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Caputo defendió la apertura automotriz y Ford alerta

El ministro de Economía justificó el ingreso de autos chinos. Empresas advierten que algunas terminales en el país corren riesgo.
Sabado, 17 de enero de 2026 00:00
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El debate por la apertura del mercado automotor sumó en las últimas horas dos voces de fuerte peso político y empresarial. Mientras el ministro de Economía, Luis Caputo, defendió la importación de vehículos eléctricos e híbridos sin aranceles y aseguró que la medida "beneficia a todos los argentinos", el presidente de Ford Argentina, Martín Galdeano, advirtió sobre los problemas de competitividad del sector y no descartó que alguna terminal pueda cerrar en el país si no se corrige la elevada carga impositiva.

Caputo salió al cruce de las críticas formuladas por el diputado Miguel Ángel Pichetto, quien cuestionó la llegada en los próximos días de unos 7.000 autos eléctricos de origen chino, principalmente de la marca BYD. A través de redes sociales, el ministro explicó que "solo dos modelos de autos se producen hoy en el país (Peugeot 2008 y Fiat Cronos)" y que la Argentina "produce esencialmente camionetas, de las cuales el 70% se exporta".

En ese marco, sostuvo que la importación de vehículos híbridos y eléctricos sin arancel fue acordada con la propia industria automotriz y que existe un cupo máximo de 50.000 unidades anuales. "De ese total, solo la mitad puede provenir de marcas chinas, lo que representa menos del 5% de los patentamientos de 2025", precisó.

Caputo remarcó además que la medida permitió que los precios de los autos en la Argentina comiencen a converger con los de los países vecinos, incluso siendo más bajos en algunos casos, y que impulse el desarrollo de infraestructura eléctrica, alentando proyectos de fabricación de camionetas eléctricas en el país. "También permitió que los argentinos puedan elegir entre una mayor variedad de autos, con distinta tecnología, y más baratos de mantener. En conclusión, ha sido una medida que ha beneficiado a todos los argentinos", afirmó.

Las declaraciones apuntaron directamente a los cuestionamientos de Pichetto, quien había advertido que el ingreso masivo de vehículos chinos implica "una pérdida de dólares para financiar importaciones que destruyen el trabajo argentino" y que resulta imposible competir con "una industria subvencionada por el Banco Central chino". El legislador incluso vinculó la política comercial argentina con la postura del expresidente estadounidense Donald Trump, al señalar que "el libre comercio con China es un límite" y que podrían surgir tensiones con Estados Unidos.

En paralelo, desde el sector empresario se escucharon advertencias sobre la situación estructural de la industria local. En una entrevista, el presidente de Ford Argentina, Martín Galdeano, sostuvo que la principal dificultad para competir en el mercado global no es tanto la apertura comercial sino el peso del sistema impositivo. "Las limitantes hoy para nosotros son dos: una es el marco impositivo y la otra es cómo la Argentina se integra al mundo. En esto último venimos progresando, con anuncios como los acuerdos con la Unión Europea y con Estados Unidos, pero el gran problema sigue siendo la carga tributaria", explicó.

Galdeano fue más allá y señaló que no le sorprendería que alguna automotriz cierre operaciones en el país. "No me sorprendería que sea un camino donde cada vez sea más difícil justificar proyectos de inversión. Competimos en un mercado global contra productores que no tienen estas mochilas impositivas y que, además, cuentan con políticas de Estado que incentivan la producción y la exportación", advirtió.

"Cada eslabón suma impuestos"

El titular de Ford detalló que una planta como la de Pacheco arrastra entre 12 y 15 puntos de impuestos solo para exportar. A eso se suman tributos nacionales como el impuesto al cheque y eventuales retenciones, además de Ingresos Brutos —al que calificó como "el más distorsivo y nocivo"— con una carga de entre seis y siete puntos, y tasas municipales que agregan otros dos o tres puntos. "Cuanta más cadena productiva local tenés, peor es, porque cada eslabón suma impuestos y te resta competitividad", explicó.

El cruce de posiciones expone dos planos del mismo debate. Por un lado, el Gobierno defiende la apertura y la competencia internacional como una herramienta para bajar precios, ampliar la oferta y acelerar la transición tecnológica hacia la electromovilidad. Por otro, las terminales advierten que, sin una reforma profunda del esquema impositivo y sin políticas que equiparen las condiciones frente a otros países, la industria local seguirá perdiendo margen para atraer inversiones y sostener empleo.

En ese escenario, la llegada de autos eléctricos importados, las tensiones geopolíticas en torno a China y Estados Unidos, y la discusión sobre la competitividad estructural de la economía argentina se combinan en un mismo tablero.

Otra discusión 

En ese contexto, fuentes del sector señalaron que la discusión de fondo no solo pasa por el origen de los vehículos importados, sino por la velocidad con la que la Argentina logre adaptar su marco regulatorio y su infraestructura a la transición hacia la movilidad eléctrica, un proceso que en otros países avanza de la mano de incentivos fiscales, financiamiento específico y planes de largo plazo, mientras que a nivel local todavía muestra un desarrollo incipiente y fragmentado.

 

 

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