“Atención: humo, humo, humo. Mucho humo en el auto de Traverso!”, relató Raúl Barceló para toda la Argentina el mediodía del domingo 3 de abril de 1988, ni bien la Renault Fuego del Flaco comenzó a largar humo, posiblemente sin imaginar que allí se gestaría una de las victorias más épicas en la historia del automovilismo nacional.

Fue en el autódromo de General Roca, Río Negro, donde Juan María Traverso consiguió hace exactamente 32 años el triunfo más espectacular de su carrera al cruzar primero la línea de llegada con fuego en su auto de TC 2000, la inolvidable Renault Fuego.

Faltaba poco para terminar la carrera. El Flaco venía segundo, detrás de Silvio Oltra. Lo pasó en una recta, justo antes de entrar al curvón, en una maniobra espectacular (su Fuego estaba preparada por Oreste Berta, el Mago). Y desde ese momento sólo pudo aguantar.

De repente, el auto de Traverso empieza a largar humo. “Se me rompió una manguera y comencé a perder aceite, fundamentalmente sobre los escapes. Llegué a derramar prácticamente todo el lubricante en las últimas tres vueltas, lo que hizo levantar la temperatura del motor hasta ponerlo al rojo vivo”, explicó el Flaco.

Traverso seguía. Nadie lo podía creer. “A lo último se me complicaba hasta respirar, pero faltaba muy poco para la llegada y no quería resignar el triunfo, por lo que seguí a fondo hasta el final”, dijo. Y se sinceró: “Fue un momento clave. Me dije puedo ganar o se puede quemar. Si se quema me bajo. Me desaté los cinturones, destrabé la puerta y miré dónde estaban los bomberos como para estacionar allí si se ponía fea la cosa”.

El Flaco ganó y el público deliró. Ni bien se bajó del auto, lo rodearon cientos de fanáticos y lo alzaron para celebrar con él una victoria que quedará en el recuerdo de todos. Privilegiados ellos por poder contarle a hijos y nietos que vivieron esa epopeya desde el lugar de los hechos.

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