Hace un año partía Kuky Leonardi, poeta y militante enorme 

Por Roberto Acebo

Kuky en “Adviento” dice: “Hermana muerte/ mi corazón es un fruto cerrado/ donde no cabe tu mano/ Antaño tu rostro asomaba/ -tu rostro siempre era la imagen/ de los viejos libros de la infancia-/ detrás de las puertas de otoño/ donde las penas no eran sino extraños doblones/ tributos de una vida sin don.
Ahora mi melancolía/ reposa a la sombra de sus párpados/ Por mis venas camina dulce/ la voz de mi niño// Mirada soy de vida y de infinito.
“El que vino de lejos“ es el nombre que Kuky Herrán eligió para los poemas que publicó en 2009. Su séptimo libro tiene una noticia. Dice: “... peco de poeta confesional, pero ¿acaso puede no serlo cualquier madre a quien inspira la epifanía que son hijas e hijos? Con él caminé días de sol y la atroz noche de la dictadura. Junto a él sigo aguardando la llegada de la luz definitiva‘cuando estaremos desayunados todos’”. 
Kuky, su memoria palabra arborescente nos enfrenta a la belleza de la poesía, al amor a los otros y a la revolución de esa mañana, “cuando estaremos desayunados todos”, de la que hablaba César Vallejo. Palabras de una tremenda densidad para los que participaron de la generación del 60, en todos los sentidos y desde diversos oficios. 
Kuky -referente de esa generación y habitante comprometida de su tiempo (el presente, el transitado y el que vendrá, el posible)- dice e hizo mucho por/ con esas palabras que para ella eran un modo de vida. 
Fue maestra en todos los niveles de la educación, profesora de Filosofía, docente universitaria, caminó los espacios diversos de su pueblo y de su gente. Y construyó desde la belleza de su palabra un lugar para reunir esperanza y memoria. Si uno quería verla, reencontrarse con ella, sabía que dos fechas eran ineludibles, el 24 de marzo y el 6 de julio, ambas recordaban lo ocurrido en 1976. Kuky estaba en la plaza el 24 y en el Portal de la Memoria o en Palomitas, el 6 de julio. Abrazos, palabras, afectuosas, miradas desde lejos alcanzaban para saber que este era el tiempo y este el compromiso, y que estábamos vivos y en permanente solidaridad: ella como muchos otros de nuestros viejos estaba allí. 
Martina, hacíamos un seminario de teoría literaria en su casa y leíamos a Antonio Gramsci entre otros, vivía frente a la plaza 9 de Julio, en un segundo piso, en varias oportunidades la visité, tenía por ella un profundo cariño. Algún viernes, cuando el ruido de parlantes y bombos se escuchaba en la plaza, dijo tan naturalmente: “¡Ahí debe andar la Kuky, con sus luchas!”. Y sí. Alguna vez fue “con sus indios”; otra, “con sus docentes”, Otra, “con sus desocupados”. Y sí, era la Kuky, y su poesía sostenida con su palabra y también con su militancia. 
“Incesante memoria”, por ejemplo, libro que reúne poemas escritos desde el dolor del terror planificado y ejecutado por la dictadura, en su edición de 2011 (había sido publicado por primera vez en 1985, Tunparenda, ese proyecto editorial que entre muchos sostenía Ramón Vera en su casa de la Villa 20 de Febrero, lo editó) lleva palabras de Kuky a Holver Martínez Borelli, poeta muerto en el exilio, y despliega en sus páginas tantas vidas y memoria. Un poema de ese libro: 
“Madre/ Pañuelo blanco sobre blanca cabeza/ Ella dibuja el corazón del mundo./ Matriz deshabitada dulce ruido de carne/ la luz que salva de tu alarido viene/ Ojos gastados de acechar tanta noche/ Por tus pupilas miro el día que nace/”.

