Chaco, yungas y agua

Las especies de abolengo tropical que habitan el límite sur de su distribución geográfica han debido adaptarse a un clima esencialmente cambiante, tanto en relación a las precipitaciones como a las temperaturas. Entre años y en ciclos de varios años, han soportado períodos secos a muy secos y años donde las temperaturas han sido muy frías por debajo de 0§C. Esto ha sido particularmente notable tanto en el Gran Chaco como en las Yungas australes. En un estudio histórico (entre 1580 y 1900) realizado en relación al Chaco semiárido y sobre información documentada en Santiago del Estero, la ciudad más antigua del noroeste argentino y que cuenta con un importante registro de actividades productivas y de eventos catastróficos como sequías e inundaciones, se pudo datar los períodos donde la población pasó por importantes situaciones de merma y disponibilidad de granos y otros cultivos para alimentar la población y sus animales. Asimismo, se vivieron importantes eventos de inundación y cambios de cauce del río Dulce por ejemplo. Esta recurrencia de períodos críticos, que no guardan una periodicidad evidente, han estado intercalados con períodos de medianas a intensas precipitaciones, tanto en las cabeceras hídricas en las Yungas tucumanas como en la propia región chaqueña. Los períodos de sequía han implicado períodos que van desde unos pocos años seguidos, hasta 30 años contiguos, aunque en algunos casos ocurrieron algunos años menos desafortunados en el medio.

Lo mismo ocurrió en las Yungas australes, donde se constató la ocurrencia e intercalado de períodos secos y húmedos durante los últimos 300 años. Los estudios en Yungas han determinado además que las últimas décadas a partir del 40 - 50 han sido particularmente húmedas, por lo que se puede inferir que las actuales sequías en parte son un reflejo débil de lo que ocurrió en ciertos períodos prolongados. Adicionalmente, muchas veces estos períodos secos se anteceden de épocas de heladas intensas, y ambos procesos, sequía y heladas, suelen desencadenar importantes incendios de pastizales y forestales en estas regiones, que si bien pueden estimular el rebrote de pasturas para los herbívoros, también es una amenaza directa para los mamíferos reduciendo circunstancialmente la superficie de hábitat útil. Esta situación que genera dificultades enormes en la economía agropecuaria regional, tanto histórica como actual, también tiene que tener un efecto muy importante sobre la fauna silvestre. En ese sentido, y con la fragmentación de los ecosistemas silvestres por tierras transformadas y con el desarrollo de infraestructura vial, el desplazamiento de la fauna por grandes distancias debe ser extremadamente complicado. De tal modo, y como se está registrando cada vez con más intensidad, la fauna silvestre "aprovecha" la infraestructura rural (tajamares, bebederos en Chaco; canales de riego en Yungas) como circunstanciales (y quizás no tan circunstanciales) lugares de abrevadero de vital importancia en momentos críticos. Por otra parte, varias de las áreas protegidas de la región chaqueña no presentan áreas de agua permanente, sobre todo en períodos donde la sequía es intensa y se prolonga por varios años, lo que también agrava la situación para la biodiversidad regional. La construcción de aguadas artificiales que acumulan agua durante las lluvias estivales y los bebederos alimentados con agua subterránea, pueden ser fuentes alternativas de gran importancia y una contribución del sistema productivo a mantener poblaciones que muy posiblemente en estos períodos críticos pueden verse considerablemente disminuidas.

 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...