Siete hermanos huérfanos esperan el milagro de Navidad

La familia Gómez Romero se llenó de esperanza luego de que su historia recorriera toda la provincia gracias al compromiso de Raquel Vargas, la directora de la escuela Jesús de Nazareth a la que asisten cuatro de los siete hermanos huérfanos de Pichanal, quienes conquistaron el corazón de todos sus maestros con su buena educación y excelente rendimiento escolar.

La directora de la escuela Nº 4.296 Jesús de Nazaret, de Pichanal, Raquel Elena Vargas, recurrió a El Tribuno para contar la historia de esta familia huérfana, de siete hermanos destacados, marcados por la pérdida de seres queridos, pero aun así no pierden la esperanza de lograr que toda la sociedad escuche sus necesidades.

Son los mejores alumnos de la escuela sin computadoras ni celulares. Se quedaron huérfanos de padre y madre en 2020, al cuidado de su hermana mayor, viuda con tan solo 24 años. No reciben ayuda económica, viven en la pobreza, mientras esperan que la Justicia acelere los trámites de la tutela para poder gestionar el salario, la tarjeta alimentar y alguna beca.

Los hermanos Gómez Romero perdieron a su padre y a su madre el año pasado por enfermedades y quedaron al cuidado de la hermana mayor, quien había formado una familia con un joven increíblemente generoso de nombre Cristian Román que la ayudaba con sus hermanos, pero hace un año le diagnosticaron hipocalcemia, falleciendo el 26 de octubre, dejando a Rocío no solo con sus cinco hermanos sino con su pequeño hijo fruto del amor que alimentó tanto años a la familia.

A pesar del dolor y la tragedia los hermanos no sobresalen por su tragedia y su soledad, sino por sus méritos, por su entereza para afrontar la vida como viene sin perder la esperanza ni la compostura.

El hermano de 16 años, hincha de River, es un joven brillante que se llama Joaquín. Fue el mejor alumno en la escuela primaria Jesús de Nazaret y ahora es el mejor promedio de la escuela técnica donde estudia, aceptando la guía y el apoyo del profesor Samuel Torres que siempre creyó en sus cualidades. En diálogo con El Tribuno comentó que le encantaría poder estudiar alguna carrera relacionada con sonido.

Raquel Vargas, la directora, contó: "Actualmente tenemos a cuatro hermanitos en la escuela, a Carla de 8 años, Kevin de 14, Nicolás de 12, Leonardo de 10. Tienen un excelente rendimiento escolar y una gran educación".

Por ahora, solo promesas

La familia Gómez Romero vive en la comunidad indígena ava guaraní Nueva Jerusalén, ubicada entre la ruta 34 y la ruta 5. En medio de una pobreza estructural que abraza a toda la familia, la precaria casa está emplazada en una esquina donde se puede admirar la limpieza del terreno y escuchar el canto de un gallo, esperando quizás el 24 por la noche con el ansiado milagro de Navidad.

Rocío amasa bollos y tortillas para sostener a sus hermanos y a su pequeño hijo Thiago. No cobra asignación por sus hermanos; no recibe ayuda estatal.

Rocio cuenta que mucha gente se hizo eco de su historia, llegaron muchos funcionarios con promesas, pero hasta ahora la único que recibió fue una cucheta (sin colchones) de Uatre, 4 bolsones y la diputada Ceaglio de Orán se acercó con dos tablets para los chicos.

Por otra parte, funcionarios del municipio de Pichanal la acompañaron para entrevistarse con la asesora de Menores, Dra. Gladys Reynoso, para tomar conocimiento del estado de los trámites de tutela, al mismo tiempo que Gabriela Lera, directora de Primera Infancia, expresó que se le dará a Rocío una ayuda económica mensual. Desde el Municipio se autorizó también la compra de una casa prefabricada para mejorar la calidad de vida de la familia.

"Agradezco a los que hablaron poco e hicieron mucho, por ahora lo único concreto que tengo en casa es la cucheta y las tablets para ayudar con los estudios a mis hermanos, muchos me colaboraron con alimentos y la iglesia evangélica a la que pertenecemos nunca dejó de ayudarnos".

Por ahora el único puente entre esta familia y la solidaridad es Kela, la directora de la escuela cuyo celular es 3878 58-9626.

Los hermanos Gómez Romero tienen algo que los distingue sobre el resto y es la mirada, todos con ojos color noche como su dolor pero con una sonrisa que expresa la esperanza de algo mejor que está por venir.

 

 

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