Trabajan, pero por su nivel de ingresos son indigentes

La canasta básica del mes pasado tuvo un aumento del 7,1% y superó a la inflación que se ubicó en 6,2%. Con estos índices, una familia de cuatro integrantes necesitó $128.214 para no ser pobre y $56.732 para no ser indigente. Sin embargo, son pocos los que logran saltar el cerco para obtener lo mínimo e indispensable para vivir o sobrevivir.

Un relevamiento realizado entre los que ayer hacían fila en Anses da cuenta de la delicada situación en la que están sumidos los trabajadores informales o formales pero precarizados. Muchos no llegan ni a ser pobres, ya que están por debajo de la línea de indigencia. Fabiana, una empleada doméstica, se acercó al organismo por primera vez para saber si sus empleadores le están aportando "o qué pasa". A pesar de estar registrada, los números no le cierran, cobra 50 mil pesos por una jornada laboral de 8 horas. "No llego, tengo que pagar un alquiler de 15 mil pesos, tendré que buscar otro trabajo", aseguró.

Gloria Taritolay, en su caso, fue hasta Anses para ver si podía comenzar a cobrar la asignación familiar de su hija y pedir un préstamo, para llegar a fin de mes "faltan dos semanas", calculó, "el padre de mis hijos es peón rural, hace dos años que se quedó sin trabajo y sin cobrar la asignación, recién volvió a trabajar ahora", explicó. Es pensionada y cobra 50 mil pesos, por ese beneficio no puede recibir ningún otro por sus hijos. "A veces la mando a ella sin comer al colegio, porque igual debe ir", resaltó acompañada de su hija menor.

Los jubilados que cobran el haber mínimo, de $50 mil, la pasan igual, y en muchos casos necesitan ayuda de sus hijos. "No llego ni a los 15 días del mes, ¿cómo se hace?, haciendo una changuita", indicó Hugo. "Hay que comprar lo justo y necesario para que aguante el mes", señaló.

En el caso de Alicia, a los pesos extras los consigue de venta de perfumes y cremas por catálogo. Al igual que Esther, con sus hijos hacen una "vaquita" y de ese modo hacen rendir más sus magros ingresos. "Como chicle" afirmó entre risas Esther, jubilada que recorre su barrio, José Vicente Solá, para huirle a los que especulan con los precios. "A la mañana, cuando tengo que salir a buscar las cosas, voy a comprar la carne y ya sé donde está barato. Si tengo que comprar fideos y papa, me dicen $150 voy al otro almacén que lo tiene a $100, el otro a $90, hay mucha diferencia, entonces voy preguntando y a la vuelta de la carnicería compro. Guardo mi peso porque es mi peso y cuido mi plata así", explicó la jubilada, que aseguró también que aprovecha las ofertas, como de "papas más chicas".

Quienes trabajan pero de manera informal también deben rebuscárselas, aunque con menos tiempo disponible para buscar precios. Raúl, gana $60 mil como remisero y aseguró que llega "rasguñando" a fin de mes. "Menos mal", indicó aliviado al contar que no paga alquiler porque vive con su mamá. En el caso de Aldo, vendedor ambulante, como "exagerando" llega a 45 mil pesos al mes, deja en su casa $1.200 para que su mujer cocine para sus dos hijos, pero sabe que "no alcanza". Las vendedoras de galerías no están muy lejanas al sueldo del vendedor ambulante, cobran entre 40 mil y 50 mil por trabajar todo el día de lunes a sábado.

 

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