¿Recuerdos inútiles?

El 14 de mayo de 1989 en Argentina

Yo estaba terminando la primaria, aún con juegos de muñecas, con las que raramente había jugado de pequeña pero, caso curioso o no, retorné a ellas de manera grupal en el último año de la primaria. Digo grupal, porque éramos unas cinco o seis amigas que nos reuníamos en la casa de una de ellas para, en línea recta, en el alargado salón (ex cochera) con piso de granito, montar "nuestras casas" en las que cada una vivía junto a su familia imaginaria del futuro, con hijos, marido, trabajo y todo lo que quisiéramos soñar.

Un rato estábamos en "nuestra casa" inventando vidas y otro rato estábamos en la galería, sobre la mesa de piedra, compartiendo esas vidas imaginarias.

Ese domingo estábamos ahí, en lo de mi amiga. Su casa tenía en el comedor principal una chimenea y sobre la chimenea un cuadro en blanco y negro de Perón y Evita.

El padre de nuestra anfitriona era "tan" peronista que a uno de sus hermanos le decían y le dicen "Peroncito".

En esa casa se olía política.

Ese día iban y venían. Incluso entraban por la puerta de la ex cochera, atravesando el salón de parcelas y vidas imaginarias.

A mí me la llamó la atención todo eso. Ya anocheciendo iban y venían con más algarabía, pregonando victoria.

Supongo que vi algo de romanticismo político en todo el movimiento de la casa y la gente que los acompañaba ese día.

También era 14 de mayo cuando en 1995 me tocó votar por primera vez. A las urnas. A elegir presidente. Llevaba tres meses en la universidad.

Tres meses en la ciudad, tres meses intentando absorber información de todos los frentes; estimulada por lo nuevo.

Seis años después de los juegos de muñeca yo tenía la responsabilidad en mis manos.

Ya no se hablaba de peronismo sino de menemismo. Tenía a disposición más voces para escuchar, más diarios para leer, más debates en clase y en las largas caminatas entre la facultad y la pensión.

 

Ahora, cuando han pasado 14 días de febrero y más de 25 años de aquel último mayo del 95, vengan los recuerdos a despertar por la noticia de la muerte de Menem.

No hablo de él, sino de mi y de la cantidad de muchos que apartados de los partidismos reconocemos a la política como una dimensión que atraviesa nuestros días. Abriendo o cerrando posibilidades en el trabajo, la salud, la educación y hasta en las dimensiones más íntimas de nuestras vidas.

Aquel 14 de mayo electoral entre muñecas, vivido entre corridas y alegrías de quienes festejaban las segundas elecciones presidenciales luego de tantos años de oscuridad. La confusión y la responsabilidad de mi primer 14 de mayo electoral entre lecturas, escuchas, diarios y más diarios.

Hoy, anhelando un país más sano y mejor para todos.

En vano creen algunos que estamos apartados de las decisiones de los que nos gobiernan; cuando no hay forma de escapar de tales designios.

Que no olviden esos representantes - elegidos por el pueblo - que, un día, solo serán tinta en papel prensa. Y un recuerdo vivo o gastado para cada quien.

 

 

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