El Museo Obras del Espíritu fue donado al Complejo San Francisco

Recientemente Lía Comitini donó al Complejo San Francisco el museo itinerante Obras del Espíritu, compuesto por dos colecciones de arte popular iberoamericano: una de palomas y otra de pesebres. 
Hasta el 30 de este mes pueden visitarse las palomas y los ángeles de lunes a viernes de 10 a 18. Para hacerlo se debe reservar un turno al 387 4431472. 
Entre las piezas, de manos anónimas en su mayoría o firmadas por talleres, se destaca una diversidad de facturas, materiales y proveniencias. 
Dentro de vitrinas están dispuestos ejemplares hechos en cerámica decorada y esmaltada, latón recortado, burilado y repujado, papel maché decorado y barnizado, raíz de pill pill tejida, cerámica decorada con engobes, cobre repujado con aplicaciones, cerámica moldeada y bruñida, poliuretano recortado, fibra de chaguar, madera tallada decorada, metal decorado, entre otros, que dan cuenta de los entornos en que fueron producidos en Venezuela, México, Guatemala, Ecuador, Chile y Argentina. También están incluidas representaciones de las etnias wichi y chané.

En la exposición se puede ver piezas de diversas comunidades indígenas. Jan Touzeau
“Ya sea por el origen y los materiales, la tecnología y el diseño, las palomas ponen al descubierto las pautas culturales y estéticas que informan nuestro mundo de relaciones, dando sentido a la obra y proponiéndola como objeto de goce y conocimiento”, versa el catálogo. 
El Tribuno dialogó con Lía durante una recorrida por la exposición. Así pudo saber que ella y su marido, el publicista Carlos Nadal, se mudaron desde Buenos Aires a Salta en 1983. Se instalaron en Cafayate, donde fundaron el Museo de Arte Popular y Artesanías Tradicionales. Luego, en 1985, vinieron a la ciudad y abrieron el Museo de Arte Popular Tiwanaku. Al año siguiente sumaron la Biblioteca Manuel Ugarte cuyo eje vertebral era la cultura iberoamericana.

Paloma gordita azul, hecha en cerámica decorada en el Taller Yapacunchi, de Venezuela. Jan Touzeau 
La historia de este museo y de su creador, fallecido en 2009, está escrita en una página de la Enciclopedia Digital de la Provincia de Salta, porque así lo amerita la activa participación del matrimonio en la gestión cultural salteña de décadas atrás y su actuación a través de la Fundación Maíz, desde 1990, y de los Museos Unidos de Salta (MUSA), en función a partir de 1988. Pero la relevancia del testimonio de Lía estriba en que desvela cómo el desarrollo de su familia, compuesta también por cuatro hijos, se vio condicionado por el objetivo del museo “construir la unidad, el amor a la humanidad y al espíritu, aceptando la diversidad y respetando las diferencias”. Por ejemplo, en el primigenio museo privado que tuvieron había una sala denominada Rodolfo Kusch y esto se debe a que el filósofo y antropólogo, cuyos estudios estaban centrados en el pensamiento indígena y popular americano, les señaló en el mapa a Cafayate como destino posible para radicarse. “Dos meses antes de que mi marido tomara la decisión de venirnos a Salta lo visitó Kush. Me contó que había quedado impactado por él y que este le había dicho que nuestra posibilidad de afincarnos como museo y galería estaba allí. Y así lo hicimos. Cuando llegó La Sevillanita a Cafayate y empezaron a bajar las cosas nos rodearon los niños del lugar y no lo podían creer”, rememoró Lía.

Trío de palomas anónimas hecho en cerámica negra decorada, proveniente del Yucatán (México). Jan Touzeau
En 1995 robaron gran parte del patrimonio del Museo Tiwanaku, que se encontraba en un depósito estatal para su posterior reubicación. Se salvaron las colecciones de palomas y nacimientos, que se hallaban en exposición por ciudades del interior. La Justicia no resolvió el caso, pero Nadal, con la Fundación Maíz, configuró en 1996 el Museo Obras del Espíritu.
Ese que ahora Lía dona, con el beneplácito de sus hijos Germán, Lisandro, Nicolás y Bárbara y de sus 11 nietos. 

Lía Comitini junto a su marido Carlos Nadal crearon el Museo Obras del Espíritu. Jan Touzeau
“Esto tiene mucha historia, no son cositas. Para nosotros era una manera de humanización de la cultura. La cultura en aquella época venía atada por la mirada de los conservadores, para los cuales la pieza tenía que tener una excelsitud tal que mucho quedaba afuera. Ese era el cambio de mirada que buscábamos sobre qué podía integrar un patrimonio artístico. Buscábamos que tuvieran una buena factura y que aportara a un sentido de belleza. También que este sentido de belleza tuviera que ver con la interacción con la comunidad”, definió Lía, quien vino a Salta con el sueño de instalar un museo y hoy lo entrega, buscando que estas huellas no se escriban sobre arena.

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