Piden investigar la muerte de la docente Ana Valdiviezo

Pasaron 8 largos años y la herida no cerrará hasta que la familia Valdiviezo (más allá del dolor que significa perder a uno de sus miembros) tenga la certeza absoluta sobre cuál fue la causa por la que murió Ana Beatriz, una conocida docente de Tartagal que según el primer informe médico que se les entregó padecía gripe A; pero extrañamente, tiempo más tarde, otro informe médico determinó que la docente padecía hantavirus.

A sus hermanos, a su anciana madre y a su hijo (quienes totalmente desamparados por la Justicia hicieron su propia investigación), nadie les saca de la cabeza que Anita, como la llamaban sus familiares y sus compañeros de trabajo, fue víctima de un femicidio.

Denuncia sin investigar

Su hijo Sebastián Antequera, acompañado de su abuela materna y de sus tíos, fue quien visibilizó esta situación "porque no podemos vivir más con este dolor, con esta impotencia de sospechar que mi madre fue una víctima más de femicidio y que nadie nos haya escuchado. Yo hice la denuncia en la fiscalía pero la respuesta de la Justicia fue insólita. Un día me llamaron para decirme que el marido de mi madre había pedido protección a la jueza de violencia de género Susana Menéndez y que por disposición de esa magistrada nosotros teníamos que mantenernos alejados de esa persona. Lo increíble de todo esto es que nosotros nunca nos acercamos a él, pero él sabe de nuestras sospechas. A mi esposa la ve en la calle y se toma los genitales con las dos manos y comienza a vociferar groserías, y me tiró el auto encima una vez que yo venía en moto".

  Ana Valdiviezo

La impotencia del hijo

"La protección para este hombre fue la respuesta que la Justicia tuvo para con nosotros y para con mi madre que era una mujer golpeada, maltratada, humillada y hasta insultada en público porque su marido no la bajaba de estúpida, de payasa, además de agredirla físicamente en la calle", dijo Sebastián.

El joven recuerda que "tres meses antes de morir, mi madre me llamó por teléfono y me dijo que iba a casarse. Nosotros no entendíamos cómo podía haber tomado esa decisión, pero se la respetamos a pesar de que ya sabíamos la violencia que su entonces pareja ejercía contra mi mamá".

Agregó: "Cuando ella recién comenzó a salir con él, en una oportunidad en que estuvimos con los dos, él a modo de chiste decía que si él quería terminar con la vida de alguien le daría veneno de rata entreverada con coca cola. A nosotros esos comentarios nos pusieron la piel de gallina pero no dijimos nada. Tampoco volvíamos a su casa porque a él le molestaba la presencia de la familia de mi madre".

Actitudes desaprensivas

El atribulado joven, acompañado por sus tíos y abuelas, también recordó que "después de que mi madre murió quisimos recuperar sus fotos, sus recuerdos, pero él respondió que en su casa (en realidad era la casa que había comprado mi madre) no había nada. Efectivamente había quemado todas sus fotos, todos sus recuerdos. Él vive en esa propiedad, vendió un terreno contiguo, se deshizo del auto que mi mamá le había comprado para que trabajara de remisero y lo vendió en forma irregular, sin papeles. Ese auto que mi madre le compró con tanto sacrificio era para que él trabajara porque lo veía dormir hasta el mediodía porque no hacía absolutamente nada. Ahora vive en la casa que fue de mi mamá y cobra la pensión que ella le dejó, pero antes cobró un seguro".

El joven refirió que "en caso de que la Justicia quiera investigar el tema, que consideramos que es necesario, hay dos docentes jubiladas de Tartagal, una exsupervisora y una exdirectora, que están dispuestas a contar lo que nos dijeron a nosotros: que mi madre muchas veces les había dicho que temía por su vida en manos de este sujeto".

El modus operandi del exmarido de Ana

Sebastián, el hijo de la fallecida docente Anita Valdiviezo por causas sospechosas, recordó que “mi madre, como le sucedió a otras mujeres que también murieron al poco tiempo de convivir con este hombre, lo había conocido en la iglesia a la que ella concurría. Él se mostraba amable, decía que estaba enfermo y así comenzó a conquistarla”. 
“Pero sabemos que el de mi mamá no es el único caso. En todo este tiempo que estuvimos investigando nos dimos con que hay otra mujer con la que él se casó y se hizo pagar un seguro de vida. Después que falleció mi madre, se juntó con otra mujer mayor que también falleció y supimos de otra mujer que tuvo más suerte que estas tres y que se escapó a tiempo, por eso sigue con vida”. El joven explicó lo que consideran un ardid del sujeto: “Este hombre va a las iglesias católicas y a los templos evangélicos. Él dice que sabe hacer imposición de manos y ahí se acerca a mujeres mayores, a las que ve que están solas, que son viudas o cuyos hijos ya no conviven con ellas. Las empieza a envolver con su charla, las acompaña, se hace el caballero. Después les propone que vendan todo y que se vayan a vivir con él (en la casa que era de mi madre por caso). Las acompaña al banco a cobrar, las ayuda a hacer las compras y al cabo de un tiempo extrañamente estas mujeres se mueren. Pienso que justamente eso es lo que le pasó a mi pobre madre que le tenía terror, que no quería que su familia fuera a visitarla para que él no se molestara y que murió no sabemos de qué ciertamente, pero tenemos nuestras firmes sospechas de que fue víctima de un femicidio”, dijo conmocionado Sebastián y pidió “que la Justicia reabra la causa e investigue”.
 

 

 

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