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Maduro está preso; ahora ¿cómo sigue la historia?

Lunes, 05 de enero de 2026 01:21
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La detención de Nicolás Maduro puede ser una de las grandes noticias del año que se inicia. Pero lo que suceda después tendrá un impacto mucho mayor, para bien o para mal.

Existen muchas razones para que el exdictador venezolano vaya preso. Las más graves, la violación sistemática de los derechos humanos y la violencia sembrada en el país desde el poder que provocó la migración de un tercio de la ciudadanía. Gracias al chavismo, la autodeterminación de los pueblos es un eufemismo para los venezolanos.

De todos modos, una operación militar como la realizada, que se cobró un número no especificado de vidas humanas, no contó con la aprobación del Congreso ni con la anuencia de la ONU. Fue un acto de poder fáctico del presidente Donald Trump.

El mandatario y todo su gobierno no tienen entre sus valores la colaboración con los organismos internacionales, la democracia, ni la calidad de vida de los pueblos. Lo dijo el secretario de Estado Marco Rubio: ellos solo defienden los intereses y la seguridad de su país. Por eso, no sorprende que Donald Trump haya soslayado el hecho de que el presidente electo de Venezuela es Edmundo González y que la principal líder de la oposición a Maduro es María Corina Machado, proscripta arbitrariamente y obligada a pasar a la clandestinidad dentro de su país.

Lo que resulta sorprendente y sospechoso es que prometa la cooperación para desmontar al chavismo de la vicepresidenta Delcy Rodríguez, y mantenga en el poder a Diosdado Cabello y a Vladimir Padrino López, dos figuras con dominio sobre las fuerzas armadas regulares e irregulares y con manejo de los resortes esenciales de gobierno.

Trump dijo que él va a manejar la transición hacia un nuevo gobierno. No habló de democracia ni de depuración institucional, sino de producción petrolera.

En este punto, es razonable que no quiera exponer a María Corina y una tormenta social muy difícil de manejar. En Venezuela viven personas que aún creen en el chavismo y una mayoría arrinconada por la violencia vivida durante 27 años. Y hay alrededor de ocho millones de emigrados que, si quieren volver, deberán esperar que el país se reordene.

Probablemente, resultará fácil recuperar la producción petrolera restableciendo las adjudicaciones otorgadas a empresas norteamericanas que Hugo Chávez anuló sin ninguna indemnización por las inversiones realizadas. Pero depurar la Justicia militante, regularizar la vida parlamentaria, y recuperar los territorios de la cuenca del Orinoco manejados por organizaciones armadas va a ser una tarea extraordinaria. Y Donald Trump, ni tampoco Marcos Rubio, parecen demasiado preocupados por ese tópico. La prioridad la tiene el proyecto de America First.

Trump ha resuelto dejar a Europa librada a su suerte, al menos, hasta que lo acepte a él como jefe. Ya amenazó con "domesticar" al gobierno iraní, amenazando con intervenir militarmente contra la represión de protestas en ese país, y bombardeó a la organización terrorista Estado Islámico en Argelia.

Y ahora quiere controlar al hemisferio occidental, es decir, a América, desde Tierra del Fuego hasta Alaska y Groenlandia.

Las primeras señales de ese liderazgo son preocupantes. Incluso, la compulsión obsesiva de expulsar inmigrantes podría transformar a Estados Unidos y a todo el continente en un territorio de violencia xenófoba y discriminaciones contrarias a las mejores tradiciones y a la propia historia.

Por lo visto hasta ahora, la detención de Maduro rompió décadas de inercia frente a los abusos chavistas, pero la solución, fáctica y contraria a los tratados internacionales, no garantiza el final de esos abusos.

Y crea un antecedente poco claro para un pretendido liderazgo que Estados Unidos aspira a ejercer en la región. Un estilo imperial y el tradicional método de "palo y zanahoria" sería inviable, incluso con sus aliados.

Y la democracia y la paz social…. Veremos.

 

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