesta alternativa demuestra un nuevo recorrido con terapias de uso cotidiano que podrían ayudar a combatir el cáncer. En virtud de esta investigación, que le demandó poco más de dos años, El Tribuno dialogó con Ovejero Solá respecto de su trabajo y el impacto internacional que este tipo de investigaciones tienen.

"Vivimos en una comunidad global y, como tal, la comunicación también es global. Desde Salta formamos parte de ello y estamos actualizados como otros profesionales de cualquier punto del mundo. Es decir que en la Argentina estamos completamente cerca de los avances e investigaciones mundiales", reflexiona Ovejero Solá, quien egresó de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA) y hace 40 años ejerce la medicina.

Remarca que su trabajo es de "revisión, es decir, estudiar. Lo que hacemos es estudiar todos los artículos de investigación publicados, en este caso de inmunoterapia contra el cáncer, y tratar de encontrar comunes denominadores y qué moléculas se pueden estudiar. Es como pararse sobre los hombros de gigantes estudiosos y tratar de ver algo más. Una tarea de este tipo lleva al menos dos años, porque se trata de aislar de decenas de moléculas aquellas que se pueden estudiar. Ello nos lleva además a contactarnos con los investigadores para indagar sobre lo que podemos aprender".

La pregunta ineludible es si hay más casos de cáncer, a lo que Ovejero Solá fue contundente: "Es muy claro que no hay más cáncer. Lo que hay es más gente en el mundo que, a la vez, llegan a mayor edad y por lo tanto aumenta la incidencia del cáncer y, además, hay mayor capacidad diagnóstica o detección temprana. No podemos decir, entonces, que hay más cáncer proporcionalmente".

Y en ese sentido puso el acento en la inmunoterapia, "lograr que nuestro propio sistema inmunológico detecte nuestras propias células cancerosas y nos defienda de ellas. Y allí está el objetivo de los trabajos de investigación, porque nuestro sistema no reconoce esas células como extrañas sino como propias. Buscamos el Talón de Aquiles, la forma en la que nuestro sistema inmunológico se active en contra de esas células".

Con detalle, Ovejero Solá explicó que, para desarrollar un cáncer, hacen falta dos cosas: un genoma particular, que puede ser heredado o adquirido, y una noxa, que significa agresión, que puede ser a través del sol, de los alimentos, del tabaco, de la contaminación ambiental y más, que no las podemos evitar. La noxa debe ser continua y sostenida en el tiempo para detonar la respuesta del cáncer.

¿Como prevenirlo? Para el especialista no hay medidas artificiales aún, sino naturales y que sin dudas todos conocemos: una vida sana, lo que implica no fumar, tener una buena alimentación y actividad física continua, entre otros aspectos.

La fluoresceína como una  posible herramienta terapéutica

"La fluoresceína es un pigmento orgánico sintetizado a fines del siglo XIX que tiene la capacidad de adherirse molecularmente a la superficie de las células enfermas evadiendo las células sanas. Esto se produce debido a que las células neoplásicas tienen en su superficie más receptores a la vitamina ácido fólico que las células sanas (receptor folato alfa). De esta manera, la fluoresceína se adapta perfectamente a dicho receptor. El fluorescente, administrado por vía oral o endovenosa, "tiñe' al tumor y no al tejido sano que lo rodea, siendo usado actualmente en cirugías de resección tumoral en cáncer de ovario, de mama, de pulmón páncreas, cerebro y útero entre otros".

Actualmente, oftalmólogos y patólogos emplean a la fluoresceína como un método diagnóstico para identificar tejidos enfermos y lesiones denominándose a dicha técnica como "Inmunofluorescencia Diagnóstica".

Se encuentra en la lista de fármacos esenciales de la Organización Mundial de la Salud y en nuestro país, además, está autorizada por Anmat (Administración Nacional de Medicamentos Alimentos y Tecnología Médica).

Sobre las posibilidades actuales de terapias exitosas contra esta enfermedad, Ovejero Solá recurrió a las palabras del científico norteamericano Jesse Greenstein: "El problema del cáncer no es tarea sencilla, pero se encontrará la solución". Y en ese sentido remarcó que "el camino para hallar su solución es la sumatoria de imaginación, honradez y un esfuerzo sostenido para seguir investigando hasta encontrar caminos alternativos que logren combatir finalmente las enfermedades oncológicas".

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