El tesoro de  Ablomé en Coronel Moldes sigue amenazado

En medio de la exuberante vegetación surgen montañas de rocas y escarpados senderos en medios del monte. En esa zona del sureste del dique Cabra Corral entre el año 950 y 1350 d.C. los antiguos originarios (período Santamaría tardío), llamados guachipas, describieron de diferentes facetas su manera de vivir en los muros de las enormes rocas que forman un laberinto interminable hacia el pasado.

  Ablomé fue relevado por investigadores hace unos seis años, quienes quedaron impactados. 

Son alrededor de 35 hectáreas relevadas por dos antropólogas durante una expedición de seis días en medio de este pedazo de tierra llamada Ablomé. Llamativamente no está protegido por el estado y solo los anhelos de declararlo reserva natural es el presente de este pedazo de geografía hallada por arriba de la cota 1.200 metros del embalse de agua.

"La primera pintura que hallé en Ablomé fue hace 43 años, en un lugar muy escondido de la bahía, nunca pensé que existieran 650 de este tipo de arte rupestre", cuenta Raúl Mahr, quien insiste en seguir buscando expertos para desempolvar el misterio de estas tierras.

Ni siquiera el norteamericano Doug Casey, dueño también de una firma internacional de maquinaria agrícola, y propietario de alrededor de 5 mil hectáreas de Ablomé, pudo progresar en preservar el sitio.

Pero Mahr no ha dejado de lado su porfía de seguir luchando para que Salta tenga un área protegida como reserva educativa natural. Es que Ablomé es un yacimiento arqueológico rico en pinturas rupestres, y también en flora y fauna.

Hace unos años, Mahr consiguió con el concurso de Mercedes Podesta y Maria Pía Falchi, dos reconocidas investigadoras del Instituto Nacional de Antropologia y Pensamiento Latinoamericano, estudiar a fondo los laberintos rocosos de Ablomé.

   Una de las pinturas rupestres de Ablomé, que grafica el sacrificio humano.

En el documento, al cual tuvo acceso El Tribuno, la investigación de las antropólogas da cuenta de 650 pinturas rupestres en once sitios arqueológicos localizados en la microrregión denominada Quebrada de Ablomé. El inventario contabiliza motivos entre los que se destacan las representaciones de camélidos, escutiformes, figuras humanas y cabezas trofeo, además de otras especies de animales en menor cantidad. La figura humana adquiere una gran variedad y sobresale por sus atavíos y el uso de plumas.

Pero se detectaron varios acontecimientos que hacen suponer de la agitada vida de los pobladores de Ablomé. "Las antropólogas detectaron una escena interpretada en una de las pintura relacionada con un sacrificio humano, con la intervención de una gran serpiente" cuenta Mahr.

Este tipo es una evidencia arqueológica, relacionada con los aspectos del mundo simbólico durante el período de desarrollos regionales entre el 900 al 1.450 d.C., lapso temporal al que se asignan tentativamente las pinturas rupestres.

En la escena del sacrificio humano, la figura humana tiene cerca de su boca una serpiente, y otras tres personas, dos que apuntan a la víbora, y la otra al que está cerca de la boca del ofidio.

La escena se refiere al sacrificio por mordedura mortal de quién está sentado cerca de la serpiente. Esta escena tiene 1,30 metro de longitud y está muy bien conservada.

La espera por la declaración

Todavía no hay respuestas de los organismos gubernamentales sobre la declaración de reserva protegida el área de Ablomé. Lamentablemente, ante la insistencia de Raúl Mahr surgen algunas declaraciones a favor y nada más. Sin embargo, el deterioro y la intromisión de particulares a destruir las pinturas rupestres se da a diario. Esta zona pertenece a la Municipalidad de Coronel Moldes y nunca hubo un trabajo de preservación de esta zona de perilago del dique Cabra Corral.

 

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