A las 5.50 falleció a los 80 años de edad Germán Lozano, el emblemático referentes de los derechos humanos de Salta.
Era tarijeño y comunista, y vino exiliado de la dictadura boliviana promediando la década del 60.
Cuando llegó a Salta entró en Agua y Energía y rápidamente se encolumnó en el sindicato de Luz y Fuerza. 
Dentro de la Tendencia, apoyó a Miguel Ragone, por lo que luego padeció en carne propia el denominado terrorismo de Estado antes y luego del golpe del 24 de marzo de 1976. 
Durante la última dictadura, y aunque suene extraño, tuvo que volver a exiliarse en su propio país.
Como una idea tácita de Ernesto Guevara, este militante comunista practicó la premisa de “ser duro, pero sin dejar de lado la ternura”. 
Participó activamente en las actividades de las organizaciones de DDHH y en los 11 juicios por crímenes de lesa humanidad que se desarrollaron en la provincia de Salta.
Se fue llorando de impotencia porque ya no podría realizar la comprometida tarea de un revolucionario. Hasta sus últimos días estuvo trabajando con los perseguidos políticos y refugiados bolivianos.
“Es el mejor ejemplo de lo que tiene que ser un militante”, dijo alguna vez una de sus “compas” más queridas haciendo referencia a su compromiso por la lucha contra las injusticias y su enorme afecto hacia los demás. Hasta el último día estuvo pensando en la construcción de un mundo más justo.
Su familia, la militancia, las organizaciones y los sindicatos de Salta no deberán estar triste y se convoca a concentrar a partir de las 11, en la sala velatoria de Pieve, San Luis 545, para despedir al viejo camarada como él siempre quiso: con las banderas, los bombos y las pecheras en las calles.

 

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