Vecinos de El Manzano dicen que enduristas matan animales

Atanasia y su familia están pasando por su peor momento. Parte de sus animales de sustento desaparecieron en los cerros de El Manzano. En tres fines de semana enduristas llegaron a despuntar el vicio a esos parajes  y provocaron el desbarranco de por lo menos una docena de vacas, caballos y cabras. Nunca detuvieron su marcha, todo lo contrario, avanzaron sobre los puesteros de Puyil, la Hoyada, el Manzano y el sector de Cerro Negro de Tirao. Los vecinos hicieron denuncias policiales sin tener respuestas hasta el momento.

El caso de los Tapia y los Valdiviezo es muy parecido a los reclamos de abril del año pasado en la zona de Santa Rosa de Tastil, sobre la ruta nacional 51, en donde enduristas dañaron el Camino del Inca, conocido como el Qhapaq Ñan. 

En aquella región de la jurisdicción de Campo Quijano, los aventureros fueron denunciados por los lugareños. 

Pero hacia el Manzano la situación es distinta. Hasta allí no llega la Policía y la comunicación es complicada. Dar aviso de estos hechos demora semanas. 

“Las motos se meten por diferentes lugares. El camino de herradura lo ocupan para trepar, dañar la propiedad privada y nuestros animales. Son tan imprudentes como delincuentes estas personas, aparecen en un lugar y otro, y arremeten en los caminos que utilizamos para trasladarnos de un puesto a otro. Han provocado que se despeñen muchos animales que criamos en esa zona de Puyil. Esta gente llega de Salta por Corralito y después suben en esas motos. Queremos que alguien nos escuche” contó Atanasia Tapia. Ella y su marido, Digno Villanueva Valdiviezo, denunciaron el accionar de las motos en las comisarías de Quijano y El Carril.

“De un lado a otro”

La jurisdicción es de Rosario de Lerma, pero a la familia la Policía la mandó a un lado y a otro con sus denuncias. 

“A falta del poco tiempo que tenemos acá abajo, la Policía da vueltas para actuar. Las autoridades también se hacen los desentendidos. Tratamos de hablar con el diputado (Ignacio) Jarsun, y el senador (Sergio) Ramos, pero nunca contestan los teléfonos. No nos queda otra cosa que acudir a El Tribuno para que la gente sepa lo que vivimos en los cerros”, dijeron.

En la Hoyada, cerca del Manzano, a unos tres mil metros de altura y distante a unas tres horas caminando hasta Corralito, donde funciona una usina hidroeléctrica, los enduristas dejan las marcas de sus motos en el estrecho camino utilizado por los lugareños. Hay sectores muy dañados. En algunas cornisas las motos espantaron a los animales con el ruido ensordecedor de los potentes motores. “El sonido de esas motos se escucha a la distancia, y los animales se espantan, como el camino es angosto se terminan cayendo al precipicio”, contaron. Los Tapia y Valdiviezo han perdido una buena cantidad de animales y otros tantos están extraviados en medio de semejantes cerros del oeste del Valle de Lerma. Atanasia cuenta que estas pérdidas ocurren desde hace un mes, y que las denuncias ya fueron puestas hace una semana, y todavía ni una patrulla se acercó por la zona. “Acá se perdió un anciano (Hilario Peñaloza en el 2013) y vinieron a saber cómo murió por el incendio de los cerros. Si nos pasa algo a las familias de la zona se van a enterar después de varios días, cuando sea demasiado tarde” acusó.

La fiscalía los ignoró

Atanasia, mujer valiente y determinada, fue hasta la fiscalía de Rosario de Lerma con las denuncias en mano para buscar respuestas en la Justicia: “Nunca me atendieron, dicen que están con el coronavirus. Que no nos pueden ayudar. Entonces recurrimos al diario. Pareciera que tiene que morir alguien especial en la zona para que acudan a esos parajes”. No es la primera vez que acusan a esa fiscalía de ignorar denuncias. Las familias afectadas son los Abán, Ábalos, Guanuco, Copa, Burgos, Guitián, y Espíndola, del Manzano. De Cerro Negro, la familia Pérez, Colque, Quipildor, López, Tapia, Cruz y Espíndola. 

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