Gran Chaco, producción  alimentaria y ambiente

Durante los días 26 y 28 de octubre se sucedieron una serie de tres eventos que a distintas escalas abordaron la temática de la ampliación de la frontera agropecuaria en el Gran Chaco y se discutió cómo esta ampliación e intensificación de las actividades productivas puede implicar nuevas oportunidades para preservar los bienes y servicios de la naturaleza en esta ecorregión.

La ecorregión del Gran Chaco, con sus 100 millones de hectáreas que compartimos con Bolivia y Paraguay y un poco con Brasil, es uno de los grandes ecosistemas forestales de Sudamérica. A pesar que la transformación de este ambiente aún no es muy grande (menos del 25%), en países como Paraguay y Argentina, más del 90% de la ampliación de la frontera agropecuaria se concentra en esta ecorregión. Hasta tiempos recientes, el Gran Chaco ha estado marginado y se le ha prestado escasa atención, incluyendo los esfuerzos para su protección efectiva, particularmente en Argentina. Tal es así que en nuestro país menos del 5% se encuentra en áreas protegidas y cada una de estas es muy pequeña y no están en condiciones de garantizar por sí mismas el mantenimiento de su biodiversidad a largo plazo. Además se encuentran aisladas entre sí y aún no hay un diseño de corredores ecológicos en los territorios que aseguren la conectividad entre los espacios preservados.

En ese sentido es sumamente importante el rol del sector productivo para sumar superficie de protección efectiva (privada y comunitaria) para garantizar el flujo de biodiversidad a través de la matriz productiva.

Se entiende a la sustentabilidad como un proceso de complejidad creciente, que se asienta en la institucionalidad, en la articulación y el diálogo entre sectores que comparten un territorio, que van generando experiencias y conocimientos que se implementan (pilotos), se expanden y que puedan concluir en una norma o marco legal consensuado. Hay que comprender que estos procesos que buscan la sustentabilidad de las actividades implican mirar al largo plazo, aprender a soportar frustraciones, basarse en la prueba y error, que las soluciones se basan en intereses particulares y que deben implicar una colaboración creciente entre el sector privado y el público.

Un tema que se resaltó fue la contribución del sector privado a la preservación de espacios naturales incluidos dentro del patrimonio predial. Finalmente se resaltó la importancia de generar espacios que promuevan la confianza entre sectores, la necesidad de articulación público-privada para lograr dar escala a las buenas prácticas y compromisos, y generar las necesarias sinergias entre los usos tradicionales del espacio chaqueño, que involucra a un 60/70% del territorio, con las nuevas e intensivas actividades productivas destinadas a los mercados internacionales.

El Gran Chaco se ha incorporado recientemente a la producción intensiva destinada a la producción de alimentos y productos orientados a satisfacer la demanda del comercio nacional e internacional. Alrededor del 20 al 25% de su territorio ha sido transformado, pero el resto es ocupado por actividades de uso tradicional que incluyen la agricultura familiar en pequeña escala, la ganadería de monte y la caza y recolección ("marisca") por comunidades originarias muy abundantes y diversas en el ecorregión. Actividades todas que en distinto grado y forma se han venido haciendo cargo de la preservación de la naturaleza en los entornos productivos y son las que mantienen la capacidad de la recuperación deseada de la naturaleza y que lo colocan como parte de la "solución" de los importantes desafíos ambientales y sociales de esta ecorregión, epicentro del Cono Sur de Sudamérica, uno de los más importantes núcleos de producción, biodiversidad y riqueza étnica del mundo.

Sin duda debemos mostrar estos atributos al mundo y debemos hacerlo de una manera clara y transparente, que permita garantizar esta alianza positiva entre los diferentes intereses humanos en la región. Nuestro país a través de la "ley de bosques" ha realizado una apuesta fuerte, comprometiéndose a preservar alrededor del 80% de superficie forestal actual. Pero debemos generar e impulsar plataformas que permitan seguir, monitorear y asegurar la trazabilidad a lo largo de su cadena de valor de las distintas producciones de una manera clara y acorde al marco normativo nacional, asegurando alcanzar "cero hectáreas desforestadas" ilegalmente, asociada a estas producciones de interés internacional.

El objetivo, entonces, es transformar o visualizar a estos espacios chaqueños como "paisajes bioalimentarios" que permitan vincular positivamente los espacios destinados a la preservación de la naturaleza con aquellos destinados a distintas producciones, a distintas escalas espaciales, garantizando heterogeneidad ambiental, diversidad de producciones e integración social y productiva.

El esfuerzo de preservación es claramente contrastante entre los diferentes países de la región chaqueña, encontrándose los núcleos de conservación más grandes e importantes en Bolivia y Paraguay, siendo Argentina claramente insuficiente a este respecto, debiéndose generar modelos innovadores entre los que se pueden incluir a las "áreas de gestión compartida" y el modelo de "paisaje productivo protegido" que buscan asociar positivamente producción con preservación ambiental e inclusión social.

Más naturaleza, más producción, más integración territorial. Estas son las metas a alcanzar por un Gran Chaco que despierta el interés y una mirada positiva del mundo.

 

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