Pueblos originarios y guerra gaucha

Martín Miguel de Güemes se yergue como el primer gobernante electo por el pueblo y que integró a los diversos actores sociales en un ideal colectivo libertario.

La sociedad de los albores de la independencia es la resultante de la herencia virreinal, en la que encontramos una población heterogénea de blancos, indios y negros. Se considera que, a comienzos del siglo XIX en el ejido capital y campaña, había un poco más de 15.000 blancos. Los indios y los mestizos ascendían aproximadamente a 12.000, en tanto negros y mulatos se estima en 5.000 almas. Un rasgo esencial de esta población tardo colonial era el constante mestizaje entre estos actores sociales.

En el primer grupo de los blancos, distinguimos entre españoles peninsulares y los españoles nacidos en América. Hasta la proclamación de la voluntad de un grupo de porteños en 1810, los peninsulares conformaron el grupo de elite que detentó los primeros cargos y privilegios. Contra este grupo, casi una casta, reaccionaron los nativos de la tierra, gestando a través del cambio institucional y las campañas emancipadoras, las transformaciones políticas y económicas.

Al asumir Güemes el mando civil y militar de la Provincia hubo de dedicar todos sus esfuerzos en el objetivo de organizar las tropas para resistir las continuas incursiones realistas, labor que demandaba del esfuerzo de todos los habitantes de la gobernación.

Se debe destacar las cualidades exhibidas por el gobernador Güemes en orden de lograr la integración y participación de toda la población, tanto la urbana como la rural. La incorporación de aborígenes da cuenta de su calidad como estadista y jefe militar.

El mundo indígena era poseedor de una economía de autosuficiencia y sujeto al dominio de sus caciques, aunque mostraron una adhesión oscilante. Incidía en ello su particular cosmovisión de la situación imperante y del entorno que los rodeaba, que era diametralmente opuesta a la visión de criollos e hispanos.

 

No obstante, la población aborigen tuvo parcial participación en el ejército de Martín Güemes. El número era fluctuante en la razón de las deserciones que se producían. No se ha de interpretar este hecho como traición, sino solamente como la posibilidad de sobrevivir en un ambiente convulsionado y en constante zozobra

Los aborígenes estaban organizados en el sistema tribal colectivista, no poseían el sentido individualista ni de libre determinación que caracterizaba a la población blanca. Ancestralmente las costumbres y las decisiones partían desde el cacique. La vida estaba impregnada por un fuerte sentido comunitario. De ello devino que desconocieran el individualismo; en esas parcialidades lo que contaba era la pertenencia al grupo humano, la comunidad, la tribu.

En algunas etapas de la vida colonial se resistieron al proceso civilizador hispano, sobre todo para defender su autonomía y su hábitat. En su incorporación a las tropas exigieron a los jefes de ejército respeto a sus costumbres y estilo de vida. En esas condiciones se establecieron las adhesiones a la causa patriota.

La inserción en las diversas acciones de la campaña emancipadora no fue individual, sino como colectivo social y bajo la absoluta decisión del cacique, quien era el que estaba en relación directa con Güemes o sus oficiales en lo que a la guerra se refiere.

La participación se produjo por acuerdo o pacto celebrado con todo el grupo y asumió un carácter de permanente o esporádico, cumpliendo con encargos en tropas especiales y en forma ocasional, según ameritara el curso que tomara la acción bélica.

La relación con el aborigen era mucho más complicada de establecer. Aún así, el prócer gaucho supo crear canales de diálogo y conseguir el apoyo de algunas parcialidades y contar con el concurso de este importante recurso humano.

Los aborígenes exhibían como fortaleza un acabado conocimiento del medio geográfico, una capacidad de desplazamiento por senderos ocultos a la mirada del foráneo, y la sagacidad de establecer comunicaciones. La obediencia irrestricta al líder, era otro punto a considerar como fortaleza en los naturales. En virtud de estas cualidades, fueron eficaces en la observación y vigilancia de los movimientos del enemigo, e información a los comandantes de los ejércitos patrios. En la documentación confrontada se les denomina "bomberos", es decir informantes de las acciones en las avanzadas sobre el territorio salteño, y en tal concepto recibían su paga de dos reales por semana.

Este colectivo social no poseía un continente de ideas acerca de los objetivos de la emancipación. Pero estaban en posesión de un fuerte sentimiento de sostenimiento de la comunidad, y quienes prestaron servicios a la causa emancipadora lo hicieron en la comprensión que a través de su concurso podrían defender su particular modo de vida.

Ha de considerarse que el aborigen no buscaba la libertad en el sentido occidental, ya que este concepto era desconocido por ellos. Pero, eran demandantes de trato justo y del respeto a la palabra empeñada, es por ello que vieron en Martín Güemes al líder que los conducía para conseguir esa finalidad, que se remontaba a sus ancestrales tradiciones.

La integración de toda la población en pos de la consecución de la libertad representó un gran desafío para los diferentes militares que comandaron los ejércitos que libraron las guerras por la Independencia. Martín Güemes, comprometido con el medio rural, con su particular magnetismo e identificación con el pueblo y sus inquietudes, pudo amalgamar a estamentos sociales tan diferentes, en especial a los aborígenes. Con sus cualidades de caudillo logró la colaboración de casi toda la población, aún cuando muchos de sus actores no comprendieran del todo la magnitud de la empresa americana ni en qué medida podía afectar en un futuro inmediato su participación.

* Cátedra Abierta Gral. Martín M. de Güemes - Ucasal

 

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