"Hay que fortalecer la parte técnica en los municipios"

Natalia Fuentes asumió  en la semana que terminó como representante de la Cámara de Senadores en el Observatorio de Violencia contra las Mujeres (OVcM), uno de los tres cargos que tenía vacantes la institución.

Es licenciada en Psicología, con formación académica en temáticas de género. Trabajó en la asistencia a víctimas de trata de personas en la Secretaría de Derechos Humanos y fue subsecretaria de Igualdad de Oportunidades hasta mayo.

En diálogo con El Tribuno, consideró que fortalecer el trabajo en el interior está entre las prioridades, en una provincia que no logra revertir una tasa de femicidios, que supera a la de la mayoría de las provincias.

¿Cuáles serán sus objetivos en el Observatorio de Violencia contra las Mujeres?

En el Observatorio hay un equipo de mujeres muy capacitadas que han llevado adelante la publicación de un informe anual que tiene muchísimos datos e información. Es fortalecer y aportar mi experiencia desde el territorio en todos estos años de trabajo en el Poder Ejecutivo,  profundizar más el trabajo en los municipios y seguir trabajando. Se han creado, por ejemplo,  áreas de género en los municipios que hay que fortalecer desde la parte técnica.

El Observatorio tiene un nombre y peso propio pero también se le hacen algunas críticas con respecto a que el trabajo que realiza no tiene que ver con respuestas concretas y con lo que pasa en el territorio ¿Qué mirada tiene sobre eso?

El Observatorio tiene funciones muy específicas. Por ahí, lo que tiene que ver con la respuesta directa a la situación de violencia por motivos de género no es su responsabilidad, sino recolectar, registrar y sistematizar la información que permita que las políticas públicas se diseñen e implementen a partir de un diagnóstico preciso, exacto y de calidad.

Por ahí se espera algunas veces del Observatorio algunas cuestiones que no están dentro de sus funciones. Básicamente es imposible abordar y resolver una problemática tan compleja como la violencia por motivos de género sin hacer este trabajo más profundo.

Habiendo estado en el abordaje, la asistencia y la gestión, no hay tiempo para hacer este análisis tan pormenorizado que hace el Observatorio. Estos insumos son fundamentales para definir, para fundamentar y, sobre todo, para el monitoreo y para pensar en cuestiones que provoquen cambios más profundos. 

Hay organismos para las  respuestas más inmediatas, pero las transformaciones más profundas van a llevar un tiempo. He visto avances estructurales.

Es una problemática multicausal. La respuesta no va a ser simple y única. Así como lleva tantos años de haberse instalado en la estructura de una sociedad y una cultura, para transformarla vamos a tener que dedicar mucho tiempo y un trabajo serio, que me parece que es lo que aporta el Observatorio.

El diagnóstico es fundamental, marca un punto de partida. Para los organismos que trabajan en la temática directamente es calve comenzar el año con algo tan completo como el informe anual del observatorio, que permite observar a nivel estadístico cuántas son las denuncias y cuáles son los municipios donde hay más. Es muy importante para planificar.

Es un análisis necesario.

El diagnóstico es el paso número uno y el paso número dos es tomar decisiones sobre qué problemáticas vamos a trabajar.

A más de ocho años de la declaración de una emergencia provincial por la violencia de género, ¿cuáles cree que son los avances y las deudas?

Desde 2014 hubo muchos avances a nivel normativo e institucional. Se crearon áreas de protección integral en los municipios. Hay botones antipánico, tobilleras, juzgados, defensorías... Se creó el Polo Integral de las Mujeres y, más recientemente, la Secretaría de las Mujeres, Género y Diversidad.

A nivel normativo tenemos una ley para trabajar la violencia. Hay que seguir trabajando profundamente en cuestiones más estructurales y en lo que tiene que ver con la prevención, en una primera etapa que permita evitar la instalación de las situaciones. Por ese lado se puede profundizar mucho más y fortalecer a nivel municipal el trabajo que vienen llevando adelante las áreas de género.

Hay que aceitar un poco la coordinación entre los organismos que tienen responsabilidad directa en el abordaje.

¿Cuál es el frente más crítico y urgente que se debe que abordar hoy?

Creo que lo que surge en este momento es empezar a focalizar las acciones en las zonas que son más críticas, tanto a nivel de capital como de los municipios. Con el informe anual del Observatorio se puede pensar en estrategias más adecuadas y adaptadas a la realidades locales.

Por ahí pensamos en estrategias que no resultan en todos los municipios. Hay que diseñar estrategias locales que tengan que ver con la participación de las personas que se encuentran en el territorio.

La ley Micaela, que obliga a todos los trabajadores del Estado a formarse en cuestiones de género, ya tiene más de tres años. ¿Cuál es el impacto que tuvo?

Se viene trabajando mucho desde antes de la ley. La población de funcionarias y funcionarios del Estado es muy grande. El trabajo tiene que ser sostenido y es difícil llegar a todos y todas.

El tema más acuciante para Salta es la alta tasa de femicidios ¿Cómo hay que trabajar frente a eso?

Justamente en el informe del observatorio de este año se advierte que dos de los crímenes que se produjeron fueron en comunidades aborígenes. Una de las recomendaciones es trabajar profundamente también con la población originaria, sobre todo en una provincia como la nuestra, donde la presencia intercultural es muy importante.

Hay que continuar trabajando también con los varones. Sería una herramienta que permita trabajar con la prevención.

La mayoría de la sociedad tiene la mirada de que todo se resuelve con penas más duras.

Totalmente. Obviamente, que hay situaciones extremas en las cuales esta es la respuesta. Pero lo ideal es trabajar siempre desde un diagnóstico y, si ya sabemos cuáles son los problemas, adelantarnos y prevenirlos. El trabajo con varones es algo que previene muchas veces, sobre todo porque todos y todas hemos sido criados en una sociedad machista y patriarcal. Casi ninguno ha escapado a eso, incluso los que trabajamos en el tema.

Hace falta reconocer la necesidad de trabajar, tanto con mujeres como con varones y diversidades. Es muy importante.

¿Cómo se trabaja con un varón violento?

Sabemos que desde un primer momento hay una resistencia porque está tan naturalizada la violencia que, por ahí , el primer paso es que puedan reconocer que los vínculos no se establecen desde la desigualdad, desde el sometimiento, desde pensar que el otro género es inferior o que tiene que someterse al género masculino.

Obviamente el trabajo es individualizado y es distinto en cada caso, porque no hay una receta única, sobre todo cuando hablamos de cuestiones psicológicas pero sí , en primer lugar está la necesidad de reconocer la importancia de modificar esto.

Se trata de avanzar no solamente desde lo discursivo sino que esto provoque una deconstrucción en los varones.

 

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