“Escribí obras que están en el alma, el corazón y la cabeza de la gente”

¿Qué queda del nene que cantaba tangos sentadito en la vereda?

Ya casi nada. La canción “El umbral”: “Él estaba sentadito en la vereda pensando en ella, hasta el día que ella se casó y él la vio pasar...”. Muy melancólica. La letra me la trajo una letrista que se llamaba Mandy, muy amiga y muy talentosa.

¿Tus padres querían que fueras contador?

Sí, sobre todo mi papá, y a los 13 años ya estaba de gira. Mi primer gran viaje lo hice de la ciudad de Deán Funes, donde vivíamos, hasta Recreo, Catamarca. Fue en un tren desvencijado, con una sola clase, de madera. No tenía baño y me fui hasta Recreo. Un lindo recuerdo. Mi papá dijo: “No me interesa si gana mucho o poco. Me interesa que lo cuiden porque es un nene”. Y los tipos le dijeron: “Quédese tranquilo, don Alberto”.

Me imagino los pensamientos de ese adolescente en el viaje en tren desde Córdoba a Catamarca, donde iba a iniciar este recorrido.

Sorprendiéndome a cada minuto; una cosa increíble. Me pasaron tantas cosas. Estos muchachos que fueron conmigo tiraban la manga, tocaban una canción, y la gente en el tren les daba propina. Cuando llegamos al hotel hicieron un pequeño show a las dos de la tarde, me pidieron que armara la batería y toqué con ellos. Yo no tenía interés en la plata, pero la gente me dejaba un pesito arriba del bombo y me decía: “¿Sabés por qué te dejo esto? Porque sos parecido a mi hijo”.

De la época del Club del Clan, ¿qué recuerda?

Los mejores recuerdos. Tengo la suerte de contar con casi todos los que quedamos: Palito Ortega, Johnny Tedesco, Lalo Fransen, Raúl Lavié. Con Raúl nos llamamos bastante seguido. Se nos fue Violetita, Violeta (Rivas)... Un programa que llegó a tener como 50 puntos de rating. Los sábados a la tarde era una obligación para la juventud.

Ahí lo bautizaron Chico...

El productor del programa. Como estaba siempre con un amigo que medía dos metros, y no nos despegábamos, él nos bautizó: “Vos vas a ser Largo Novarro y vos, Chico Novarro”, por dos hermanas que eran un éxito en Venezuela que se llamaban “Las hermanas Navarro”.

¿Cuántos temas escritos a lo largo de toda la carrera?

Deben ser unos 700... 670 seguro. Escribí muchas cosas también que no las escribiría de nuevo, que prefiero olvidar.

¿Qué tipo de cosas?

Cositas que me pedían de la editorial Korn, que era famosa. No solamente tenía música; tenía revistas y me encargaban: “Mire, hay unos guatemaltecos que están buscando... Usted debe tener una canción para ellos”. Así, me hice un nombrecito en Latinoamérica.

Pero, ¿por qué las sacaría de la escena?

Porque no representan nada. Tengo la suerte de haber hecho otras canciones que están en el alma, el corazón y la cabeza de la gente.

Pienso en “Carta de un león a otro”, que en un momento, para todos fue un himno de la libertad.

Me incorporó al acervo popular de la gente joven. Además discutían con mis hijos. A Marcela y Pablo, mis hijos mayores, les decían: “¿Pero tu viejo hizo esa canción?”. “Es de mi viejo”. “Es increíble. ¿Cómo hizo esa canción?”. Se me ocurrió de tanto ver al león con mis hijos: un ser triste, con toda esa fuerza. Además, la canción hablaba de la libertad en momentos muy duros de la Argentina. La tuve en un cajón hasta que un día un gran amigo, Hugo Sofovich, sabía de esa canción y me dijo: “Tenés que grabarla”. Pero la primera que la grabó fue María Elena Walsh. Eramos amigos, la fui a ver a la calle Laprida, y le dije: “María Elena, quiero que escuches este tema”, y se quedó conmovida. Me dijo: “Mirá que yo no grabo nada de nadie, pero esta la voy a grabar”. Todo un lauro.

¿Cómo fue escribirla?

Iba mucho al zoológico porque vivía cerca y a los chicos les gustaba. Me llamó la atención ese estado del león, patético y al mismo tiempo deprimido, aburrido. Lejos de su hábitat natural, debe haber estado pensando qué hacía ahí. Eso se me ocurrió. Después viene la comunicación con un hermano que está viajando en un circo y él cree que es muy feliz. Ahí viene toda la historia de la canción.

Si tuviera que elegir una canción que le cambió el rumbo, la historia de Chico Novarro, ¿cuál es?

No sé si cambió la historia, pero fue muy importante y sigue siéndolo: “Algo contigo”. Significó mucho en mi vida y me sorprende todos los días porque, desde la grabación de Vicentico, en tiempos de rumba, apareció Rosario Flores. Ahora estoy gratamente sorprendido con “Amnesia”, una canción que la compuse con Dino Ramos, un tipo con ideas brillantes.

Cuantas parejas han iniciado con “Algo contigo”.

Y cuantas parejas se han peleado (risas). Yo había ido a ver un espectáculo. Ahí había una actriz que cantaba, y la saludé y ella me saludó. La chica que estaba conmigo, cuando nos íbamos me dice: “Esa chica tiene algo con vos”. Me gustó la frase. Le dije: “No, no tenía nada”. Pero cuando llegué a mi casa escribí las primeras cuartetas.
 

 

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