Minería  prehispánica en  la Puna

No se conoce aún con certeza cuándo aparecieron los primeros humanos que arribaban o migraban a lo largo y ancho de América del Sur. Los paleocazadores de fines del Pleistoceno dejaron alguna huella de su presencia a partir de puntas pétreas de proyectiles con las cuales daban cuenta de los últimos representantes de la megafauna cuaternaria.

Durante milenios el uso de la piedra fue fundamental en la fabricación de armas y objetos necesarios para matar y despellejar animales.

El nacimiento de la técnica

Los primitivos habitantes del mundo precerámico buscaron explotar rocas que al romperse generaran una fractura concoidea. Se llama así a la fractura que da una forma tridimensional, cóncava o convexa, parecida a una concha marina.

Esta propiedad física de algunas rocas y minerales fue descubierta un par de millones de años atrás por antropoides africanos emparentados con los humanos, como los del Lago Turkana, y luego a través del tiempo por todos los humanos en distintos lugares del mundo. Se la puede considerar como el nacimiento de la técnica. La fractura se caracteriza por dar bordes afilados que fueron de gran utilidad para la supervivencia. Las rocas que tienen fractura concoidea son las silíceas y el ejemplo más notable es el vidrio volcánico llamado obsidiana. También la tienen otras rocas como los basaltos, cuarcitas, metacuarcitas, pedernales, ftanitas, chert, flint, etcétera.

En la Puna argentina hay excelentes afloramientos con obsidianas, basaltos, cuarcitas y metacuarcitas. Las herramientas líticas de los antiguos puneños están mayoritariamente construidas con estas rocas que fueron intensamente explotadas y usadas antes de la llegada de los españoles.

En el caso de las obsidianas provienen de coladas volcánicas muy ricas en sílice y que se enfriaron rápidamente con lo cual se convirtieron en vidrio. Se las encuentra en muchos volcanes de la Puna y varían en colores entre grises, verdosos y negros.

Los antiguos mexicanos trabajaron con gran maestría las obsidianas de su región y fabricaron armas, objetos de adorno y hasta espejos con dichas rocas. En la Puna son notables las obsidianas que aparecen en el complejo volcánico Quevar y que son coladas de unos 8 millones de años de antigedad. En la ladera sur del volcán, próximo a las canteras de perlita de Quirón, se encuentran cicatrices de explotación de obsidiana por los antiguos puneños.

Las cuarcitas y metacuarcitas están ampliamente distribuidas en la Puna ya que constituyen las rocas de la mayoría de los cordones, sierras y filos interiores que delimitan los salares. Son rocas marinas originadas mayormente en el periodo Ordovícico durante el Paleozoico inferior. Estas rocas se formaron a partir de arenas cuarzosas de playas marinas unos 450 millones de años atrás. Los granos de cristales de cuarzo se soldaron hasta dar una cuarcita. Asimismo esas cuarcitas al estar en contacto con una fuente de calor como el caso de cuerpos magmáticos o por el aumento de la presión y la temperatura dieron lugar a las metacuarcitas. Lo cierto es que estas rocas, a pesar de su dureza, igual fueron destruidas por los agentes meteóricos y arrastradas por las aguas que las acumularon como rodados en los conos aluvionales al pie de las serranías. De allí fueron colectadas y hay muchos ejemplos de su aprovechamiento principalmente en la Puna jujeña. Otra roca muy útil fueron los basaltos, especialmente aquellos duros y macizos, que generan unas rocas negras y pesadas que al romperlas dan unos cortes muy filosos.

Excelentes ejemplos de esos basaltos se localizan en la Puna Austral, particularmente en la región de los salares de Hombre Muerto y Antofalla. Todavía hoy se encuentran los talleres donde los indígenas rompían las rocas silíceas concoidales para fabricar sus herramientas de caza y subsistencia. En esos picaderos de piedra aparecen restos de lascas, núcleos y puntas de proyectiles rotas o sin terminar. En nuestras exploraciones geológicas los hemos encontrado en Coranzulí, Turi Lari, Salinas Grandes, salares de Pocitos y Hombre Muerto, etcétera.

