Biden y Perón, un  solo corazón

Al día siguiente de que Joseph Robinette Biden (mire que llamarse Robinette; hace bien en no difundirlo), pronunciara ante el Congreso de EEUU su discurso de los cien días, varios medios argentinos le pusieron un sugestivo título a esa información: "El discurso de Juan Domingo Biden". La sorpresa de los observadores no se justifica ya que lo que allí expresó estuvo claramente anunciado en su campaña electoral (https:/ /bit.ly/3ujgvKE). Parece que en esas latitudes tienen la extraña costumbre de pretender cumplir con las promesas electorales. Pero además de la promesa, como veremos, también se estaba pagando una factura.

Una de las frases de mayor impacto fue la siguiente: "Hay hombres y mujeres buenos en Wall Street, pero Wall Street no construyó este país. Lo construyó la clase media. Y los sindicatos construyeron la clase media. Por eso pido al Congreso que apruebe la ley de protección del derecho a la organización laboral y que me la envíen para que podamos apoyar el derecho a sindicalizarse. Y mientras lo hacen, subamos el salario mínimo a 15 dólares. Nadie que trabaje 40 horas semanales debería vivir por debajo del umbral de la pobreza". Cabe preguntare por qué Biden agradece a los sindicatos y no a los propios trabajadores. Acotemos que es absolutamente falso "que los sindicatos construyeron la clase media", ya que hablamos de un país donde la tasa de sindicalización nunca ha superado el 20% y vienen en picada desde hace años. El porcentaje de trabajadores pertenecientes a un sindicato en los Estados Unidos es del 10,7%, frente al 20,1% en 1983. La membresía sindical en el sector privado ha caído por debajo del 7%, niveles no vistos desde 1932. La respuesta es: Joseph Robinette no sería presidente de EEUU sin el crucial apoyo que los sindicatos le prestaron en las elecciones de seis Estados clave (Estados campos de batalla "battleground states"), además de otros aportes a la campaña.

El ambicioso proyecto económico-social de Biden implicará un monto de cuatro billones de dólares. Para que le quede claro al lector, estamos hablando de 4.000.000.000.000 de dólares. Señaló el presidente que, en gran parte, hasta ahora, ese dinero fue a parar a los bolsillos de los CEOs, produciendo la brecha salarial más grande de la historia de EEUU donde, según un estudio, los ejecutivos ganan 320 veces más de lo que gana un trabajador promedio. Repito: ­320 veces! A su vez, unos 650 multimillonarios aumentaron su patrimonio neto en más de mil millones de dólares. Y ahora tienen más de cuatro mil millones de dólares. "La economía del derrame nunca ha funcionado. Es hora de hacer crecer la economía desde abajo y desde el centro hacia afuera", remarcó Biden. Juan Domingo Perón nunca hubiera imaginado que sus herederos políticos se deshicieran en elogios por el discurso de un presidente yankee. Así tuiteó Cristina Fernández y, horas más tarde Alberto Fernández al anunciar la entrega de computadoras a estudiantes lo destacaría como un ejemplo a seguir. En realidad el hilo vinculante pasa por dos Premios Nobel de Economía: Paul Krugman y Joseph Stiglitz, admiradores de la política que está encarando Biden y admirados por nuestro dúo presidencial.

El proyecto de Biden contempla una amplia mejora de las regulaciones laborales que hace 60 años permanecen inmóviles, el aumento del salario mínimo, un amplio apoyo a la sindicalización y tres planes: "Plan de Empleo" por US$2,3 billones para construir carreteras, aeropuertos, mejorar el acceso al agua potable, etc.; un "Plan de Familias" por US$1,8 billones para ampliar el acceso a programas de educación y cuidado infantil y un "Plan de Rescate" por US$1,9 billones, que contempla pagos directos y beneficios adicionales de desempleo. Se cumplirá finalmente el sueño del general, solo que no en nuestra bendita Argentina, sino en la tierra símbolo del sistema capitalista. Paradojas de un presente donde los líderes del mundo se que daron sin recetas.

 

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