Un papelón que no puede quedar como si nada hubiera pasado

Con el avance de la pandemia queda más en evidencia que las restricciones no son para todos. Aún causa indignación que las organizaciones kirchneristas se hayan movilizado en un horario no permitido la noche del 16 de junio. Ni hablar del distanciamiento. Nadie hizo nada, lo peor en momentos en que se homenajeaba al máximo prócer que vio nacer esta tierra: el general Martín Miguel de Güemes.

La fiscalía determinará quién dio la orden para dejarlos pasar a la zona del monumento, pero hace mucho ruido que el ministro de Seguridad de la Provincia, Juan Manuel Pulleiro, no haya pedido que se cumplan las restricciones establecidas en un DNU y en resoluciones del Comité Operativo de Emergencia (COE).

¿Puede alguien pasar por alto esos instrumentos legales por obedecer, según afirmó, una simple orden verbal por más que sea de una autoridad nacional? Pulleiro señaló con nombre y apellido a un tal "Néstor Moccia". Afirmó que trabaja en la Secretaría General de la Presidencia, y que la medida llegó de parte del secretario General Julio Vitobello. Esas explicaciones quedan pobres ante un bochornoso hecho en un día en que nos enorgullece ser salteños.

Esa noche, las organizaciones querían acercarse al Presidente, incluso pudieron llegar hasta el hotel donde Alberto Fernández se hospedaba. El jefe de Estado tampoco hizo caso al mismo decreto que firmó. Luego dice que "la gente sale a buscar el virus".

En los videos que se difundieron en las últimas horas se ve a una policía avasallada. Se observa que los efectivos trataron de impedir que los militantes avanzaran, pero luego quedaron pintados. Lo de la subordinación a las fuerzas federales merece un análisis profundo. Lo cierto es que esa noche reinó la anarquía.

Tal medida y obediencia no es acorde para un acto en la que está un Presidente de la Nación. Más de uno podría haber puesto en riesgo la seguridad de Alberto. Aunque ese día el ministro del Interior, Eduardo "Wado" de Pedro salió a negar que la orden la haya dado el Presidente, ayer fuentes de la Casa Rosada no quisieron seguir polemizando. En Buenos Aires, por cierto, había otro desmadre en una protesta.

Más allá de la investigación que solicitó el gobernador Gustavo Sáenz, los salteños necesitan una explicación clara. A cualquier vecino una acción de menor peso le implicaría una multa, ya que la ley 8191 establece un régimen sancionatorio para las conductas flagrantes ante las disposiciones de la emergencia sanitaria. En un sector del Gobierno hay malestar por lo sucedido. Varios dicen abiertamente que alguien debe hacerse cargo y no dudan en señalar a Pulleiro.

El 16 de junio, más temprano también hubo una manifestación contra el Presidente, y tampoco se hizo algo al respecto. Francisco Aráoz, presidente de la Asociación Tradicionalista Gauchos de Güemes, había expresado en un audio días antes que "iba a tomar la provincia" y si bien causó revuelo no se le inició por lo menos alguna investigación. Son muchos los hechos que dejan en evidencia que en Salta a veces, o muchas veces, cada uno hace lo que quiere. Este bochornoso suceso, que empañó el bicentenario de Güemes, no puede ser algo más.

 

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