Pancho Cabral: "Si perdía mi identidad, mi color, mi paisaje, mis aromas, no iba a ser yo"

Pancho Cabral viene a Salta a presentar su poesía reunida en "De este lado del viento".

"Voy a hablar poquito, que hablen ellos, no voy a hablar de mí, yo voy a cantar con Rodolfo Moya", dice el enorme poeta y cantor riojano sobre la cita de este sábado, a las 19.30, convocada por Norte Entero. Escuchar a los Huanca Hua del 73, 74, sus trabajos como solista y sus últimos discos editados en 2020 y leer su poesía se vuelve, entonces, un reencuentro con la voz de un hombre íntegro que ha viajado por el mundo con su pueblo adentro. "Los primeros poemas, que son diez bajo el título de 'Lo simple', se los hice leer al poeta Ariel Ferraro, yo tendría 19 años, y él me aprobó, por así decir, y me tiró la responsabilidad de seguir escribiendo", le dice a El Tribuno con la sencillez de un artista que ama su oficio y la vida.

Viene a Salta como poeta y músico...

Sí, voy a presentar mi último libro, "De este lado del viento". Tomás Vera Barros, docente universitario en Córdoba y en La Rioja, una personalidad de la literatura cordobesa, inicio con sus alumnos de Literatura en la Universidad de La Rioja una investigación y se propusieron estudiar lo que yo había escrito hasta ahora. Entonces, está todo lo que sea poesía y prosa poética en un libro de 450 páginas. El arte de tapa pertenece a Patricia Aballay, una artista riojana radicada en Buenos Aires. Vera Barros se ocupó de la edición y del cuidado y de la organización de los contenidos, escribió palabras de presentación, y Diego Varela, periodista, director de diario El Ancasti, hizo una biografía mía y el prólogo es del poeta de Carlos Paz Aldo Parfeniuk. Y se comenzó a desarrollar desde mi primer libro del año 68 hasta lo último, estudiaron eso, hicieron una selección y, además, hay coplas y poesía inédita.

¿La música era paralela a su obra de poeta?

Sí, los primeros poemas, que son diez poemas bajo el título de "Lo simple", se los hice leer al poeta Ariel Ferraro, yo tendría 19 años, y él me aprobó, por así decir, y me tiró la responsabilidad de seguir escribiendo. Yo venía haciendo cosas como cantor y tratando de prepararme con la lectura para la poesía. Y así fui caminando. En la casa de Ariel Ferraro también conocí a don Alberto Burnichon, que tanto hizo por la poesía de Salta y por los poetas del noroeste y del norte. Todas esas cosas sucedieron, conocer gente como el grupo Calíbar, un movimiento literario de La Rioja, donde plásticos, poetas, grabadistas, escultores se unieron y formaron ese movimiento con un manifiesto... y eso a mi generación la marcó muchísimo y le aclaró muchas cosas en la amplitud… porque pertenecer a un pueblo que venía conservador, pacato y lleno de tradiciones de las cuales no se puede salir... y descubrir el pensamiento de seres que escriben y que se dedican al arte era algo maravilloso. Me marcó mucho ese grupo Calíbar en mi tarea a seguir después.

Fernanda Agüero y Carlos Müller, de Norte Entero, presentan "De este lado del viento", del poeta riojano, en Florida 97, este sábado, a las 19.30. Pancho Cabral cantará acompañado por Rodolfo “Tubo” Moya. Entrada libre y gratuita.

¿Cuándo comenzó a viajar como músico?

Sí bien es cierto yo venía cantando y había una formación de grupos de La Rioja a los que pertenecí y fundé también, me fui con los Huanca Hua a comienzos del año 71. Y fue algo meteórico porque yo había terminado de estudiar Agronomía en Catamarca, había ganado unos premios en poesía, en los juegos florales y a los tres meses de haberme ido de Catamarca y de La Rioja estaba ya en el teatro en Regina con los Huanca Hua, con Eduardo Falú y Ernesto Sábato haciendo "Romance de la muerte del general Lavalle". Y me parecía increíble estar ahí con semejantes personajes que uno admiraba y admira. Después, una gira por Europa con los Huanca Hua, grabar, volver, seguir grabando. Después, un año con Los Andariegos. Esos años en mi juventud fueron maravillosos, una vivencia, un aprendizaje tremendo que supe valorar y supe guardarlo bien en mi saber y acrecentar a través del conocimiento de grandes músicos y de grandes personajes de la literatura, como Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez, Oscar Cardozo Ocampo como pianista, músicos extraordinarios que la vida me permitió conocer.

