Cultura y exclusión social

La falta de cultura y educación también son causa de exclusión social.

El prestigio de la razón, del conocimiento, de la técnica, de la ciencia, del dinero y de la inteligencia especializada es muy grande en nuestro tiempo.

Adquirir cultura y estar suficientemente educados es la coronación de la vida social que nos hace ciudadanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) ya reconocía como derecho humano fundamental de todo ciudadano "tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad".

De ahí deviene que los Estados tienen la obligación de asegurar el ejercicio en plenitud de ese derecho a toda la población.

Hablar de cultura es referirse al uso de la libertad, el desarrollo económico y social, la justicia, la igualdad, al lazo entre cultura y educación, a la adopción de puntos de vista críticos por parte de la sociedad, a la construcción de ciudadanía, a la economía y las industrias culturales, a la identidad nacional sin negar lo global.

La selección y la consecuente discriminación social, que se resiste a desaparecer, entre sociedades civilizadas y cultas, entre países desarrollados o del primer mundo y países en vías de desarrollo (que reemplaza al término subdesarrollado) o del tercer mundo en una "aldea global" posmoderna repleta de desigualdades e inequidades se combate, entre otras cosas, con cultura como segunda naturaleza, como comportamientos, prácticas, costumbres, tradiciones, diversos "sentidos comunes" o cosmovisiones que son formas de percibir y pensar la realidad y que deben ser respetadas, finalmente, son formas que las sociedades eligen para vivir juntos a través de una "vida cultural" que tiene que ver con nuestra capacidad y manera de expresarnos y comunicarnos con los otros, de ubicarnos en el mundo, de crear y recrear nuestro entorno a través de consensos o sentimientos compartidos y de la concertación combatiendo, peleando, discutiendo para llegar a acuerdos y hallar un área común de ideas, valores y acciones concretas.

En el campo de la política cultural de Argentina, por mucho tiempo, se ha intentado forzar a las comunidades marginadas y a los pueblos originarios a acceder y aceptar la cultura de elite, sin respetar que esas comunidades tienen su propia cultura y producen sus propias obras.

La noción de diversidad cultural implica reconocer que se construye cultura en todos lados aún en los pueblos más apartados y olvidados. La importancia del arte y la cultura radica en la cantidad y calidad de Universo que transforma y no puede ser valorado independientemente de los valores estéticos, éticos y metafísicos de su tiempo.

En épocas de agotamiento y crisis se suele elogiar a artistas y creadores por sus innovaciones técnicas, por su ingenio retórico, por sus adquisiciones estilísticas olvidando, muchas veces, que una de las misiones más importantes del arte y la cultura es despertar a la criatura humana; esta es una misión metafísica en el único animal metafísico que existe que es la persona humana, pues es el único que tiene conciencia de su muerte.

Cualquier excluido social es un excluido cultural que no alcanza, en estas condiciones, a tener posibilidades de mejor ciudadanía y tampoco logra tener identidad ni pertenencia.

 

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