De tenista  profesional a  realizar los mejores asados

Mariano Cebrián (36), un extenista profesional salteño que reside en Estados Unidos desde hace casi 20 años, cobró una fama inusual después de que un medio nacional publicara su historia de vida. La nota sobresalió en las últimas horas porque lo retrataba como un argentino que cocina para gente importante en los Estados Unidos.

El día que se publicó la nota fue bastante intenso para Mariano. Contó a El Tribuno que cuando se levantó tenía el celular "explotado de mensajes", de medios para pedirle una entrevista. "La verdad que no me gusta mucho, pero sé que si hay interés está bueno, yo no soy de exponerme", explicó.

Hoy está alejado del tenis y armó un emprendimiento familiar con la comida típica de los argentinos, el asado. Además, importa vinos de tres bodegas, dos de Mendoza y una de Salta.

Casi 20 años

Cuando llegó a los Estados Unidos, Mariano Cebrián estuvo viviendo en la costa este de norteamérica. En el 2003 llegó al Estado de Georgia, donde fue a la universidad después de concluir su etapa de tenista profesional en Alemania.

"Ahí viví seis años, donde conocí a mi mujer, Angelina. En los veranos, cuando hay un parate de tres meses en la universidad, me iba a East Hamptons a enseñar tenis y de ahí empezó mi incursión por Nueva York. Después de terminar los cuatro años de psicología volví dos años más para hacer un máster en MBA. En ese entonces mi mujer consiguió un trabajo en Chattanooga, que es la cuarta ciudad más grande del estado de Tennessee. La visitaba los fines de semana y la verdad que nos enamoramos de la ciudad", afirmó.

Mariano Cebrián compara a Chattanooga con Salta, porque es una ciudad donde hay ríos, montañas. Es un lugar muy tranquilo, donde pueden hacer actividades al aire libre, a tan solo cinco minutos de su casa. "Vivo a dos cuadras del dique, por ejemplo; entonces me siento muy identificado. Hace 13 años que estoy acá y es mi hogar", aseguró.

Después de terminar sus estudios vivió un año en Nueva York y no le gustó la experiencia. Consideró a la Gran Manzana como una ciudad "muy impersonal". "No fue para mí, cuando yo pensaba que era mi futuro porque tal vez iba a trabajar en finanzas, que era lo que había estudiado. Pasó ese año y decidí volverme", contó.

Recuerdos de Salta

Mariano Cebrián es fanático de Gimnasia y Tiro. Durante la charla tomaba café en una tasa que tiene impreso el escudo del club y además lleva colgada una medallita con los colores del Gigante del Norte. "Fue una segunda casa para mí y mi familia", aseguró. "Todos estábamos involucrados con el club. Fue crecer ahí y ser fanático del equipo. Me acuerdo que lo seguí cuando llegamos a primera, fuimos a Córdoba con mi viejo y mis hermanos", relató.

Mariano también recordó a los "hermanos Mardones", que son una institución en Salta si hablamos de profesores de tenis. "Para mí son todo. Me abrieron la cabeza al mundo, me dijeron que si hacía las cosas bien, con ganas y con esfuerzo, se puede. Fueron el gran contacto que me dio la posibilidad de irme a Alemania, y de ahí se abrió para mí el mundo", destacó.

Cada vez que vuelve a Salta, visitar el club es una parada obligada. Ahí hacen un asado con la gente que está a cargo de la pileta de natación. "Es un sentimiento único para mí el club", asegura.

"Todos los años voy a Salta. Hace poco perdí a mis viejos y ahora voy un poco menos, pero igual tengo mucha familia. Después vamos por trabajo con mi mujer, a ver viñedos o a hacer tour por Argentina. Siempre que voy por trabajo me quedo unos días y visito Salta y un poco Buenos Aires", comentó.

Pese a haberse retirado hace 12 años, todavía extraña el tenis. "Terminé mi carrera porque me rompí el hombro. Tuve que ir a cirugía del manguito rotador y de ahí no pude sacar la velocidad y la fuerza que se necesita. Hoy si juego muy fuerte me duele, entonces dejé de competir", comentó.

Hacer asados

El joven comenzó haciendo asados para sus amigos de allá y para la familia de su mujer. "En el primer asado que invitamos a los amigos de Chattanooga eran las seis de la tarde y recién estaba prendiendo el fuego. Nadie entendía nada. Después mi mujer empezó a sacar quesos, hicimos una picada, llegó una entraña y dos horas más tarde nos sentamos a comer el asado", expresó.

Mariano aprendió de su "viejo", que era el asador oficial de su familia. Tenía una particularidad y era que servía el asado en partes y no todo en una bandeja. "Siempre me gustó esa forma de estar en la mesa cuatro o cinco horas, que eso acá no existe. Cuando ven la carne que está supertierna se vuelven locos", finalizó.

Lo que no fue

Su historia cobró relevancia cuando contó lo que pasó en un evento en East Hampton, en Long Island, Nueva York. Ese día uno de los invitados era Barack Obama, aunque después aclaró que el expresidente norteamericano no participó de la comida. "Estuvimos muy cerca de cocinarle a Barack Obama", afirmó.

"Nosotros hicimos un evento para 40 personas de gente superimportante y en ningún momento supimos que Barack era uno de los invitados. En el momento de servir el postre vemos que llevan a los invitados a una zona de la pileta donde había un televisor. La idea era pasar mensajes de personas que no pudieron asistir y nos dimos con la sorpresa de que una de ellas era Barack", expre só.

El exmandatario habló como cinco minutos. Contó de la relación que tenía con el agasajado, que cumplía 50 y era la mano derecha de Obama en cuestiones financieras. "Nosotros mientras servíamos los postres vimos eso y fue un shock, agregó.

“Estuvimos tres semanas encerrados en la pandemia”

“Todo el mundo acá está con los barbijos, con el alcohol en gel, separados, pero se ve movimiento. La gente va a los restaurantes y por suerte los dejan trabajar”, contó Mariano al describir como vive después de un año intenso por la pandemia. Los primeros dos meses de cuarentena hubo un cierre total, fue “muy shockeante”. 
En las primeras tres semanas no salieron de la casa, solo fueron dos veces al supermercado a comprar víveres. “Eso la verdad que fue muy estresante, porque nosotros ya teníamos eventos de asados agendados y esa es la gran parte de nuestra supervivencia. Se cancelaron todos, pasaron tres meses en los que no hubo nada, y por suerte nos fuimos a los Hampton antes de lo común. Nos fuimos casi cuatro meses porque acá no había movimiento”, dijo. 
Lamentablemente el condado que vive fue uno de los lugares con más contagios y muertes de la zona. “Estuvo bastante feo, pero no hubo colapso en los hospitales nunca. Por suerte no hubo eso que hubo en muchos lugares del mundo, donde los doctores tenían que jugar a ser Dios y decidir a quien tratar y a quien no”, finalizó
 

 

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