"Israel", el asentamiento donde muchos seguirán sin existir para el Estado

Acarrean agua desde barrios cercanos, venden lo que pueden rescatar del basural, comparten viviendas entre varias familias y van agregando habitaciones mientras esperan que alguna vez las oportunidades sean para ellos. Así pasan los días los vecinos de "Israel", uno de los asentamientos del sudeste de Salta capital que no existían en el censo 2010 y que crecieron especialmente con el impulso de la pandemia. Como en otros puntos de la ciudad, en la zona el relevamiento poblacional quedó incompleto y muchos seguirán sin existir para el Estado.

"Los censistas no andaban casa por casa. Estuvieron en un punto específico y la gente tenía que acercarse a responder el cuestionario, pero ellos esperaban que vayan hasta sus puertas. No les habían informado. Por eso muchos quedaron sin ser censados. Nos avisaron que ahora se puede ir a la escuela 4811 para contestar ahí las preguntas", contó a El Tribuno Laura Sajama, una referente de Cáritas que trabaja en el lugar desde hace años.

En la casa de Marcela Orihuela, seis personas comparten tres camas, una pieza y muchas necesidades. "Nos hacen falta chapas y ladrillos para agrandar", se apura a pedir la mujer cuando ve llegar a alguien que no es del barrio.

Marcela tiene 72 años. Camina como puede sobre el barro del patio, con un pie hinchado que no le cabe en ningún calzado. Se le cayó encima una olla de agua hirviendo y en el hospital le dijeron que le darán un turno para una cirugía, pero no sabe cuándo. El centro de salud cercano es un lujo que no existe para ella.

En la cuadra siguiente, Rocío Torres vive con otras 10 personas bajo un mismo techo. En la entrada se acumulan botellas de plástico que venderán en algún momento. Con 22 años, hasta ahora solo pudo completar el primer año de la secundaria, pero dice que le gustaría terminar la escuela algún día por su hija, que tiene siete.

"Hace falta luz y seguridad. Que vengan patrullas porque nos robaron varias veces y hay mucha violencia", lamentó la joven. Comparte la casa con su suegro, que es ciego, y la familia de su pareja.

"Israel" tuvo sus inicios hace unos cinco años según las familias. Las casas están a metros del vertedero San Javier, donde va a parar la basura de la capital y alrededores. Los vecinos se esperanzan con la llegada de los servicios. Del lado de las autoridades dicen que es imposible urbanizar el sector porque es un riesgo vivir tan cerca del basural. Pero la necesidad hizo que muchos se instalen ahí y ya tienen construcciones en las que pusieron lo poco que tenían.

"La mayoría de las familias trabaja con los residuos del vertedero, donde hay cooperativas de recuperadores. Por la pandemia, muchos se quedaron sin hogar y vinieron a estos asentamientos", contó Laura Sajama. La mujer lleva adelante programas de Cáritas para la primera infancia y acompaña en todo lo que pueden a embarazadas y niños de hasta seis años.

En algunas de las calles se acumulan montañas de desechos. Un vecino cuenta que la gente saca bolsas del basural para rescatar materiales reciclables y luego quedan desperdigadas.

Las conexiones eléctricas en las casas son tan precarias como peligrosas y, para tener agua, la única opción es caminar hasta barrios como Solidaridad y cargar un balde. En ninguna puerta se ve el sticker del censo 2022 que seguramente quedará como recuerdo durante un largo tiempo en las casas del centro.

 

 

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