“Hay gobernadores que prefieren que no  llegue inversión privada a su provincia”

El desequilibrio en los niveles de desarrollo de las provincias argentinas es evidente. Pero entre las causas, y también entre las consecuencias de ese desequilibrio hay que indagar en el déficit democrático de muchos distritos. El doctor en Ciencia Política y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, Carlos Gervasoni, acaba de publicar el libro Hybrid Regimes within Democracies. Fiscal Federalism and Subnational Rentier States (Regímenes híbridos dentro de las democracias. Federalismo fiscal y estados subnacionales rentísticos), editado por la Cambridge University Press.
En una entrevista con El Tribuno, Gervasoni señala que la renta fiscal que perciben muchas provincias permite a los gobernadores designar más empleados del Estado de los que necesita y aumentar un electorado cautivo. Por una parte, las empresas privadas, generadoras de empleo productivo, no se sienten cómodas compitiendo con el Estado; por otra, los gobernadores prefieren un escenario más dócil. 
“Hay regímenes que buscan alterar las normas electorales en su favor para asegurarse una hegemonía”, sostiene y menciona los ejemplos de Formosa, Santa Cruz, San Luis, Santiago del Estero y La Rioja. “Nunca ningún oficialismo perdió la elección en Santiago del Estero”, asegura.
“La democracia no depende de la riqueza del país o de la provincia, sino de cómo se financia: si se trata de un Estado rentístico o una economía productiva”, opina Gervasoni.

¿Cómo funciona el sistema democrático y de representación republicana en nuestras provincias?
La pregunta inicial sería por qué hay provincias argentinas más democráticas que otras. Ese fue el detonador de una investigación académica que nos llevó varios años. Es clara la contraposición entre Mendoza, donde se vota con normalidad, hay libertad de prensa absoluta y se mantiene la rotación en el poder... y hay división de poderes, con otras provincias. 
Los casos contrarios son San Luis, Formosa o Santiago del Estero, donde existen grupos hegemónicos que se mantienen en el poder durante muchos años.

¿Cómo describiría estos casos?
El patrón común es la concentración de poder en alto grado, mayorías electorales apabullantes y una división de poderes formal, pero endeble.

¿El problema es de raíz institucional, o tiene que ver con el desarrollo?
El desarrollo es la primera causa que se nos viene a la mente. Pero nuestra investigación nos llevó a prestar atención a otra cuestión, la “renta del federalismo fiscal”, que nos decidió a tomar como tesis que para un gobernador es mucho más fácil concentrar poder y establecer un régimen menos democrático cuando dispone de mucho dinero que le llega por coparticipación, es decir, cuando no necesita cobrar más impuestos a sus votantes. En Ciencia Política se presta mucha atención a países sostenidos exclusivamente con la renta petrolera, como Arabia Saudita, son mucho menos democráticos que otros, con ingresos del mismo nivel, pero de otro origen.

¿Es como tirar manteca al techo?
De alguna manera... Cuando un gobierno tiene una posición financiera tan fuerte, sin necesidad de cobrar impuestos, le resulta fácil generar una economía rentística donde nadie quiera ser opositor al gobierno. De democracia, poco y nada. A partir de ese modelo rentístico de los países petroleros, pasamos a investigar la situación de provincias con renta de origen fiscal. 
Hay provincias que en concepto de coparticipación y otros regímenes perciben altos ingresos por habitante Santa Cruz, La Rioja, La Pampa, San Luis, Formosa, Catamarca, y sin ser petroleras, tienen subsidios federales que las hacen funcionar como tales. El gobierno de Gildo Insfran, de cada 100 pesos que gasta, 95 corresponden a ingresos por transferencia del gobierno nacional. Santa Cruz, cuenta con ingresos de regalías y coparticipación que le permiten pagar sueldos altos y ser poco democrática.

