El modelo educativo de Belgrano

La victoria de la batalla de Salta del 20 de febrero de 1813, tuvo como corolario la institución por parte de la Asamblea General Constituyente de un premio de 40.000 pesos para ser entregados al general Manuel Belgrano. El 31 de marzo, desde Jujuy contestaba el oficio en que se le comunicó dicha resolución. Ese dinero fue destinado por el victorioso general para “la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras las que debían estar situadas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero. Estas instituciones habrían de regirse por el “Reglamento” que el propio donante se comprometía a presentar a los cabildos.

Donación y lineamientos 

Es notable como este documento contiene todos los elementos que deben guiar a la enseñanza, el prócer ha dejado una guía clara que considera aspectos básicos como presupuesto, plan de estudios, calendario escolar, horarios, régimen de disciplina y evaluación, cobertura de cargos por concurso, administración y supervisión escolar, régimen salarial. Asimismo, no es de menor interés las líneas que dedica a la función de maestro.

Dicho reglamento consta de veintidós artículos y reflejan la bella alma de su autor. En su primer artículo señala a cada una de ellas diez mil pesos, de los cuales se debía destinar a pagar cuatrocientos pesos al maestro y cien a la provisión de papel, plumas, tinta, libros y catecismos para los niños de padres pobres que no tengan como costearlos. Otro dinero habría de emplearse en premios para estimular el progreso de los jóvenes.

En otro párrafo establece que esas escuelas debían estar bajo la protección, inspección y vigilancia de los Cabildos, en tanto que el pago del sueldo señalado para el docente, se pagaría por mitad, cada seis meses por conducto del gobernador, del alcalde de primer voto y del regidor más antiguo.

El rol docente

La cobertura del cargo de maestro se realizaba por concurso de oposición. En este punto, el Cabildo habría de convocar a los aspirantes al puesto, mediante un aviso en las ciudades vecinas. Los postulantes debían acreditar con documentos su idoneidad (títulos y antecedentes) El tiempo para la convocatoria se fijaba en veinticinco días. Los postulantes eran evaluados por el vicario eclesiástico y el procurador de la ciudad y tenía el carácter de público. El informe se remitía al Cabildo; para que este; en función de los méritos procediera a designar al maestro. 

Belgrano dispone que cada tres años se convoque a oposición, a los fines de mejorar el servicio educativo, y en caso que el maestro hubiera servido con idoneidad, en igualdad de méritos y circunstancias, debería ser mantenido en sus funciones.

El plan de estudios establece que en las escuelas se debía enseñar a leer, escribir y contar. Se incluía a la Gramática Castellana, los fundamentos de la Religión y la Doctrina Cristiana, según el catecismo de Astete, Fleuri y el compendio de Pouget, los primeros rudimentos sobre el origen de la sociedad (Historia), los derechos del hombre y sus obligaciones hacia la comunidad y el gobierno que la rige (Educación Cívica).

Evaluación

Otro aspecto en esta reglamentación es la evaluación: cada seis meses se deberían verificar los exámenes públicos ante el vicario eclesiástico y el procurador. Los alumnos sobresalientes debían tener algún premio, distinción de honor o asiento de preferencia. Fue una constante en vida de Belgrano, el énfasis en destacar el mérito en los escolares sobresalientes, como incentivo para continuar estudiando y como ejemplo para sus compañeros.

El maestro había de exigir que los alumnos se asistan correctamente aseados y sus vestuarios no debían ser lujosos, aunque los padres pudieran y quisieran costearlos.

El espíritu religioso de Belgrano queda plasmado en los artículos que dedica a la práctica de la vida cristiana de los educandos y que debía ser conducido por el maestro. Estaba reglamentado que, en los días de Precepto, asistirían todos los jóvenes a la Iglesia, presididos por su maestro, oyendo la Santa Misa. Igual disposición regía para el Domingo de Cuaresma.

Así también manda que todos los días concurran los jóvenes a Misa conducidos siempre por su maestro, al concluir las clases de la tarde, rezando las letanías de la Virgen, y teniendo por Patrona a Nuestra Señora de Mercedes. El sábado a la tarde, habían de rezar un tercio del Rosario.

El artículo 8° da cuenta del respeto que tenía el general por el decoroso trabajo de educar. Expresa: “En las funciones del patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política, y otras de celebridad, se le dará asiento al maestro en cuerpo de Cabildo, reputándole por un Padre de la Patria”.

El horario respondía a las estaciones y al clima: desde octubre a marzo era de siete de la mañana hasta las diez, y en la tarde de quince hasta las dieciocho horas. Desde abril hasta setiembre, se entraba a las ocho hasta las once y en la tarde desde las catorce hasta las diecisiete horas. Las escuelas de Belgrano eran de doble jornada y con seis horas en total. Cabe mencionar que el día sábado era día normal de clase.