Marzo de la memoria

Marzo y el otoño naciente convocan a la memoria de muchas personas que han bendecido la condición de estar vivas y de dar amor. Teresa Leonardi Herrán, Kuky, en la plaza del 24 en Salta, era una de nuestras referencias, había atravesado los 70, década oscura y luminosa, en estos nuestros lugares. La poesía, un arma cargada de futuro, corría urgente por su voz, y con ella y con el cuerpo dio cuenta de un tiempo sin tiempos, duro, violento. Un 25 de marzo del 77, por ejemplo, el periodista Rodolfo Walsh fue asesinado. Había alcanzado a mandar “La carta abierta de un escritor a la junta militar”. 
Y Kuky, un 26 de marzo, hace un año, nos dejó. Y esta palabra, también arborescente, es el puente a otras: dejó poesía, dejó compromiso, luz para caminar por estos nuestros tiempos tan difíciles como cualquier otro tiempo. 
“Junto a él sigo aguardando la llegada de la luz definitiva ‘cuando estaremos desayunados todos’”, escribió Kuky en ”El que vino de lejos“. Habla de Martín, su hijo, desde su amor de madre, desde su poesía, y nos lega una excusa más para quererla y querer parecernos a ella. 

Palabras de Kuky

En “Poemas en prosa” publicado en l869 Baudelaire alude a lo que él llama ”la pérdida de la aureola“. ¿Quién es el que pierde su aureola que cae al barro? Es el poeta que ya no tiene en la sociedad el rol de príncipe, de mago, de ser sagrado que se codea con los habitantes del Empíreo. Muchos años han pasado y todavía hasta nuestros días seguimos considerando que la tarea de escribir es única, casi la primera en el ranking de los oficios prestigiosos.
Neruda en su discurso de recepción del Nobel se refiere ácidamente a esa idea que sostuvo también Huidobro. Dice: ”El poeta no es un pequeño dios, no está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo que no se cree dios”. 
(...) Vivimos en un punto de inflexión, en sociedades que abandonan paulatinamente la galaxia Gutenberg (...). ¿Estoy haciendo el réquiem de la literatura? La literatura sabe ahora que Apollinaire no mentía cuando afirmó: “La belleza, ese monstruo, no es eterna“, sabe que la acecha el reino de lo efímero, sabe que de toda la obra de un poeta solo quedaran dos o tres poemas, sabe que en un mundo degradado donde un tiburón en formol vale lo que un cuadro de Van Gogh ella debe apostar a la donación y a la gratuidad y no al mercado, sabe que se juega por ese íntimo diálogo entre dos personas, el escritor y el lector, y que eso basta para su dicha de seguir siendo.  

Kuky, en el recuerdo

"Kuky nos decía en repetidas ocasiones que todos somos poetas, un obrero, un labrador puede escribir poesía. Ser poeta no es un privilegio de pocos. Como decía el poeta Roque Dalton: ‘La poesía es como el pan de todos”. “En la orfandad de estos días de otoño infinito,/ de tristeza, terror y de muerte acechando./ En esta desolación y encierro.../ mi poesía se quedó sin una mano fraterna donde asirse...”. (Alicia Balderrama).

"Último paseo con Kuky, 8 o 9 días antes de su despedida. Fuimos a un café de Vaqueros. En el trayecto vi su semblante amarillo. No tenía el coraje de decírselo. Pero me animé al verla tan serena. 'Kuky -le dije- me sorprende tu apacible temple anímico'. Me respondió: 'La poesía fue, para mí, un largo aprendizaje para la muerte. No te inquietes, Jorge'. Los amigos no nos nacen, se nos mueren. No hay sustitutos ni suplentes”. (Jorge Lovisolo).

“Somos muchos los que quedamos huérfanos de ella. Kuky era la palabra militante, una lectora exquisita y una poeta enorme, una persona que no tenía fisura entre poema y acto. Vivía su escritura y así miraba el mundo. Era una educadora, no solo porque prestaba sus libros hasta el extremo del despojo, sino también porque sus acciones eran la consecuencia misma de lo que pensaba”. (Salvador Marinaro).

“Una fuerza interior la motivó siempre a superar los escollos sin apartarse de su propio destino y de la Humanidad En un mundo que pareciera carcomido por los individualismos, las torpezas y las indiferencias, que no son más que formas del desamor, ella es y será, simplemente Kuky, mi amada hermana: 'Guerrera de luz que empuñas/,la espada de tu verbo /y predicas el bálsamo de la esperanza/ para un mundo posible'”. (Elena Leonardi Cattolica).

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