Ansias de vivir, es lo que cambio en los salteños tras la pandemia

El lento regreso a lo que se conocía como normalidad, después de casi dos años de existencia de la COVID-19, comenzó a mostrar cómo se quiere vivir la vida. 

En diciembre de 2019,  las autoridades de Wuhan confirmaron que se había presentado el primer caso de coronavirus. Para el resto del mundo, el 2019 terminó en paz, viviendo como casi todos los años las celebraciones de fin de año. Los planes para el 2020 no demoraron y mientras el virus se expandía por el mundo, en Salta, todavía no se analizaban cambios en la convivencia, suspender la vida social y muchos menos pensar en que se llegaría a tener prohibido hasta el ingreso a un supermercado, solo para comprar alimentos. 

En febrero del 2020, llegó el primer caso al país, en menos de 15 días, Argentina de paralizó, como el resto del mundo.

Las calles desiertas, los comercios cerrados, las fiestas suspendidas, las visitas a los familiares imposibles de concretar. Así se comenzó a vivir, de otra manera. A fines de 2020, cuando de a poco, la vida que se conocía comenzó a recuperarse, algunos se preguntaban cuáles iban a ser las consecuencias de las experiencias vividas. 

En el verano de 2020, muchas familias ya no contaban con todos sus miembros, sobre todo los mayores, fueron los primeros en irse, víctimas del virus. Las fiestas de fin de año solo se pudieron hacer hasta las 2, las vacaciones a zonas permitidas, siempre con barbijo, distanciamiento social y el lavado de manos. 

La primavera de 2021 llega con más libertades e incluso ya durante el invierno se pudo volver a las reuniones con la familia, los encuentros con los amigos -siempre que sean al aire libre-, se volvió a las actividades deportivas, regresaron las clases y así un ciento de actividades que eran parte de "aquella vida normal". 

Sin embargo, algo quedó grabado en las cabezas y las emociones de muchos. Sobre todo la forma en la que se vive la vida. 

Carina Salas, licenciada en psicología, explica que, durante este último período en la atención de consultorios, observa que la pandemia a generado un “montón de efectos". “Se puede ver en los pacientes efectos sociales, psicológicos o económicos. Mucha gente perdió su trabajo, cerró sus negocios, vieron sus empresas entran en quiebre y perder la estabilidad económica”, describió Salas. 

En este análisis de las situaciones de vida que se están presentando, desde la atención psicológica advierten que la pandemia trajo consecuencias muy serias en los procesos de aprendizaje en los niños y los adolescentes, lo que además “incrementó el nivel de deserción escolar". 

Como docente Salas explica que desde hace dos años, desde la educación se está pensando en priorizar contenidos, lo que lleva a perder contenidos. “Y esto no solo tiene que ver con lo cognitivo sino también con las experiencias que la escolaridad trae como son las competencias emocionales, el poder aprender a interactuar con los pares. La escuela es un lugar donde se puede advertir la vulnerabilidad de los chicos”, analizó la licenciada. 

Las pérdidas y duelos

Además de estas situaciones que se plantean, muchas personas están viviendo un proceso de duelo. “Muchas personas están de luto, hay familias que perdieron seres queridos y superar todo esto lleva todo un proceso. Es el tratar de pensar cómo volver a construir un mundo seguro y predecible, como el mundo en el que estábamos acostumbrados a vivir, pero el mundo al que estábamos acostumbrados ya no es así”, explica. 

Salas analiza que el cerebro debe hacer todo un proceso de adaptación y analiza que si se observa la historia de la humanidad  y cómo enfrentó las diferentes pandemias, “probablemente lo que  estamos observando no sea muy diferente a lo que se vivió en otras pandemias”. 

Conectarse si su economía lo permite

En este análisis de los cambios de conductas que generó la pandemia, se puede advertir que luego de este tiempo de privaciones totales, están ansiosos de volver a tener una interacción social. “Quieren volver a los encuentros, las reuniones, las salidas, las festividades. Buscan volver a visitar los restaurantes, ser parte de las protestas, los eventos deportivos y recitales. Todo aquello que implique conexión con el disfrute y el sentir”, agregó Carina Salas que además aclaró que este proceso de reconexión tiene que ver también con la situación económica que vive esa persona. 

La profesional advierte que, aquellas personas que económicamente pueden salen de las restricciones gastando todo lo que no pudieron gastar, y si no pudieron viajar lejos, van cerca con el ferviente deseo de disfrutar, de volver a tener esa conexión social con los amigos u otras personas. Del poder compartir con los seres queridos. 

  

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