Ahora, los bagayeros reclaman que se quedaron sin sus trabajos

No les importa ser parte de uno de los circuitos más informales e ilegales de trabajo, si esa actividad les proporciona el alimento para sus hogares. Tampoco les importa arriesgar la vida cada día ejerciendo su tarea habitual, porque es a lo único que pueden asirse para seguir subsistiendo allí, en ese límite entre natural y artificial que se llama frontera entre Argentina y Bolivia, a la altura de Salvador Mazza y Yacuiba.

Ellos, los bagayeros, salieron durante el fin de semana a hacer escuchar sus advertencias y reclamos, por ahora "soto voce", acerca de que se quedaron casi sin trabajo luego de los allanamientos realizados la semana pasada a los distintos escuadrones de Gendarmería nacional para desbaratar una enorme red de contrabando de granos gerenciada desde las tripas de la fuerza.

Como se recordará, en aquellos procedimientos llevados a cabo por personal de la misma Gendarmería, para dar así un mensaje claro a la sociedad acerca de su compromiso con el cuidado de las fronteras de la patria y su disposición para impedir toda clase de tráfico internacional de mercaderías, fueron detenidos algunos comandantes que se desempeñaban en los destacamentos mencionados y se secuestraron infinidad de documentos probatorios de los ilícitos que se investigan.

Entre los documentos más notorios secuestrados por los investigadores figuran las actas de control de paso de camiones en Aguaray con destino a Salvador Mazza, junto a las grabaciones de las cámaras de seguridad para cotejar unos con otros, dado que se supone que deberían saltar notorias e insalvables diferencias entre unas y otras.

Amasaron fortunas

Claro, en la frontera todo el mundo sabe, desde siempre, que el contrabando ayudó a forjar ciclópeas fortunas de decenas de familias. Pero, lo que no todo el mundo esperaba encontrar, era que personal de la fuerza de seguridad nacional encargada de controlar las fronteras esté involucrado y gerencie una verdadera red de exportación ilegal de granos.

Para tomar una dimensión aproximada de los volúmenes de dinero involucrados hay que hacer una ejercicio de memoria y recordar que en aproximadamente una semana de protestas, cuando el puente internacional entre Salvador Mazza y Pocitos permanece cortado por cualquier razón, se amontonan en las calles del pueblo argentino centenares de camiones con mercadería de exportación.

A 30 toneladas por camión, 300 unidades son 9 mil toneladas, siempre siguiendo la misma suposición, de granos llegados a la frontera que luego ser pasados a granel por los bagayeros, por pasos ilegales, hacia Bolivia.

Y como esa mercadería no pagaba derechos de exportación, leáse retenciones, en promedio a 200 dólares la tonelada se estaría hablando de aproximadamente 2 millones de pesos por semana. Cifras que alcanzan para pagar jornales de centenares de bagayeros y quedarse los gerentes con algún dinerillo.

Medidas en Bolivia

Para colmo de males, los bagayeros bolivianos hicieron notar que el Gobierno de ese país le concedió a una comunidad menonita asentada en la frontera la facultad de emitir las guías de control de entrada de granos, como una forma de trasparentar el tráfico de mercadería de importación, dado que las autoridades bolivianas aducen que, por la diferencia actual de cambio, los productores de país altiplánico están perdiendo plata con el precio de los granos argentinos.

En bien romance, esto significa que ya no se podrán truchar los certificados de granos argentinos como que fueron producidos en Bolivia. Es decir, una medida fiscal boliviana también está perjudicando el trabajo de los bagayeros.

Por estas razones, no sería descabellado pensar que, más pronto que tarde, haya protestas sociales de uno y otro lado de la frontera, de gente que se quedó sin trabajo, aunque este haya sido, desde siempre, ilegal y marginal.

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