¿Es la causa decisiva?
Es una causa importante, al menos, porque la realidad es que en estas provincias hay gobernadores que gozan de una situación fiscal privilegiada y les resulta más fácil hacer que la gente viva del Estado y los vote. Es una economía de dependencia estatal donde hay muy poca gente dispuesta a enfrentarse con el gobierno provincial. En provincias muy pobres, con salarios muy bajos, como Formosa, es determinante.

En el norte argentino hay ciertos patrones de funcionamiento. Los intendentes en Salta se quejan porque su función “se limita a pagar sueldos”, el trabajo en el Estado transmite tranquilidad a la gente...
 El 61% del empleo formal en Formosa es empleo publico. Todas las provincias han aumentado el empleo público y si no todas son como Formosa, en muchos casos es porque tienen una renta fiscal per capita inferior.

¿Usted cree que se genera empleo público porque no hay empleo privado?
Marcelo Capello, un economista cordobés del IERAL, sostiene lo contrario. Los gobernadores aprovechan los subsidios para generar empleo público y esa asignación deja poco espacio para las empresas privadas, ya que no les conviene instalarse en provincias donde deben competir con el Estado por el empleo. 
Creo que hay gobernadores que no están interesados en que llegue la inversión privada a sus provincias. Si no, ¿cómo se explica que Mendoza, desértica y con menos recursos productivos tenga tanto empleo privado, y un estado relativamente pequeño, mientras que en las provincias del norte, con condiciones más que suficientes para la actividad agro ganadera y con buenas comunicaciones con los países vecinos, el empleo privado no se desarrolla? Uno podría caer en una interpretación determinista: Formosa, una provincia pobre, con una población indígena y agraria al margen del sistema educativo, es difícil que se desarrolle, y la otra visión es la de Capello: cuando se subsidia el empleo público, en gran parte no productivo, la actividad privada no se desarrolla. Así, el dinero parece favorecer más a la continuidad de la elite política que al desarrollo de la provincia.

Un fenómeno importante es la sobrerrepresentación de los oficialismos en las cámaras legislativas.
En las provincias se observa que los oficialismos, que ganan con una primera minoría ajustada en los votos, terminan manejando mayorías apabullantes en los recintos. Eso tiene que ver, directamente con la normativa electoral. Es habitual que se otorgue sobrerrepresentación a los distritos más chicos y pobres en relación con los de las capitales o las ciudades grandes. La razón formal es tratar de beneficiar a los pueblos más vulnerables, pero lo cierto es que, también está comprobado, en las capitales pesa más el voto opositor, justamente, por la mayor independencia del votante. Salta, en particular, se encuentra en una situación intermedia, ya que tiene producción privada, agro, industria vitivinícola, turismo y minoría, y políticamente ha sido mucho menos hegemónica. 
El peronismo ha perdido elecciones, los distintos sectores se han ido alternando. Hay un nivel de competencia política más parecida de lo que uno espera de la democracia. San Luis, La Rioja y Formosa no han tenido alternancia desde 1983.

¿Cree que el escenario del norte argentino podría mejorar con una reactivación productiva orientada a los mercados de países desarrollados? ¿O será imposible con el sistema rentístico fiscal?
Creo que si Salta mejora su infraestructura, es muy posible. Por supuesto, en todos los casos hace falta evaluar en qué se gasta el dinero público. Los gobernadores tienden usar el dinero para crear puesto público. Pero si se pudiera aplicar al desarrollo de rutas, transportes, infraestructura y formación universitaria, probablemente se alentaría el arribo de empresas privadas, productivas, con una población cada vez mayor que no depende del Estado. Y se generarían condiciones mejores para una democracia. El desarrollo privado robusto y competitivo es la clave de una democracia moderna. Arabia Saudita, Qatar y Kuwait son ricos y sin democracia; en Santa Cruz, pasa lo mismo. Cuando la gente no genera su ingreso sin depender del Estado tiende a hacerse oficialista. Esto es lo que llamamos “cancha inclinada”: gana el oficialismo. Hay elecciones, pero en los hechos, hay una hegemonía que gobierna.
 

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