Los Bacon

Mucho más que Maquiavelo, Francis Bacon es el epítome de las ciencias políticas, porque a diferencia del florentino, reflexionó sobre cómo gobernar y no tanto sobre cómo conquistar el poder o mantenerlo. Sutil pero gran diferencia que lo llevó a condensar su doctrina en términos fisiológicos muy simples: se trata del estómago y la cabeza. Nunca puede haber hambre; tampoco las consideraciones de la gente pueden ser muy negativas. La razón, todavía más concreta: ante el hambre y la desconsideración sobreviene la revuelta, que es el peor enemigo de cualquier gobierno. Bueno recordar a Bacon en tiempos de reflexiones apresuradas, donde priman las estadísticas acomodadas, las expresiones de deseo y opiniones aventuradas que tienen la garantía de la memoria corta. El dictum del inglés sigue incólume y, si se lo considera con atención, permite trazar un cuadro claro para los resultados de las elecciones del domingo. Non verba, sed facta (no son palabras, son hechos).

Siglos después, otro Francis Bacon dejó sus enseñanzas, pero en la pintura. Llevó a los límites la estética, con figuras que se deforman ante los espejos, atravesados por fuerzas invisibles que reveló en el lienzo. Ante el pesimismo que invade a muchos sobre lo que viene, es bueno pensar la política desde el punto de vista del pintor, y qué pintor. Es la primera vez en mucho tiempo que las fuerzas invisibles que atravesaron la política argentina por decenios quedan en evidencia. La tangente como salida, el maniqueísmo como opinión, el desapego a las reglas como regla. Todo lo que nos ha llevado una y otra vez, ante cada crisis, a sentar las bases para la siguiente, de modo recurrente. Los dos Bacon permiten reflexionar dónde estamos y lo que viene. Más que clima de fin de ciclo, hay certeza de fin de ciclo. Y cuando algo termina y algo nace se liberan energías tan potentes que pueden llevar a muchos destinos. Ni dos puntos más ni dos puntos menos van a cambiar el hartazgo de una generación que hizo lo que pudo, ni de otra que se va perfilando y no quiere consignas en pancartas sino respuestas. Más que respuestas quiere quedarse en su país y vivir en paz, fuera del absurdo. Tal vez sí cambie la opinión de una franja que cree en banderas descoloridas, pero es tiempo de entender que sin concordia ni tolerancia, simplemente no hay futuro. ¿Cómo se alinean todas las energías que se han liberado y quedaron en evidencia en estas horas?

Instituciones es la respuesta. Estado de derecho. Un gobierno que deberá aceptar el voto pero sobre todo descifrar lo que dice el voto, recordando al primer Bacon. Y una oposición que deberá hacer lo propio desde su lugar, con potencia de ser gobierno pero desde su lugar, identificando con el segundo Bacon lo que nos trajo hasta acá y lo que nos puede llevar a otro lado, conteniendo los extremos. Como dijo alguien que nos conocía mucho: "Argentinos, a las cosas" (Ortega y Gasset)

 

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