Hasta el último domingo de septiembre el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) exhibe la muestra de Guadalupe Miles. Al rededor de 30 fotos resumen un trabajo de 20 años en los que la artista convivió con las comunidades del Chaco salteño y gracias a la afectuosa relación que entabló con Tiluk -quien fuera líder y chamán de la colectividad wichi-, pudo colarse, empezar a formar parte de ellos y retratar la experiencia de su búsqueda de conocimiento. 
No es casual que el nombre de la muestra sea Tiluk, en homenaje a ese hombre que “ya no está acá o está de otra manera”, con quien la unía un imán y que fue para Guadalupe una relación fundante en su vida. 
“El relato de esta muestra tiene que ver con esa experiencia de vida, yo creo que con Tiluk, algo vimos el uno en el otro... él era más grande, era un chamán, creo que -como dijo Lucho, el hijo de Tiluk- ‘es como si nos hubiéramos visto las almas’, por decirlo de alguna manera”, describió la fotógrafa a El Tribuno. 
La artista nació en Buenos Aires pero se siente un poco salteña, tal vez por su ascendencia, sus períodos de residencia en la provincia o por la movilización que sintió “no muy concientemente”, cuando le encargaron un trabajo en la zona del Chaco salteño y empezó a volver por su cuenta. “Ahí entré en todo un proceso en el que tomé la decisión de volver a vivir acá”, definió. 
La muestra, que se puede visitar en Zuviría 90, fue parte de la Bienal de Arte Internacional de Curitiba en el 2018, oportunidad en la que el MAC fue invitado a participar y escogió el trabajo de Miles ya que cumplía con las condiciones curatoriales de la convocatoria artística. 
“El curador era Ticio Escobar y buscaban obras en las que el trabajo fuera más allá de la foto. Y el mío es un trabajo de vida, que ha tenido otro tipo de implicaciones, porque también con la comunidad trabajamos en proyectos que tienen que ver con la educación, con la cultura, con el sostener muchas cosas allá”, indicó Miles.

Conciencia ambiental

Conmovida por la emergencia suscitada a raíz de los incendios en la Amazonía brasileña, la fotógrafa destacó que “esta muestra tiene mucho sentido, porque con lo que está pasando en el planeta decidí incluir una parte que es la más virgen de Salta, como la selva del Baritú, y también fotos de la selva de Brasil”.
“Debería haber un diálogo mucho más abierto y fluido con los integrantes de las comunidades que habitan esas zonas, escuchándolos, porque ellos saben cómo mantener el equilibrio con la naturaleza. Hay que despertar ya, ahora mismo para hacer algo”, alertó la artista. 
Esa mirada sensible y comprometida se percibe también cuando Guadalupe asegura que “las imágenes ya no son solo mías... son nuestras. Es un trabajo que está hecho en una especie de construcción de algo mayor, que tiene que ver con subjetividades de seres humanos, con toda sus cosas... de eso se trata, hay una construcción conjunta muy bella y muy valiente, que es lo que sentí a través de los años”. 

Un proyecto sin fin

Guadalupe fue bautizada por la comunidad con el nombre Nopeyiakwo, “la dueña de la sombra”, que es una manera de decir fotógrafa. “Así nombran la fotografía, como sombra, que en verdad tiene que ver con lo mismo que describe en su libro de semiótica y semiología Roland Barthes, en el que él hace un desglose de cuál es la característica de la fotografía refiriendo a que tiene que ver con la huella, con el decir: ‘Algo estuvo allí’”, explicó. 
La “dueña de la sombra” tiene ahí su casa, los miembros de la comunidad son su familia y ella siente que su paso por la comunidad del Chacho salteño “ya está”, pero no de una manera terminante, sino de una forma de presente, actual, constante, permanente.

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