Los salteños descubrieron la primavera en la glorieta de la 9 de Julio

“Doña Primavera/ viste que es primor,/ viste en limonero/ y en naranjo en flor. / Lleva por sandalias/ unas anchas hojas,/ y por caravanas/ unas fucsias rojas./ Salid a encontrarla/ por esos caminos./ ¡Va loca de soles/ y loca de trinos! (...)”. 
Ayer en Salta Doña Primavera avergonzó a Deméter y les faltó a los honoríficos versos de la poeta chilena Gabriela Mistral (1889-1957). 
Los salteños se asomaron al martes 21 bajo un cielo plomizo y tuvieron que enfrentar la jornada con sus abrigos otoñales. 
Por ello, sorprendió gratamente a los transeúntes ver la glorieta de la plaza 9 de Julio, engalanada de flores. Quien las puso allí fue la artista jujeña Macarena Matorras, a quien contactaron desde la Subsecretaría de Espacios Verdes de la Municipalidad de Salta para que interviniera el emblemático cenador. 
Matorras le contó a El Tribuno  que a la arquitecta Constanza Colorito le había interesado la instalación “El verdadero tiempo II”, que el año pasado la artista había realizado en los 25 metros de vidriera del Museo de Arte Contemporáneo. Aquella era una estructura tubular y florida que “atravesaba” cada pared y cuando finalizaba, en vez de estar obturada se desgranaba en más flores. Tal era el influjo que provocaba en los paseantes su presencia profusa, que los pocos que circulaban por allí -en un acontecer pandémico con más restricciones que las actuales- demoraban sus pasos para dejarse habitar el rostro por rosas, claveles, begonias, margaritas, pimpollos y rococó, como si miraran su reflejo descuidadamente en un lago que contuviera todo lo hermoso de este mundo...
“El verdadero tiempo II”, sin embargo, se desprendía de su predecesora, “El verdadero tiempo”, que también traía consigo el significado profundo de nacimiento, muerte y resurrección; pero además festivo, nostálgico y maravilloso propio de la primavera, y pudo verse en noviembre de 2018, en diálogo con fotografías de Isidoro Zang, en Galerías El Palacio (Caseros 662). 
Allí estructuras similares a esas serpenteaban del suelo al techo hasta que la mirada del espectador era captada por un collage de dos fotos sobreimpresas rodeado de fragmentos de obituarios que lo hacían asemejarse a un macrocosmos mandálico. 
“Desde mi punto de vista las flores son un elemento que se hace presente en el nacimiento y en la muerte. Hace un par de años que trabajo en la florería de mi familia en atención al público. Así descubrí las historias que existen detrás de cada persona que se lleva una flor. Así me di cuenta de que son un disparador para vivencias intensas de alegrías y despedidas, que guardan un valor simbólico del amor y cariño que sentimos”, expresó Macarena. Ella es estudiante del Profesorado de Artes Visuales en el Profesorado de Arte Tomás Cabrera. Y añadió que durante el cursado de sus estudios descubrió que quería ser escultora gracias a su mentora, Viviana Ovalle. “Ese ‘click’ me impulsó a convertir mi entorno en una obra, que en este caso tomó la forma de una instalación artística que pudo invadir los lugares y espacios que me han ido abriendo sus puertas”, señaló. 
Su instalación suele llevar apliques de fibrofácil: varillas, roscadas, arandelas y roscas, alambre de gallinero y flores de tela, de allí que el proceso de montaje sea tan arduo. Aunque en esta ocasión bastó la estructura de la glorieta para sostener las flores, Macarena no actuó sola. “Cada experiencia de exposición tiene un trasfondo de días de trabajo en las que me acompañan mis amigos, ayudantes, compañeros, para poder concretar esos proyectos. En esta oportunidad quiero agradecer la ayuda de Aldana Navamuel, Joaquín González y Leandro Liendro”, destacó Macarena. Para lograr que el cenador quedara cercado y vestido de plantas trepadoras, en este caso una variedad de orquídeas, pajarillas, gerberas, margaritas, hortensias, glicinas, helechos, rosas, claveles, begonias y flores silvestres, Macarena y equipo emplearon doce horas corridas de tiempo y el lunes por la noche sumaron cuatro horas más “para terminar de armar el regalo de primavera para los transeúntes”, precisó. 
Cabe recordar que no es la primera vez que los salteños se maravillan con algo imprevisto en el cenador. En diciembre del año pasado la Municipalidad puso en marcha la propuesta participativa denominada “Mil estrellas, mil deseos”, para que quienes gustaran hacerlo compartieran sus deseos para 2022 y los escribieran en estrellas que pendían del techo y que permanecieron colgadas hasta principios de 2021 como una gran fuente de anhelos.

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