En el folclore hay un hito con los Huanca Hua, con los Farías Gómez, con toda esa proyección que llevan adelante... Ha editado, Pancho, en 2020 "Retratos provincianos" y "Solar de la albahaca", una música hermosa y muy actual, y uno valora aún más su recorrido desde los 70. Cuénteme sobre esos discos.

El haber convivido en Argentina y en Europa, en los países que conocí, el haber tenido la oportunidad de cantar y tocar con músicos cubanos, mexicanos, nicaragüenses, europeos... uno va acrecentando sonidos y saberes a su bagaje. Esos sonidos quedan en uno, en su memoria, y uno va tratando de ponerlos en su música, en su mensaje, pero sin destrozar nada. Yo digo en un pasaje de "Madre chaya" "cómo cambiar el grito sin destrozar el alma". Y es eso lo que traté de hacer. Porque yo sabía que si perdía mi identidad, mi color, mi paisaje, mis aromas, mis acequias, mis cerros no iba a ser yo. No se trata, como dice Marcel Proust, de cambiar el paisaje sino de poner nuevos ojos. Y traté de hacer eso, de poner nuevos ojos a lo que ya estaba, a lo que está y lo que sigue estando, pero con otra visión, con otra manera, con otra rítmica en mi sonido que yo traía adentro, que lo sigo teniendo y lo sigo desarrollando, por eso estos dos trabajos últimos. En "Retratos provincianos" he tratado de poner lo último de lo que yo siento y con un músico como Ramón Navarro hijo, que supo interpretar lo que yo quería. Retratos es decir los personajes singulares de mi provincia como son, tienen esa magia que a veces algunos no la ven y nosotros -los que componemos- tenemos la hermosa, la bella obligación de mirar todo eso que tienen y que cotidianamente pasa desapercibido para otros. Eso es "Retratos provincianos". Y "Solar de la albahaca" es una manera de decir "este es mi paisaje, este es mi canto", yo le pongo esa rítmica, que no es la misma chaya de José Oyola ni de los Hermanos Albarracín, los Hermanos Peralta Dávila ni la de don Ramón Navarro... personajes que yo admire y admiro. Le puse otra rítmica precisamente por haber convivido con todos esos músicos que he conocido. Artísticamente eso serían esas dos obras.

El cantor riojano ha recorrido el mundo con su arte. Gent. Carlos Ruiz

Y el alma de la chaya subyaciendo en su música… ¿Qué es la chaya?

La chaya para el riojano es su fiesta mayor, su origen es un ritual agrario. Nuestros diaguitas en su lengua kakana ofrecían sus frutos en los rituales agrarios pidiendo por las buenas cosechas y ofrecían lo mejor de cada uno, y en esos meses como el de febrero danzaban, cantaban, gritaban... es lo que nosotros seguimos haciendo con coplas transformadas que, si bien es cierto, tienen la estructura del siglo de oro de la copla española, del romancero español, tienen lo indígena, tienen lo español y tienen -sobre todo la vidala riojana- la rítmica negra, lo afro, que se vio invisibilizado por el hecho de ser esclavos. Ellos no nacieron esclavos, los hicieron esclavos. En La Rioja como en muchos lugares del norte, había esclavos y eso se invisibilizó, pero felizmente los sonidos quedaron no tan solo en el aire nuestro sino también en los genes, y en los genes se va transmitiendo y uno a veces cree que porque toca la caja de tal modo está creando y no. Eso quedó de esa unión de tres formas de vivir, ellos dejaron esos sonidos por eso nuestras vidalas son diferentes, no es lo mismo que una baguala y no tocamos la vidala como en Tucumán, en Santiago o en Catamarca. Tiene otra rítmica.

Latinoamérica tiene esas tres vertientes... y muchas veces, en nuestra formación escolar, se niega el sustrato africano.

