Les aplicaron sin piedad la “ley del burro”

El refrán popular “ojo por ojo y diente por diente” es la expresión más conocida de la ley del Talión. Alude a un principio de justicia retributiva de la antigüedad, en la que la norma que se aplicaba era equitativa y recíproca con el crimen cometido. 

Lo que se puede interpretar de la famosa frase es la búsqueda de una proporcionalidad entre la acción realizada y la respuesta al daño recibido. El refrán aparece en diversos pasajes bíblicos con la misma intención de la definición antes señalada. Estas leyes cambiaron con la llegada de Jesús. En el libro de Mateo 5:38-48, el Señor enseña: “Habéis oído que se dijo ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: no resistáis al que es malo; antes bien, a cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.

Sin embargo, actualmente, hay estados que en sus legislaciones incluyen esta forma de hacer justicia, especialmente en países islámicos. En contra de la creencia popular, hay quienes sostienen que la ley del Talión no es un sistema salvaje, sino un principio que hasta la fecha se aplica, más allá de que no forma parte del ordenamiento jurídico. 

Si bien los tiempos han cambiado y lo que hoy se impone son penas justas y medidas, de acuerdo al delito cometido, aquella cruel ley se mantiene en vigencia de manera encubierta. En la mayoría de los casos se la aplica para dar un escarmiento a los abusadores sexuales, particularmente contra aquellos que ultrajan a menores. Los ámbitos de aplicación son las dependencias policiales y las unidades penitenciarias, donde los propios presos se convierten en “fiscales”, “jueces” y ejecutores del castigo. En la jerga presidiaria a este proceder se lo conoce como “ley de la cárcel” o “ley del burro”.

Sobre el particular existe una velada sospecha de que estos hechos se consuman porque los custodios hacen “la vista gorda”.

Uno de los casos más resonantes salió a la luz en agosto de 2018 en la comisaría de Embarcación. con dos imputados de abuso sexual. Los alojaron en una celda donde había 9 acusados por otros delitos. Cuando estos supieron que los recién llegados habían agredido sexualmente a dos niñas decidieron aplicarles todo el rigor de la ley carcelaria. Durante dos meses los violaron en forma reiterada. Para que no los delataran los mantenían amenazados de muerte. El líder del grupo estableció un estricto sistema de control que consistía en una marca personal, cual si fueran los goleadores del equipo contrario. 

Al momento de relatar el drama que vivieron, los denunciantes dejaron entrever que los carceleros estaban al tanto de lo que estaban sufriendo. Como prueba de ello señalaron que los metieron exprofeso en “la jaula de los lobos”. El calvario para los dos hombres terminó el día que los cabecillas de los ultrajes fueron trasladados a otros presidios. Cuando el caso llegó a juicio, en abril pasado, la jueza Sandra Sánchez, del distrito judicial Tartagal, condenó a los principales implicados a penas de entre 8 y 9 años de prisión por el delito de “abuso sexual con acceso carnal, agravado por el número de participantes”. Solo dos quedaron absueltos.

El año pasado, también en el norte salteño, otro preso fue pasado por las “armas” en una celda policial. Ocurrió en la comisaría 20 de la ciudad de Orán. Lo mismo que en el caso de Embarcación, cuando los seis internos tomaron conocimiento de que el detenido había violado a una menor le aplicaron sin piedad, durante un mes, la ley del Talión. 

En los próximos meses se realizará el juicio requerido por el juez de Garantías Nº 1 de Orán, Francisco José Oyarzú. Todo indica que con las pruebas recolectadas por el fiscal de la causa los violadores afrontarán el proceso con la “suerte echada”

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