El mundial de las atrocidades en medio de la dictadura

El seleccionado argentino ganó en 1978 su primer título en el Mundial de la mano del entrenador César Luis Menotti, un hombre que supo cambiar la mentalidad del fútbol local, y con un grupo de jugadores que lograron abstraerse de la pesadilla que representó el golpe militar de 1976, que hasta 1983, y según informes de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), habría dejado 30.000 víctimas entre muertos y desaparecidos.
El fútbol argentino, desde la época amateur, cuando fue subcampeón en los Juegos Olímpicos de Amsterdam y en el Mundial de 1930, sumó una serie de fracasos y desaciertos.
Hasta que llegó a la conducción técnica del seleccionado, en 1975, César Luis Menotti, que como jugador había pasado por Rosario Central, Racing, Boca y como DT venía de consagrarse campeón en Huracán.
Argentina había ganado la candidatura para organizar la Copa del Mundo en 1978, mientras se dudaba sobre la posibilidad de su realización en el país por la cantidad de obras que se necesitaban.
Durante el gobierno de Héctor Cámpora, y después de Juan Domingo Perón, comenzó a trabajar la Comisión Nacional de Apoyo al Mundial, pero con el golpe militar del 24 de marzo de 1976 pareció que todo se derrumbaba, pero Menotti ya había comenzado a trabajar con la observación de jugadores, y la formación de un seleccionado del interior del país.
Los jugadores citados en 1975 por Menotti fueron prácticamente los futuros campeones, por cuanto la lista incluía, entre otros, a Diego Maradona, Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Osvaldo Alonso, Leopoldo Luque, Alberto Tarantini, Oscar Ortiz, René Houseman, Américo Gallego, Daniel Valencia, Julio Villa, Rubén Galván, además de Hugo Gatti, Daniel Ludueña y Jorge Carrascosa (el único que luego renunciaría a la convocatoria).
En 1977 la AFA organizó una serie de partidos internacionales que se jugaron como preparación en el estadio de La Bombonera y entre esos encuentros, el 27 de febrero de 1977, se le ganó 5 a 1 a Hungría.
Pero lo cierto es que Argentina llegó a disputar la final del 25 de junio de 1978 frente a Holanda y la ganó por 3 a 1, con dos goles de Mario Kempes y otro de Daniel Bertoni.
Entre tanto, políticamente se debatía el tema sobre las obras de infraestructura que no avanzaban y el alto costo que demandaría el Mundial.
El gobierno militar necesitaba brindar una imagen que permitiera contrarrestar las voces que se alzaban en el mundo por la violación a los derechos humanos. Eso llevó a los militares a impulsar las obras con la creación del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78), que también se encargó de la propaganda y el marketing.
Ese organismo, investigado por posibles maniobras fraudulentas, estuvo manejado desde las sombras por el almirante Carlos Lacoste, quien llegó a vicepresidente de la FIFA.
El ex ministro de Hacienda Juan Alemán denunció dilapidación de dinero en los gastos y en 1979 fue víctima de un atentado con granadas de mano y disparos de metralleta.
Ni siquiera la prensa se salvó, ya que los periodistas “opositores” también fueron callados “por decreto” y por las armas. Fue el mundial de la sangre, que manchó la pelota. 

 

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