Explotación de sal

La explotación de la sal fue otra de las labores mineras de los antiguos habitantes de la Puna. No solo los panes de sal que se cortan en la costra de la superficie de los salares, sino también la sal fósil o sal de roca que aparece en viejas serranías y que corresponde al arrugamiento tectónico de los antiguos salares. Grandes cuerpos de sal de roca se encuentran en el borde oriental de los salares de Arizaro y Antofalla, así como también en las serranías interiores del salar de Pastos Grandes. En todos esos lugares fue reconocida y explotada por los indígenas prehispánicos. En Pastos Grandes se conservan algunas cicatrices de explotación y hasta no hace mucho tiempo abundantes hachas de piedra con que cortaban los bloques de sal gema que luego transportaban hacia los valles de abajo. Sal en quechua se dice cachi y se piensa que la etimología del topónimo que da lugar al nevado y al pueblo homónimo del Valle Calchaquí derivaría de la ruta de caravanería en el transporte de la sal gema desde la Puna a los valles.

Otra sustancia que explotaron los nativos puneños fueron los ocres. Estos son herrumbres naturales de las montañas y se forman cuando los sulfuros de hierro se descomponen meteóricamente para dar óxidos e hidróxidos de hierro. Se los conoce como pacos o limonitas, tienen un color amarillo, marrón oscuro hasta rojizo, y están principalmente formados por minerales como goethita, hematita y lepidocrocita. También hay óxidos negros de manganeso. Dichos óxidos amarillos, marrones, rojos y negros fueron muy utilizados por los indígenas para representar escenas zoomorfas y antropomorfas en cuevas, aleros y abrigos de la Puna.

Asimismo las piezas de cerámica, caso de las urnas funerarias y otros objetos de uso doméstico, aparecen dibujadas con figuras geométricas o faunísticas realizadas con algunos de los pigmentos minerales. Muchos yacimientos metalíferos tienen una costra de oxidación superficial rica en óxidos.

La vieja mina de Cobres en La Poma puneña, explotada desde antes de la llegada de los españoles, presenta una potente veta de ocres limoníticos de gran pureza. 
Una tesis de grado de la Universidad Nacional de Salta, realizada por la geóloga Mercedes Ortega en julio de 2020, bajo la dirección de la Dra. Teresita Ruiz, describió ricas vetas de ocres asociados a baritina en proximidades del pueblo de Santa Rosa de los Pastos Grandes. Probablemente haya sido un punto de extracción de ocres en tiempos prehispánicos dado que los filones ocráceos baritínicos afloran y yacen en la superficie. Más aun teniendo en cuenta que en la región se conocen numerosas explotaciones mineras indígenas como las ya mencionadas obsidianas del Quevar, la sal gema de la serranía interior del salar de Pastos Grandes y probablemente los mantos de óxidos de manganeso de Ochaqui. 
En cuanto a cerámicas, la Puna no es tan fértil arqueológicamente como los valles y quebradas donde se encuentran importantes cementerios con todo tipo de urnas, algunas con una gran riqueza estilística y decorativa como la Cultura Santamariana de los Valles Calchaquíes. Solo algunas arcillas de la Puna tienen la plasticidad y otras condiciones físicas necesarias que las hacen útiles para su uso en la elaboración de cerámicas. Dichas arcillas yacen en lugares marginales de viejos lagos de aguas dulces en las orillas de los salares actuales. El hallazgo de algunas cuentas de collar de colores verdes y azules demuestra la búsqueda y explotación de afloramientos superficiales de minerales de cobre en forma de malaquita, turquesa o crisocola. Independiente del intercambio con otras regiones donde eran productos de trueques u otras formas de permuta. 

Metalurgia

Lo que sí ha recibido mayor atención es lo referente a la metalurgia prehispánica, tanto de los incas como de los pueblos que los precedieron. Ellos aprovecharon básicamente el oro nativo de los aluviones y la plata nativa de la zona de oxidación de yacimientos plúmbeo - argentíferos. Con esos metales preciosos realizaron bellas piezas de orfebrería. Pero no solamente explotaron y beneficiaron metales nativos, sino también otras menas oxidadas de cobre o polimetálicas con las cuales fabricaron diferentes bronces de excelentes calidades. 
La minería en la Puna se remonta a más de 10.000 años y es tan vieja como el arribo de los hombres prehistóricos de fines del Pleistoceno.
 

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