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Suecia: descendiendo del paraíso

Suecia fue considerada por mucho tiempo un paradigma del Estado de Bienestar y visualizada como un modelo de sociedad próspera, libre e igualitaria. Esa imagen tan atractiva ya no refleja la realidad. La manifestación más palpable de ese deterioro es el auge de la violencia, convertido en un problema nacional de primera magnitud. Un informe del Consejo Nacional Sueco para la Prevención del Delito (BRA por su sigla en sueco) reveló el año pasado que el país atraviesa una grave crisis de seguridad, signada por el avance de bandas criminales vinculadas al narcotráfico. El problema golpea en la opinión pública y amenaza con tener un fuerte impacto en las elecciones legislativas convocadas para el próximo 22 de septiembre. El cambio ocurrió en la última década. A principios de 2000, Suecia ocupaba el 18´ lugar entre veintidós países europeos en términos de muertes por armas de fuego, o sea que se encontraba entre los lugares de menor violencia armada en una región que es de por sí poco violenta a escala mundial. En 2003 registraba anualmente dos muertes por cada millón de habitantes, cuando el promedio europeo era de 3,8. Pero mientras a nivel continental comenzó un proceso sostenido de descenso de ese tipo de muertes, en Suecia sucedió lo contrario. En 2012 comenzó una escalada que en 2017 duplicó aquella cifra y la ubicó en cuatro por cada millón de personas, cuando la media europea había bajado de 3,8 a 1,6. Esto hizo que Suecia pasara del puesto 18´ al segundo lugar, solo por debajo de Croacia.

El criminólogo Ardavan Khoshnood, académico en la Universidad de Lund, explica que "se puede decir que las causas más importantes son tres.

Primero, hay muchas armas de fuego ilegales en Suecia. Se introducen de contrabando desde los Balcanes y el Estado no ha encontrado ningún medio eficaz para detenerlo.

Segundo, hay muchas bandas y redes criminales sueltas en el país y la mayoría de los tiroteos están relacionados con estos grupos. Suecia no ha sido capaz de detener sus actividades.

Tercero, la mayor parte de los implicados en estos tiroteos, tanto en calidad de agresores como de víctimas, son inmigrantes procedentes de zonas vulnerables. Suecia ha fracasado en su integración y en el cuidado de esas áreas, que se caracterizan por su bajo nivel socioeconómico y educativo, la alta criminalidad y el escaso nivel de empleo".

El desafío de la inmigración

La principal conclusión del informe del BRA es que el aumento de la violencia armada obedece a la aparición de bandas criminales en regiones socialmente rezagadas, pobladas mayoritariamente por inmigrantes. Ocho de cada diez tiroteos están vinculados con la acción de estos grupos, que se enfrentan entre sí o contra la policía. El estudio consigna que entre los extranjeros existe una elevada desconfianza en el sistema bancario, lo que hace que depositen dinero en efectivo en sus domicilios, transformados en botines apetecibles para los delincuentes. Ese recelo hacia los bancos incentiva el desarrollo de un mercado negro de créditos, que suele ser fuente de violencia. También hay desconfianza hacia las fuerzas de seguridad, lo que lleva a que los comerciantes de esas zonas acepten las ofertas de protección de organizaciones criminales.

Según el Consejo Noruego para Refugiados, Suecia es el noveno país del mundo que admitió mayor cantidad de solicitantes de asilo en relación a su población entre 2010 y 2019. La mayoría provino de Siria y Afganistán. En Europa comparte el primer puesto con la isla de Malta. Solo en esos nueve años ambos admitieron el equivalente al 2,7% de su población. Henrik Tham, académico del Departamento de Criminología de la Universidad de Estocolmo, afirma que "hoy en día una quinta parte de la población sueca ha nacido fuera del país y además varios cientos de miles son inmigrantes de segunda generación. La integración de parte de esa población ha sido difícil. Viven en zonas segregadas en los suburbios de las ciudades. Las habilidades que traen de sus países no siempre son útiles en el mercado laboral sueco y, además, en muchos casos enfrentan problemas con el idioma. Los hombres de las zonas expuestas ven bloqueadas sus oportunidades legítimas de progreso. Entonces recurren a medios ilegítimos".

Como ocurre en todas partes, el narcotráfico es una tentadora fuente de ingresos para poblaciones en las que el acceso al trabajo es una carrera repleta de obstáculos. En la medida en que esas dificultades se acrecientan, los jóvenes de esos guetos se convierten en mano de obra de las organizaciones criminales. Casi todo el incremento de muertes por armas de fuego en Suecia está concentrado en jóvenes de entre 20 y 29 años. En esa franja, la tasa de mortalidad sube a 18 por cada millón de personas, cuatro veces más que el promedio de toda la población. Manne Gerell, académico del Departamento de Criminología de la Universidad de Malmo, advierte que "la policía tiene que mejorar sus índices de detención y el gobierno tiene que mejorar la prevención para detener el flujo de los jóvenes hacia las bandas".

¿Giro a la derecha?

El sistema político sueco, cuyas características parecen extraídas de "Borgen", la popular serie de Netflix situada en la vecina Dinamarca, exhibe síntomas que presagian una crisis.

La primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson fue elegida con 105 votos a favor, 173 en contra y 75 abstenciones.

Su legitimidad deriva de que la norma constitucional establece que para ser ungido el gobierno no necesita obtener una mayoría de votos a favor sino no tener una mayoría de votos en contra entre los 375 miembros del Parlamento. Para conseguir la abstención de las bancadas de dos partidos de centroderecha tuvo que aceptar una ley de presupuesto rechazada por los legisladores del Partido Verde, que en señal de protesta abandonaron la coalición gubernamental.

La socialdemocracia que hoy gobierna en minoría parlamentaria es la principal fuerza política de Suecia desde hace más de un siglo, aunque casi siempre necesitó forjar alianzas hacia su derecha o hacia su izquierda y desde la década del 80 se vio obligada a impulsar un giro hacia el liberalismo económico que desdibujó su identidad, le quitó parte de su base de sustentación y alimentó el avance de un sector de la izquierda más radicalizada, que incluye al viejo Partido Comunista. En las últimas elecciones legislativas de 2018 los socialdemócratas lograron solo el 28,5% de los votos, su menor porcentaje desde 1911. Solo pudieron mantenerse en el poder porque los partidos de centro y de derecha rehusaron negociar una entente con Demócratas de Suecia, una formación de ultraderecha con tintes xenófobos y una predica centrada en la restricción a la inmigración y la “mano dura” contra el delito, que paradójicamente también cosechó el apoyo de antiguos votantes la socialdemocracia. Todo indica que la cuestión de la inseguridad ciudadana y la controversia sobre la inmigración teñirán la campaña para las elecciones de septiembre. Con esa agenda, la socialdemocracia lleva las de perder y Demócratas de Suecia puede realizar una elección histórica. La Alianza por Suecia, integrada por el Partido Moderado, la democracia cristiana, el Partido de Centro y el Partido Liberal, que hasta ahora había establecido un “cordón sanitario” sobre la ultraderecha y de esa manera le otorgó una sobrevida a los socialdemócratas, está tentada a rever esa posición y negociar un entendimiento que le permita acceder al gobierno.

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.
 

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