El despropósito,  ahora contra el INTA

Ahora se han propuesto expropiar tierras del INTA para barrios de viviendas cuyos servicios demoran años en concretarse y cuyas casas no tienen plazo de ejecución. Pero no está en estas eternas ineficiencias oficiales de todos los gobiernos el problema de fondo, sino en el hecho de que los proyectos expropiatorios de Salta y Catamarca se extenderían a Santiago del Estero, Tucumán y Mendoza, lo que permite inferir que se trata de un plan de alcance nacional concordante, por una parte, con la desvalorización del principio de la propiedad privada expresado por el mismísimo presidente y, por otra, con la reconocida mal predisposición del kirchnerismo con el campo.

Hay algo más que resulta preocupante y está relacionado con el desprecio demostrado por las instituciones, el uso discrecional de los decretos de necesidad y urgencia resulta en un atropello a la Constitución, máxima institución de la república.

También es llamativo el hecho de que los legisladores proponentes sean hombres de carrera política a los que, todo indica, les cuesta valorar la importancia de la producción en razón de no haber sido nunca parte de tal actividad. Es difícil asumir que ante la concepción demostrada tendrían los ideólogos del gobierno algún reparo en avasallar al INTA. Huelga detallar aquí su rol fundamental en un país donde la mayor contribución al PBI corresponde al sector agropecuario.

La única posibilidad de ser competitivos en el mundo reside en adoptar las últimas tecnologías e innovaciones en las explotaciones agropecuarias y el rol del INTA resulta insoslayable para dar pasos en esa dirección.

Diezmar su patrimonio, expropiando parte de sus campos de ensayos es inaceptable, considerando que el desarrollo y su consecuente generación de riqueza es el camino para dinamizar el interior, generando puestos de trabajo y mayor eficiencia productiva para más y mejores exportaciones.

Al margen del mayor o menor uso que en la actualidad haga de sus campos la institución, ante la falta de partidas oficiales no es lógico atentar contra su patrimonio y futuro para vestir santos de otra congregación. Es necesario que los legisladores entiendan que no pueden agredir así al mayor aparato productivo de la nación afectando su principal centro de inteligencia cuando la pobreza ronda el 50%. Necesitamos planes de desarrollo e inversión innovadores que no destruyan la producción.

El rol del Congreso es el de legislar para el desarrollo y no repartir pan para hoy y asegurar el hambre para mañana.

 

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