FaceApp: el robo de imágenes y datos personales más divertido del siglo

“Usted le otorga a FaceApp una licencia perpetua, irrevocable, no exclusiva, sin regalías en todo el mundo, totalmente pagada y con una sub-licencia transferible para usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, crear trabajos derivados, distribuir, mostrar públicamente y mostrar su contenido del usuario y cualquier nombre, nombre de usuario o similares provistos en relación a su contenido de usuario en todos los formatos y canales ahora conocidos o desarrollados posteriormente, sin ninguna compensación para usted”. Tales son los términos y condiciones que aceptaron los que emplearon recientemente Face App para cambiar de género a través de una imagen. En julio de 2019, al proponer el desafío de envejecer a los usuarios a través de una imagen, FaceApp obtuvo más de 100 millones de descargas en la tienda de Google Play y en la AppStore de iOS continúa siendo una de las aplicaciones mejor posicionadas. 

Según comunica el sitio Cultura Colectiva, con el nuevo challenge de ser mujer y volverse hombre, o viceversa, ha elevado la apuesta, porque logró recoger 150 millones de rostros y nombres en 48 horas.
La vanidad de algunos que han utilizado FaceApp para alimentar de reacciones sus muros de Facebook o la avidez filiatoria de otros que la han empleado para hallar parecidos inobjetables entre generaciones de parientes ha invisibilizado una pregunta que sale a la superficie cada vez que Wireless Lab consigue hacerse con más y más información y fotografías. Sobre todo porque todos -consciente o inconscientemente- aceptan al descargarla en sus celulares que el sistema registre la IP de los dispositivos móviles, las páginas web visitadas con anterioridad, la duración de estos accesos, y que esa información sea cedida a “terceras partes”. 

Para el ingeniero industrial y fundador de la Asociación Civil Software Libre Argentina Diego Saravia “la cuestión está en la piqueta. De hecho, IBM acaba de suspender todos sus programas de reconocimiento facial, porque son demasiado poderosos, reconocen mucho más de lo que pronosticaban, y están esperando que haya leyes que regulen el asunto, porque, de lo contrario, basta con poner cámaras en toda la ciudad para saber exactamente cómo se mueve la gente y no parece razonable un esquema o un estilo en el que el Gobierno o quien sea conozca todos los movimientos de las personas”. Agregó que el hecho de que las compañías usan la información personal y las fotos proporcionadas por los usuarios con fines comerciales es muy sencillo de comprobar. “El otro día estaba hablando con una persona sobre aire comprimido y en menos de diez horas empezaron a aparecerme ofertas de rifles de aire comprimido en Mercado Libre. Estaba hablando por whatsapp, pero había dos compañías distintas, Mercado Libre y whatsapp, intercambiando esa información y seguramente una vendiéndosela a la otra”, especificó. Sin embargo, existe una innegable naturalización de los ciudadanos a que los denominados “datos sensibles” -es decir, que permiten identificar directa o indirectamente a una persona (información alfabética, numérica, gráfica, fotográfica o sonora)- queden en manos desconocidas o que no clarifican los fines con que los administran. 

“El DNI, el CUIL e incluso la información de tarjetas de crédito, está todo en la web. En el Banco Central hay un sitio que da la información sobre las tarjetas de crédito. Es público eso y no sé por qué el Estado da esa información que permite conocer el poder de compra de cada consumidor y el estado de sus deudas”, expresó Saravia. Luego agregó que también hay sistemas como Datea que aporta qué CUIL corresponde con cada DNI, asociación vital para saber en el VERAZ el historial financiero de adquisición o cancelación de productos y/o deudas en entidades de cualquiera que esté bancarizado. 
“Las bases de datos de fotografías y los intentos de ubicar a las personas pueden ser asociados a lo que quieren y para eso lo hacen. La intención de ellos es identificar a cada una de las personas que se suben e identificar quiénes están vinculados entre sí. Mapean las redes para ver quién es amigo de quién”, advirtió Saravia. 

Para él todas las consignas -cada vez más atrapantes en sus contenidos y de respuesta más inmediata- alientan a poner una foto y aunque ofrecen el servicio gratuito de mostrar al usuario cómo luciría en la ancianidad o si perteneciera al sexo opuesto, en realidad están cotejando que la foto ingresada al sistema se corresponda con la apariencia actual del cibernauta. “La Unión Europea tiene controles exhaustivos para la circulación de información sensible de los ciudadanos. Estados Unidos también, aunque menos, y Argentina de ningún tipo”, señaló Saravia. De hecho FaceApp resolvió esta brecha indicando entre los términos que podrían transferir la información para regirse por la jurisdicción de protección de datos de otro país, y que esta colección de datos sea legal. 
“Ellos dan un servicio de comunicación que las personas pueden usar para poner todo lo que quieran y a cambio se llevan toda la información. Hay gente a la cual eso le importa, hay gente que no. Siempre digo que cuando uno no quiera mostrar algo lo mejor es no ponerlo siquiera en una computadora”, concluyó Saravia. 

 

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