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México: un nuevo escenario para el narcotráfico

La caída del jefe del cártel de Jalisco y el endurecimiento de las políticas del Gobierno no resultarán suficientes controlar el despliegue del crimen organizado, una de las principales fuentes de empleo y con enorme poder económico y territorial en el país.
Miércoles, 04 de marzo de 2026 01:29
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"Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos", la famosa frase atribuida al expresidente azteca Porfirio Díaz, recobró vigencia en el sentimiento de muchos de sus compatriotas cuando la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", legendario líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), desencadenó una escalada de violencia que provocó más de 250 bloqueos de rutas, incendios y actos de violencia en, al menos, dieciséis estados mexicanos.

El Nueva Generación es el más relevante de los clanes que concentran el narcotráfico mexicano, una actividad que desde hace varias décadas es un factor estructural del sistema político y la estructura económica de un país relevante que integra el G-20, tiene una frontera de miles de kilómetros con Estados Unidos y es la principal ruta de ingreso de estupefacientes en su vecino del Norte.

El narcotráfico impera en vastas regiones de México donde impone su ley. Una pormenorizada investigación coordinada por el académico mexicano Rafael Prieto Curiel, del Centro de Ciencias de la Complejidad, con sede en Viena, señala que los grupos criminales emplean un "ejército" de unas 175.000 personas y constituye la quinta fuente de empleo, detrás del Fomento Económico Mexicano (la empresa embotelladora de Coca Cola más grande del mundo), Walmart, Manpower y América Móvil, por encima de la Petrolera Pemex y del poderoso Grupo Salinas. Ese trabajo estima que en la actualidad solo el cártel de Jalisco tiene bajo su mando más de 20.000 miembros activos.

El mismo estudio calcula que el 17,9% de esos pandilleros pertenece al CJNG. Lo seguirían el Cártel de Sinaloa, con el 8,9%, la Nueva Familia Michoacana, con el 6,2% y la Unión Tepito con el 3,5%. Importa subrayar que el 59% restante forma parte de una cantidad de grupos menores en permanente proceso de reconfiguración, lo que revela el grado de fragmentación del sector y torna aún más dificultosa la acción de las autoridades.

Las bandas realizan un trabajo permanente de reclutamiento en la franja de menores de entre 14 y 18 años. Según Prieto Curiel "en diez años el 17% de los individuos reclutados por los cárteles habrá muerto y el 20% estará incapacitado en alguna prisión". Según el estudio, las pandillas necesitarían reclutar entre 350 y 370 personas por semana para mantener su nivel de actividad. Esto explica la prioridad otorgada a las tareas de captación y entrenamiento de sus miembros.

Pero ese impactante número de integrantes de esas organizaciones supone empero un ínfimo porcentaje de la población económicamente activa. En términos rigurosamente empresarios, lo más impresionante es su nivel de productividad. Si se mide en términos de su gigantesco volumen de facturación, el narcotráfico es de lejos, y sin ninguna comparación posible, el negocio más rentable de la economía azteca, al tiempo que - por su naturaleza intrínseca - es también el factor de poder con mayor gravitación en el sistema político y judicial. En esta realidad influye que el negocio de las drogas ya no es la única actividad de los cárteles. Su crecimiento económico y la extensión de su dominio territorial permitió su progresiva incursión en otros rubros delictivos, entre ellos el tráfico de personas, la extorsión a empresarios y comerciantes en las zonas bajo su control, el cobro ilegal de peaje en las rutas, los secuestros y la sustracción y venta ilícita de gasolina.

Algo cambió tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, que coincidió con la creciente penetración del fentanilo, una droga mortal que produce estragos en la juventud estadounidense. La administración republicana incorporó a los principales cárteles mexicanos en la lista de "organizaciones terroristas", una inclusión que habilitó la intervención directa de las fuerzas militares y de seguridad en territorio azteca para materializar su desmantelamiento.

