Indiscreciones que revelan la fragilidad de la democracia

Juan Emilio Ameri pasará a la historia bizarra de la política salteña, porque lo que hizo es de una ordinariez absurda. Tan absurda, que cuesta entender cómo se le confía una banca en el Congreso de la Nación a un barrabrava que jamás mostró capacidad para llevar adelante un trabajo más o menos estable. La representación ciudadana requiere ciertas condiciones elementales. 

Las malas políticas que generaron la actual crisis nacional tuvieron el mismo origen que los mecanismos que hicieron posible que Ameri fuera puesto a dedo en la lista. Y con él, a quien debe reemplazarlo, la antropóloga Alcira Figueroa.

Si las listas son sábanas de nombres desconocidos, hechas a dedo, sin elecciones internas transparentes, quedan excluidos todos los que están al margen del poder partidario. 

La representación política está ciertamente en crisis y los escándalos, cada tanto, lo ponen en evidencia, no solo en el ámbito legislativo. Si una cámara hizo público (no se sabe si por imprudencia o exhibicionismo) un acto íntimo de Ameri, en el mismo ámbito parlamentario, un micrófono abierto (quizá inocentemente) hizo saber a todos los argentinos que la agobiante crisis económica que soportamos está a cargo de un ministro, Martín Guzmán, que apuesta a la “sarasa”.

Ayer, la exdiputada Diana Conti, que preside el Partido de la Victoria, afirmó que “muchos trabajamos para acreditar la política partidaria y él (el exdiputado Ameri) la desacredita”.

También reconoció que la banca fue “regalada” y relató que hace dos años les dijo a los dirigentes salteños del Partido de la Victoria que había denuncias de inconductas de género, pero le respondieron que esas denuncias no estaban formalizadas. Los dirigentes de ese momento eran José Vilariño y Sergio Leavy. Pero no es Ameri quien desacredita a la política, sino que la mala política -generalizada- degrada la representación.

Militancia

La crisis del sistema representativo incluye la consolidación de la metodología de “ocupación de territorio”. Las palabras “militancia” y “militar” tienen el mismo origen. Históricamente, las milicias sirvieron para ocupar territorios e imponer la voluntad del triunfador por la fuerza. En la actual crisis de la democracia, las minorías logran desplazar el sistema representativo por el fáctico: “ocupar la calle” puede ser más importante que pronunciarse en las urnas. Y condicionar el tratamiento de las leyes, como ocurre habitualmente en nuestro Congreso. Un barrabrava, como Ameri, puede ser muy útil en esas tareas.

El crecimiento exponencial de la pobreza en la Argentina alienta la aparición de personajes como Juan Grabois y Emilio Pérsico, que administran enormes sumas de dinero de los contribuyentes, destinadas a los que llaman “trabajadores de la economía popular” pero, más allá de que las rendiciones de cuentas de esos presupuestos nunca se conocen, esas organizaciones profundizan el problema de la pobreza y la exclusión de los pobres, pero además sirven para disponer de “fuerzas de movilización”.

Y no representan a los pobres. De hecho, sus líderes no suelen tener éxito cuando buscan cargos electivos. En su mejor momento, Luis D’Elía fracasó estrepitosamente cuando encabezó una lista en elecciones legislativas bonaerenses. Sólo tuvo éxito electoral cuando participó encubierto en una lista sábana.

La ocupación de terrenos, al margen de ley, bajo el amparo del Estado, y con la indiferencia del sistema judicial es parte de esa “estrategia fáctica”. Y en nada se parece a la democracia representativa, porque es anticonstitucional.

No hay que olvidar que el principio del “facto” impregna nuestra cultura desde que una Corte Suprema de Justicia utilizó ese argumento para legitimar el golpismo. Y puede inspirar a extremistas de derecha o izquierda. En el currículum de Ameri figuran denuncias de que habría participado en la ocupación de lotes junto con “organizaciones populares”.

En la madrugada de ayer, la Cámara aceptó su renuncia casi por unanimidad. El diputado Alfredo Schiavone votó en contra de la aceptación: “Debía ser expulsado; ahora es una renuncia más y mañana pueden nombrarlo en cualquier cargo público”, dijo el legislador del PRO. Sabemos que es posible.

Con la renuncia, la nueva diputada, Alcira Figueroa, podrá asumir la banca de inmediato, lo que le asegura votos a un oficialismo sin quorum propio. No le costará diferenciarse de su antecesor, aunque deberá demostrar cómo entiende la representación ciudadana. Porque los problemas de fondo no se ocultan con el escándalo.

El proyecto presentado por Martín Guzmán fue bautizado con el rimbombante título de “presupuesto inclusivo”. Así lo calificó también el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. 

Más allá del micrófono abierto que delató la “sarasa”, el texto suena optimista y prevé una inflación del 29% para 2021 y un dólar de $102,4. Subestimar la inflación, manipular el dólar y dotar al presidente de poderes discrecionales no es el camino adecuado para construir una sociedad inclusiva, es decir, con pleno empleo, educación universal y perspectivas de futuro para todos. Más bien, preanuncia todo lo contrario.

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