Se fue Héctor Julio, un emblema de la radiofonía del norte

Corresponsalía Tartagal

En el norte de las décadas del 60, 70, 80 y hasta los 90, Héctor Julio "Taquito" Pereyra, en radiofonía fue todo, hizo de todo. Su elemento de trabajo que acompasado y armonioso lo acompañó hasta su último día seguirá resonando en el oído, pero, sobre todo, en el corazón y el sentir de los norteños por muchos años más , porque su voz será inolvidable e imposible de imitar.

Las publicidades radiales de esos años, la conducción de los programas informativos , la transmisión de los eventos deportivos como el fútbol, el básquet y el box -los únicos que se practicaban en aquellos años- no eran tales si la voz de "Taquito" Pereyra no relataba, no describía, no informaba o no persuadía para que las amas de casa fueran derecho a aquellos negocios a comprar lo que "Taquito" promocionaba.

La conducción de los eventos sociales y culturales -el corso, los festivales, los bailes, las elecciones de reina- lo tenían presente con ese inconfundible timbre de voz que se adaptaba naturalmente a cada evento porque a Héctor Julio nada de lo que tenía que ver con usar su voz le costaba.

Si hasta se animó a hacer de actor de radionovela -cuando eran el verdadero boom- y aún así tan conocida como era su voz que sonaba en la vieja L.W 2 Radio Tartagal, también fue capaz de ponerse en la piel de algún personaje -bondadoso o malvado, daba lo mismo-, porque su voz era su don.

Un don de Dios al que le confiaba toda su vida, su trabajo, su familia, porque era profundamente creyente.

"A la cancha muchachos, a la cancha", se lo escuchaba decir antes de cualquier evento deportivo.

"El que no conoce (nombraba el comercio), no conoce Tartagal", eran algunas de sus muletillas y si la publicidad ameritaba cantar, pues "Taquito entonaba sin más".

En los últimos tiempos aconsejaba "escuchar menos los medios, menos noticia y escuchar más a Dios".

"Si lo escucháramos un poquito más todo sería mejor", expresaba con la convicción del cristiano comprometido que siempre fue.

Hasta incursionó en la política, porque su militancia dentro del peronismo afloraba a flor de piel cuando el comentario así lo requería.

Un hombre de familia

Casado con su esposa Totty vivía en "la populosa" (una expresión que sin duda le pertenece) Villa Gemes hasta que su enfermedad de muchos años hizo que en los últimos meses debiera ser hospitalizado y luego trasladado hacia la ciudad de Salta donde falleció el día 16 del corriente.

En la jornada de ayer no hubo programa de radio ni de televisión (porque también incursionó, aunque con menos asiduidad que en el éter) que no lo recordara, que no pasara sus publicidades que son parte de la historia de Tartagal.

 

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