Se preveía asueto general los días 31 de enero (en recuerdo de la Soberana Asamblea del Año XIII), 20 de febrero (Batalla de Salta), 25 de mayo (Revolución de Mayo) y 24 de setiembre (Batalla de Tucumán y día de la Virgen de la Merced). Previamente, el maestro debía darles “una idea interesante de los memorables sucesos que habían acaecido en esos días”, o clase alusiva. Había también asueto el 1° de enero y los jueves por la tarde.

Otro artículo establecía que la mañana de los días jueves y la tarde de los sábados se destinaban al estudio del catecismo de Astete y a explicarles la doctrina de Pouget.

Cabe considerar que el catecismo del padre Gaspar Astete (1537-1601), era un compendio simple de lo que el cristiano debe saber y cumplir para salvarse y que sirvió a la gran expansión de la contrarreforma y a la evangelización de América. El catecismo del padre Astete, es de uso fácil con un lenguaje claro y sencillo. Este catecismo alcanzó gran difusión, alcanzando a las mil ediciones y se enseñó durante siglos. Su estructura simple en base a una serie de preguntas y respuestas, permite su uso desde la facilidad de su redacción y el desarrollo de los temas.

El padre Francisco Amado Pouget (1666 - 1723), doctor en Teología por la Sorbona de París, escribió varias obras entre la que destaca “La Historia y los dogmas de la Religión, la moral cristiana, los sacramentos, las oraciones, las ceremonias y los usos de la Iglesia” además, dos catecismos para el uso de los niños. Pouget contribuyó a la conversión del fabulista francés Jean de La Fontaine.

Disciplina y comprensión

El régimen disciplinario se contempla en los artículos 15 a 17. En tiempos en que el axioma pedagógico estaba cimentado en que “la letra con sangre entra”, es novedosa la actitud de Belgrano respecto a las sanciones que se debían de aplicar ante las inconductas de los educandos. Al respecto expresa: “por ningún motivo se les expondrá a la vergüenza pública, haciendo que se pongan en cuatro pies, ni de otro cualquier modo impropio”. Surge del espíritu del reglamento que busca minimizar los castigos, y de ser necesario aplicarlos, manda que se hagan en la privacidad, y nunca de someterlos al escarnio público. 

Pero es claro que la indisciplina extrema era motivo de expulsión: “si hubiera algún joven de tan mala índole o de costumbres tan corrompidas que se manifieste incorregible, podrá ser despedido secretamente de la escuela, con acuerdo del Alcalde de primer voto, del regidor más antiguo y del vicario de la ciudad”. Ellos debían deliberar tomando en cuenta el desempeño general del alumno. Es notable como, en diversas instancias, las autoridades de la ciudad quedan implicadas y obligadas a contribuir con el proceso educativo.

Belgrano pone especial énfasis en la persona del maestro. Su ejemplo y su conducta debían inspirar a sus alumnos en actitudes de disciplina, orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a las virtudes, aprecio por las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego al interés, austeridad en el comer, vestir y otras necesidades de la vida, evitando la profusión y excesos innecesarios.

Otros aspectos en ese catálogo de contenidos actitudinales que había de lograr el maestro en los educandos, era el desarrollo de un auténtico espíritu nacional y la preferencia del bien público sobre el privado y la valoración de la calidad de Americano, que la de extranjero.

Belgrano manda que, en la puerta de la escuela habrían de colocarse las Armas de la Soberana Asamblea.

En tiempos que no existía ministerio de Educación encomendó a los Cabildos el cuidado y la puntual observancia del “Reglamento” y de todo lo relativo al buen orden y funcionamiento de las Escuelas, mandando que los regidores se turnaran por semanas para visitarlas, en una suerte de función de supervisión, y hacer notar al maestro por las faltas que se advirtieran. Estos regidores habrían de informar por escrito las observaciones de la visita efectuada y archivar dicho documento.

Cabe considerar que se reserva la facultad de designar a un sujeto para realizar una visita extraordinaria y también de realizar las mejoras que el tiempo y la experiencia indiquen para perfeccionar el reglamento.

Epílogo 

En tiempos que la expresión: “Norte Grande” no estaba en el lenguaje cotidiano, sino un territorio definido como Tucumán; en ese contexto; la educación era “esencial”. Con esta idea, la región habría de construirse desde la formación técnica y espiritual de sus habitantes, al que el prócer contribuyó con tan altruista acción.

A doscientos cincuenta años del natalicio y doscientos del fallecimiento, cuando la situación de aislamiento social, ha cercenado la posibilidad de tributar los homenajes que el prócer se merece, es penoso que el estudiantado y sus docentes no hayan podido incorporar y apropiarse de un ideario político, económico, social y espiritual, un bagaje intelectual que debería ser el norte que oriente al futuro ciudadano toda vez que Belgrano fue un eficaz economista y educador visionario.

Para el general Manuel Belgrano, la educación era “esencial”. En nuestro tiempo, la inacción política no lo ha evidenciado. Y el “Norte Grande”, al que contribuyó a emancipar seguirá esperando sus frutos, en tanto las aulas sigan vacías.
 

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