Santo y Antoniana, los niños que heredaron una pasión futbolera

Esta semana se instaló en las redes sociales la polémica sobre hasta dónde es válido el gusto por el fútbol. 
Todo comenzó cuando en el programa “Es por ahí, verano” (que sale por América de lunes a viernes a las 11), Julieta Prandi, comentó que había dos hermanas a las que su padre, por Diego Armando Maradona, había bautizado Mara y Dona. “Te juro por Dios que esto es verídico. Así figuran en su DNI. Obviamente estas chicas se van a cambiar el nombre en algún momento”, fue su comentario, que generó una enérgica respuesta de las dos niñas. En un primer momento fue Walter Rotundo, el padre de las chicas, el que publicó su desacuerdo en Twitter. “Hoy en su programa, Julieta Prandi habló con impunidad sobre las decisiones de mis hijas. El machismo antimaradoniano a flor de piel. En el siguiente hilo de tan solo un tweet más, Mara y Dona le responden”, anticipó.
Luego continuó: “Con ustedes, la palabra de ellas. Gracias por ser como son, hijitas de mi alma. Que nunca nadie les diga lo que tienen que hacer”, agregó en otro tuit, antes de subir los videos de sus pequeñas. “Me gusta mucho mi nombre. Yo soy Dona y siempre voy a ser Dona porque no me lo quiero cambiar. Y si a vos no te gusta tu nombre cambiátelo, y si no, no. Pero la verdad es que no me gusta que hables por nosotras, porque no sabés lo que yo quiero”, afirmó Dona.
Inmediatamente después, en otro video, respondió Mara. “Hola Julieta Prandi, te voy a decir algo: una verdadera falta de respeto es que hables por nosotras porque la verdad es que yo soy Mara y nunca voy a querer cambiar mi nombre porque lo amo y me encanta su significado. Así es que basta de hablar, mejor pregunten antes”, dijo. Si bien esta familia pidió que la conductora les ofreciera disculpas públicamente, ella no se las dio, aunque sí dos programas más tarde Prandi contó que sentía vergüenza por su segundo nombre, Laura, el mismo que sus padres le adosaron a su hermana Natalia en igual ubicación y por el que ninguna de ellas responde. 
Pasión, mito, leyenda. Momentos inolvidables que solo conoce el hincha lo llevan a homenajear sus colores de camiseta, su “patria” elegida, en el momento de bautizar a su progenie. Así los enlazan con un pasado, presente y futuro dignos de memoria. 
Tal es el caso de Raúl Siares (36), padre de Santo Gael (8) y Jazmín Antoniana (7). 
Él relató que cuando nació su hijo adoptaron la clásica visión salomónica para bautizarlo. El padre iba a definir el primer nombre y la madre el segundo. En aquella ocasión no hubo inconvenientes que reportar porque “Santo” parecía a los ojos ajenos una singularización de “Santos”, de origen latino y que significa “el que es sagrado”. 
Distinta fue la historia de la nena. Ella nació el 11 de noviembre de 2015, unos tres meses después de que entrara en vigencia el último Código Civil y Comercial de la Nación. 
Recordemos que el anterior cuerpo legal no permitía “los nombres que sean extravagantes, ridículos, contrarios a nuestras costumbres, que expresen o signifiquen tendencias políticas o ideológicas, o que susciten equívocos respecto del sexo de la persona a quien se impone”. Un sentido de pertenencia al club denotaba justamente Antoniana. 
“No me iban a dejar ponerle así, entonces había pensado que se podía llamar Jazmín Antonia Ana. A su mamá le había pedido que el nombre que eligiera para ella comenzara con jota, como Jazmín o Jorgelina, para que sus iniciales fueran J. A. Mi sueño es que el día de mañana mi hija firme J. Antoniana”, compartió Raúl. 
Añadió que en el colegio docentes y compañeros les preguntan a sus hijos por sus nombres. “Yo lo vivo muy bien, porque mi vida con Juventud es muy loca. No me importa nada de lo que me digan a mí”, definió Santo. 
Raúl compartió que antes de que terminara el periodo lectivo 2021 la maestra de Educación Física de su hijo le había enviado un comunicado recordándole que este debía asistir a clase vestido con pantalón azul y remera blanca. “Él va con el equipo de entrenamiento de Juventud, pero qué le voy a decir: ‘No lo hagas, hermano’, si yo lo hacía también en la primaria. Pienso que los vuelvo locos inconscientemente en el día a día en mi casa”, reflexionó, a la par que contó que en su hogar sobra el merchandising de JA, e incluso que él es coleccionista de camisetas del club. 
Recordó que estos rasgos y circunstancias de índole cultural y deportiva ya le habían sido transmitidos a él por su padre, Raúl Siares (77). Ejemplificó que habiendo nacido el 26 de diciembre de 1985, ya el 13 de enero de ese año estaba en brazos de su padre, asistiendo a un partido de Juventud en Buenos Aires.
“Toda mi vida siempre estuvo ligada por el amor existencial y contundente que tengo hacia la institución. Juventud hoy en día para mí es una forma de vida. Estamos pendientes durante la semana de cómo forma el equipo, qué lesionados y bajas hay, dependiendo de la época, en las pretemporadas qué jugadores vienen. También apoyamos a la comisión directiva cuando sacan las rifas, por ejemplo”, detalló. Así como había ocurrido con él, Santo nació el 17 de mayo y el 21 ya estaba asistiendo a un partido decisivo para Juventud Antoniana, contra Central Córdoba. “¡Era un chiquito que tenía cinco días de vida! Pero bueno, desde entonces es mi fiel compañero. A los partidos vamos junto a mi papá y a mi hija”, destacó. De hecho ayer estaban los cuatro alentando a JA en su encuentro contra Unión del Norte de Tucumán. “Gracias a Dios nos seguimos picando en la platea padre, hijo y nietos apoyando a nuestra institución”, finalizó.
 

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