Con meses sin trabajar, pero con la esperanza de que todo mejore

La historia de Claudia Alejandra Cañavate puede ser el reflejo de muchas personas, a la que la pandemia las cargó de adversidades; ya sea familiares, laborales y sociales. El coronavirus agravó todo, pero en cada rostros con barbijo sobresalen firmes miradas de esperanza, como el caso de Claudia, quien tras siete meses sin trabajo pudo abrir una pollería. 
“Recuerdo el miedo, el no poder creer la situación, uno jamás se hubiese imaginado vivir esto, y el buscar información, porque cuando uno vive día a día tiene que salir sí o sí a trabajar. Quería saber cómo cuidarme y volver a casa con mis hijos y enseguida me habitué a salir con barbijo, trabajar con barbijo”, resume Claudia los meses primeros del año, y agrega: “Era una mezcla de todo, porque quería que ellos mismos escucharan en la tele, tenía miedo, ellos tenían miedo, y sentía mucha pena por el hecho de sentir que se les cortaba la vida en la escuela, en las salidas, al estar encerrados”. 
Claudia posó para una serie de fotos las primeras semanas de la cuarentena, cuando aún se discutía si el uso del barbijo era o no conveniente. Era abril. “En plena pandemia me cambié para acá, fue en abril. Donde estaba antes no querían que viviera nadie que trabajara, así que me tuve que ir de ahí”, recuerda Claudia.
Sin trabajo
Santiago de 22 años, Antonela, de 12, e Isaías, el más chico con 7 años, viven con Claudia, su dos hijos mayores ya tienen sus propias casas. La familia de Claudia ya había tenido que mudarse en abril, y esos días tuvo que afrontar otra situación que el coronavirus también propiciaba. “Nos quedamos sin trabajo con mi hijo cuando comenzó la pandemia. La verdad es que la pasamos muy mal, buscando y, bueno, con muchísima ayuda de familiares, de amigos”.
“Hace un mes y medio que estamos con trabajo, y siempre con ayuda; por los más chicos cobro la asignación, eso también ayudó. Y alquilo con la ayuda del papá de los dos menores, nos ayudamos con él”, dice en un tono más optimista.
“Estuvimos siete meses sin trabajo y con la pollería comenzamos el 5 de noviembre gracias a la señora Mimí Gudiño, ella nos ayudó muchísimo, nos conocemos hace años, ella siempre se arrimó a nosotros a vernos, a darnos una mano”.
Fin de año
La noche de Navidad obligó a muchos a la reflexión y a la tristeza del silencio de los lugares vacíos de los que ya no están. Claudia Cañavate habló de esta Nochebuena. “La verdad es que no fue como siempre, creo que a todo el mundo le pasó. Yo perdí a mi hermano a causa de este virus, así que fue muy triste. Él era profesor universitario y se contagió. Roberto Martín Pérez era mi hermano”, cuenta con silencios en su voz, los que encontró este año a partir del dolor de la pérdida.
“Que Dios nos bendiga, que esto vaya pasando, vaya terminando sin llevarse más vidas, que la gente tome conciencia porque veo muchísima gente que cree que todo ha terminado, que ya pasó y no se cuida y no nos cuida, y al no cuidarnos a nosotros no cuidamos a nadie”, reflexiona Claudia cuando habla del futuro. 
Y también para enfrentar lo que vendrá, dice: “Tengo trabajo, los chicos están bien, el mayor siempre me ayuda, y la gente tiene que tomar conciencia para que salgamos de esto”. 
Las imágenes de lo cotidiano son un testimonio vital de hombres y mujeres en sus contextos, y aportan a la memoria colectiva si pensamos que dentro de algunas décadas conformarán el reservorio de un tiempo poblado por sus propias historias. Quizá en un futuro Claudia Cañavate pueda recordar este año con sus adversidades y en los próximos pueda torcer, como otros salteños, torcer el destino. 
 

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