Claro, además de edificar un país, de ser mano de obra, los africanos dejaron su música, dejaron sus comidas, dejaron el mondongo, por ejemplo, y toda la influencia que tiene en el tango lo afro, los músicos negros son impresionantes. Entonces, nosotros desde ese ritual agrario venimos jugando después... el chayar, el rociar, el mojar, se le fue aportando elementos simbólicos como la albahaca, que no es nuestra ni tampoco española, es árabe. El agua, la harina y la albahaca son tres elementos fundamentales para nuestro género musical, y yo los reuní –hablando desde otro aspecto- y cree una bandera de la chaya, que se oficializó por medio del Concejo Deliberante, con el verde de la albahaca, el blanco de la harina y el amarillo ocre de la algarroba y en el medio -esta es la fundamentación, ¿no?- una caja chayera, que es el canto mayor, es el canto genuino, primitivo, que todo aquel folclorista o músico que ame su mensaje y su tierra tiene que conocer, porque de allí viene. Esta caja chayera está como un sol en el blanco de la harina y custodiado por los dos palitos de toque, cruzados para que el canto de los jóvenes vaya por los cuatro rumbos, y custodiada por dos ramitos de albahaca a sus costados, pero no cerrada, ¿por qué? porque tiene el sentido de que la copla de los jóvenes, de las nuevas generaciones, no se detenga, siga por ese camino... por eso no está cerrada, están custodiando ese canto primitivo que todo músico, sobre todo riojano, tiene que conocer, ese canto de su tambor, de su caja…

Habla de su tierra con tanta pasión y ha vivido lejos mucho tiempo, ¿hace cuánto que ha vuelto a La Rioja?

Regresé en el 83, me quedé en Buenos Aires un tiempo, de ahí volví a La Rioja y después nos volvimos a ir con mi mujer, que era francesa, y los chicos hicieron la escuela primaria en Francia y ahí retornamos de nuevo, en los 90 y algo, y ya me quedé acá. Mis hijos estudiaron acá su secundaria, uno de ellos que vive en Francia, estudió allá, se licenció, se doctoró... el otro también se licenció, pero vive acá. Estoy hablando de mis dos hijos de mi segunda esposa. Tengo 5 hijos, dos chicas viven en Catamarca, otro vive en Buenos Aires, Nicolás, y los dos hijos con Beatrice.

¿El barrio San Vicente qué es para usted?

Todo (risas). Yo crecí ahí, es mi primera patria. Si tengo que hablar sobre patria, parto desde el barrio, del barrio me voy a los otros barrios, después a la provincia, después a lo adyacente, a los límites regionales, a los límites de un país y es así cómo nace la patria. Esa sería mi primera patria, la que me enseñó a ver músicos precursores tradicionales porque es muy particular ese barrio. No sé por qué razón estaban reunidos muchos músicos populares, don Nicolás Córdoba, don José Oyola -el padre de la chaya se le llama-, los hermanos Agüero... podría nombrar a un montón y tuve la suerte de criarme en ese barrio y ver desde niño al Ciego Roberto, a don Aurelio Espinosa, a músicos precursores tradicionales de mi provincia, escuchar que cantaban, verlos tomar su vino, cantar y seguir... Y todas esas vivencias fueron quedando en un niño, después en un joven y fueron guardadas para siempre, porque después con los años, por ejemplo, escribí una milonga que se llama "Boliche de Santos Vega", que estaba en el barrio de San Vicente -y que acaba de grabarlo Carlos Ferreyra, un cantante riojano, un exquisito cantante nuestro, un amigo y colega-, y describo ese boliche, y eso fue guardado durante toda la infancia, la adolescencia y la vida de adulto y recién nació después de 30, 40 años. Es un barrio que me dio la identidad, el color, el sabor y todo lo que yo pude escribir después; de haber dejado de lado eso, creo que no hubiera sido yo...

 

Un cantautor de culto

Nacido en San Vicente, barrio riojano de poetas, músicas y músicos, Pancho Cabral es un cantautor argentino de culto. Fue parte de Los Huanca Huá y Los Andariegos a principios de los 70, grabó su primer disco como solista en 1976, y al año siguiente se radicó en París, desde donde junto al ballet Los Indianos giraron por Alemania, España e Inglaterra. En 1979 se presenta en el Theatre de la Ville, de París, junto a Mercedes Sosa y participa en el LP de la cantora tucumana “Como un pájaro libre”. En 1985 volvió a Argentina para participar en la obra poético-musical “La Cantata Riojana”, de David Gatica y Ramón Navarro, presentada en 1986 en el Teatro Colón. 

El artista riojano cuenta con una extensa obra literaria, con títulos como “Hombres de albahaca, mujeres de agua”, “Lo simple”, “Coral de la imaginación”, “Kakano y las divinidades diaguitas”, “De la vidala a la chaya”, entre otras.

Ha publicado los discos "Retratos provincianos" y "Solar de la albahaca" en 2020, y este año está presentando su poesía reunida en el libro "De este lado del viento".

 

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