Bomba de tiempo en una época de fragilidad

El retroceso educativo era absolutamente previsible desde el momento en que se cerraron las escuelas para evitar los contagios de COVID-19. La pérdida de casi dos períodos lectivos consecutivos solo podía augurar un desastre para los niveles de aprendizaje. Las autoridades debieron preverlo

Con el esfuerzo de los maestros y profesores no alcanzó ni podía alcanzar. Preverlo no significaba evitar el cierre de las escuelas sino tomar medidas de excepción para que el daño fuera el mínimo posible.

Esas medidas consistían en aplicar recursos extraordinarios para expandir la cobertura de wifi en todo el territorio provincial, especialmente en las áreas rurales; agotar esfuerzos para que los hogares pudieran disponer de conexión y medios de modo que los niños de todos los niveles pudieran sostener un nivel básico de contacto con los maestros. Al mismo tiempo, era necesario replantear y replanificar la currícula y el calendario escolar con proyección a los cuatro años siguientes, con una metodología que no obligara a recurrir a la repetición masiva ni a volver a la mala praxis de la promoción automática. Hacía falta, en definitiva una visión pedagógica y una enorme capacidad de gestión en política educativa.

Cabe señalar que, al mismo tiempo, era imprescindible desarrollar un sistema de evaluación permanente. Sin objetivos, sin un método adecuado a las circunstancias y sin evaluación, la educación no existe,

El aumento de recursos que distribuyó el Gobierno nacional entre las provincias estuvieron dirigidos a otros destinos.

Las pruebas Aprender 2021 fueron contundentes a nivel nacional: entre 2018 y 2021 el porcentaje de estudiantes de primaria con buenos resultados en Lengua cayó 21 puntos . En Matemática, el retroceso fue del 3%

Pero el golpe más fuerte lo sufrieron los alumnos de sectores de menores ingresos: en Lengua el retroceso a nivel nacional fue de 58,9% a 28,9%; en Salta, la caída fue más profunda; de 63,7% a 30,9%. En Matemáticas, en el país el rendimiento de este grupo bajó 12% y en nuestra provincia, de 17%.

La pandemia causó un daño universal. El Banco Mundial, Unesco y Unicef lo definieron hace unos días como "la peor crisis de la educación y el aprendizaje de la que se tenga registro en la historia", e informó que "la pobreza de aprendizaje se incrementó en un tercio en los países de ingresos bajos y medianos, donde se estima que el 70% de los niños de 10 años no puede comprender un texto simple"

En el mundo, y especialmente en América Latina, la desigualdad y el desequilibrio en la distribución del ingreso ponen en riesgo la estabilidad política y la paz social en muchos países.

El retroceso educativo verificado en estos días atenta contra el futuro de toda una generación.

La educación pública, obligatoria y gratuita, desarrollada desde 1869, fue la política de Estado más progresista e inclusiva en la historia de nuestro país. La misma calidad educativa para todos. Desde hace cuatro décadas esa construcción, necesaria para una Argentina con iguales oportunidades para todos, se fue deteriorando de la mano en que una grieta social inédita crecía sin cesar. La disminución de días de clase, por diversos motivos, entre ellos los paros docentes, fue dividiendo socialmente a las cohortes educativas.

El desarrollo del lenguaje y la riqueza del vocabulario son esenciales para la incorporación de destrezas y aptitudes para el estudio y para el trabajo.

Lo mismo ocurre con la disciplina que madura en la regularidad escolar. Pero el lenguaje no solo se adquiere en el aula sino también en la familia y en el barrio. Con la escuela cerrada, las inequidades se agudizan.

Mucho antes de la pandemia, en la Argentina comenzó a hablarse de "tragedia educativa". En los últimos 30 años se sancionaron dos leyes generales de Educación; también se dispuso un incremento del presupuesto, pero las evaluaciones internacionales muestran a la escuela argentina en un acelerado retroceso.

El Consejo Federal de Educación debería buscar una solución y tratar de desactivar lo que es una verdadera bomba de tiempo que, si estalla, será devastadora.

 

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