El miedo a la prensa

En noviembre de 1868, en una carta al empresario José Buschental, Justo José de Urquiza le confiaba que: "La prensa de esta Provincia ha sido siempre insubordinada. Tengo influencia verdaderamente en la Provincia... pero por mucha que ella sea no sería de ninguna manera eficaz empleada al intento de tapar la boca a la plaga de escritores que padece el país". La cita es de la historiadora Mariana Alicia Pérez, del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani".

Urquiza fue un gobernante autocrático, un "hombre fuerte" y su figura es controvertida. Fue el vencedor de Juan Manuel de Rosas, a pesar de su posición federal, y una figura que influyó en la orientación de la organización nacional, donde el espíritu federal no logró acotar suficientemente la hegemonía porteña. Pero esa advertencia, pronunciada hace 150 años, es muy valiosa para este tiempo. A regañadientes, en algunos casos, y por lucidez ideológica, en otros, en una época violenta, cuando el futuro era incierto y ni la identidad ni la institucionalidad de la Nación estaban consolidadas, los líderes comenzaron a valorar la información como componente esencial del progreso y la democracia. Entre las desavenencias de Urquiza con la prensa se cuenta la denuncia de un hijo suyo contra un medio, que supuestamente lo había injuriado y calumniado. La causa no prosperó en la Justicia. "La acusación la presentaron Waldino Urquiza (hijo del gobernador) y Mariano Martínez (jefe político de Concordia) contra La Democracia por haberlos calumniado en artículos en los que el periódico afirmaba que esos habían encabezado "mazhorcadas" en Concordia contra el gobierno nacional. Aparentemente, La Democracia no fue condenada debido a que los hechos denunciados -si bien habían sido presentados de manera exagerada- eran ciertos", añade la historiadora Mariana Pérez.

Nada de censura previa, nada de responsabilizar a los medios por los problemas de la provincia. Y, mucho menos, nada de pretender manejar el pensamiento de la gente, como lo plantean hoy movimientos autoritarios y retrógrados que tienen poder y presencia, en Argentina y en todo el continente americano.

La historia, cuando es historia y no novela, es maestra de vida. En el libro El sistema federal argentino (Edhasa), editado por las investigadoras Paula Alonso y Beatriz Bragoni, se puede leer completa una carta de Urquiza al abogado y legislador de su provincia, Antonio Zarco, donde el caudillo fundamenta cuidadosamente su valoración de la libertad de prensa.

Zarco le había hecho llegar un pedido del coronel Lucio V. Mansilla para que Urquiza le retirara un subsidio que su gobierno le brindaba al diario cordobés Progreso, por sus críticas al presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Urquiza le responde a Zarco que "la carta está en oposición al carácter liberal que ese joven blasona y que he creído descubrir en él otras veces". Mansilla, autor de "Una excursión a los indios ranqueles" era, efectivamente un aristócrata capaz de hablar con los caciques con un respeto y comprensión inusuales en esa época. "Un diario de oposición no debe preocupar a ningún gobierno que marche por la senda del bien", añade Urquiza.

Las amenazas contra el periodismo pronunciadas por personajes bizarros como Daddy Brieva y Mempo Giardinelli invitan a repasar estas reflexiones de Urquiza, que son básicas para la democracia.

Lo mismo, la situación que atraviesa el periodista Daniel Santoro, imputado en una causa montada a partir de la denuncia de un empresario vinculado al kirchnerismo, Pedro Etchevest, que dice haberle pagado cien mil dólares al falso abogado Marcelo D'Alessio para evitar ser procesado en la causa de los cuadernos. El caso, hasta ahora, y a partir de la información de que dispone el público, es una advertencia a la prensa: la denuncia fue hecha en un juzgado ajeno a la jurisdicción correspondiente, con un juez de Justicia Legítima que de inmediato fue a buscar apoyo en el bloque kirchnerista de la Cámara de Diputados de la Nación y que involucra a Santoro, simplemente, por haber utilizado como fuente a D'Alessio. La imputación, cuestionada por Adepa y por el periodismo independiente, parece desnudar el temor visceral a la libertad de prensa.

 

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