Esa decisión fue acompañada por la creación de la Fuerza de Tareas Conjunta Interagencias contra los Cárteles, un ente que facilita la acción coordinada entre la CIA, la DEA y todos los organismos de inteligencia. A su frente fue designado el general Maurizio Calabrese, un oficial que tuvo un desempeño destacado en las operaciones contra Al Qaeda y el ISIS. La misión asignada no dejaba lugar a equívocos: "identificar, interrumpir y desmantelar operaciones de cárteles que representen una amenaza para Estados Unidos a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México".

La presión de Washington sobre la presidente azteca Claudia Sheinbaum, quien sustituyó a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), obligó a un cambio de estrategia que derivó en una mayor colaboración entre las autoridades locales y el sistema de inteligencia estadounidense, que posibilitó la localización y posterior muerte de "El Mencho".

Este viraje político es más palpable si se recuerda que en 2019 cuando las fuerzas federales detuvieron y enseguida liberaron a Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín "El Chapo" Guzmán, el líder histórico del cártel de Sinaloa y por muchos años el más importante de México (actualmente preso en Estados Unidos), López Obrador reconoció haber ordenado esa liberación para evitar un baño de sangre.

La narcocultura

Para comprender esta decisión de López Obrador corresponde indagar en la evolución histórica del fenómeno del narcotráfico en México. Los inmigrantes chinos introdujeron el cultivo de la amapola, la materia prima del opio, que tuvo un rápido desarrollo en varios estados e inauguró un próspero mercado ilegal de exportación a Estados Unidos. Pero la consolidación organizativa tuvo lugar entre 1930 y 1970, en sintonía con el afianzamiento del poder hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y se patentizó en el llamado "Triángulo Dorado", donde los contrabandistas profesionalizaron el tráfico de sustancias ilegales a través de las rutas terrestres y aéreas. En 1976, la "Operación Cóndor", que implicó el bombardeo aéreo de las plantaciones de marihuana y amapola en los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango, forzó la mudanza de la actividad hacia Guadalajara, lo que originó el nacimiento de la primera de las grandes corporaciones, el Cartel de Guadalajara, comandado por tres personajes míticos: Miguel Ángel Félix Gallardo (el "Jefe de Jefes"), Rafael Caro Quintero (el "Narco de Narcos") y Ernesto Fonseca Carrillo, ("Don Neto").

Pero en 1985 el asesinato del agente de la DEA Enrique "Kiki" Camarena provocó una reacción de Washington que forzó la caída de esa estructura y una balcanización del mapa criminal, que fue seguida por el predominio de los cárteles de Sinaloa, Tijuana y Juárez. Con el cambio de siglo, tras el colapso de los cárteles colombianos, esas bandas se erigieron en actores globales, ya con el liderazgo del "Chapo" Guzmán. Esta reconfiguración sobrevivió exitosamente a la intervención del Ejército en las tareas represivas dispuesta en 2006 por el presidente Adolfo López Mateos.

La captura de "El Chapo" en 2016 abrió camino para el encumbramiento de "El Mencho", cuya desaparición vuelve a generar un vacío de inciertas consecuencias. Una alternativa sería que Nueva Generación logre una sucesión ordenada. La otra es que, como ya ocurrió en situaciones semejantes, estalle una guerra sucesoria que acentúe la fragmentación de las bandas.

Pero lo que no es previsible es que la caída de "El Mencho" sea un golpe decisivo. El narcotráfico ha calado hondamente en la sociedad mexicana. La "narcocultura" forjó un imaginario colectivo que glorifica las vidas de ciertos narcotraficantes, elevándolas a la categoría de figuras casi míticas. Aunque nunca se admita oficialmente, para una franja de la población, el narcotráfico no es un problema para México sino para Estados Unidos.

Esa narrativa resalta la trayectoria de algunos líderes de los "cárteles" como émulos de Robin Hood y crea expectativas de emular su estilo de vida. A través de la música popular estos personajes se convirtieron en símbolos de poder, riqueza y resistencia, especialmente en los territorios donde el Estado y las autoridades locales son mirados con desconfianza y aversión.

Esta percepción colectiva hace que una parte significativa del sistema político mexicano considere que el narcotráfico llegó para quedarse y el desafío resida en cómo contener su avance. La presión estadounidense, redoblada por Trump, busca obligar a Sheinbaum a revisar ese criterio.

* Vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico

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