Con poco tiempo y las papas quemando

Mañana, a las 17, el ministro de Economía Sergio Massa, formulará anuncios más precisos que los de la semana pasada acerca de las medidas que se tomarán para cumplir con las metas de déficit comprometidas con el FMI y frenar la escalada inflacionaria que está destruyendo las arcas públicas y privadas. Por lo pronto, el desplazamiento de los funcionarios kirchneristas en el área energética supone un repliegue de Cristina Kirchner. La llegada de nuestra comprovinciana, la ingeniera Flavia Royón, es una buena noticia. Se trata de una funcionaria con sólida formación académica y larga trayectoria en cargos gerenciales en el sector privado. A ella le tocará gestionar uno de los puntos más críticos del descalabro macroeconómico que atraviesa el país. Los subsidios al consumo de energía representan el 70% del déficit fiscal primario y habrá que reducirlos al extremo. Pero cuidando que ese incremento no imposibilite el pago de los hogares de menores ingresos.

Los ajustes que pretende realizar Massa (y todas las medidas que deberían configurar un plan económico) tendrán que tener en cuenta la foto del país: más del 90% de inflación estimada hasta fin de año, 40% de pobreza y más en el interior, 8 millones de trabajadores informales, cerca del 50% de economía en negro, la enorme cantidad de beneficiarios de planes sociales, jubilados y pensionados cobrando la mínima, que no les alcanza para llegar a fin de mes; el exceso de subsidios a la energía y al transporte y los más de 6 billones de pesos en títulos públicos que generan intereses anuales superiores al 60%. Todo se paga con emisión monetaria generando mayor inflación y pobreza, el ajuste más injusto y más insoportable. La película se irá viendo en los próximos días. Es necesario un plan económico integral, pero con el poco tiempo que queda, esperemos solamente que se instrumente un programa de estabilización para evitar una hiperinflación, estallidos sociales, default y mantener el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Sería interesante que este ministro instrumente medidas para ordenar y cambiar la organización de la economía, apoyando al sector privado generador de trabajo genuino y riqueza para apuntalar el crecimiento.

Los objetivos que comunicó Massa fueron materia de análisis por distintos sectores del País y del exterior. Como primera impresión, el rumbo elegido fue el correcto; el detalle se empezará a despejar mañana.

La experiencia del ex ministro Martín Guzmán no se olvida: en noviembre de 2020 hubo una corrida cambiaría significativa y el miedo que generó ese desequilibrio (a valores actuales la cotización del dólar a un precio cercano a 410 pesos) obligó a Guzmán a realizar un importante ajuste que redujo la cotización del dólar blue cercano al 30%. Hasta ese momento todo bien, pero con la derrota del kirchnerismo en las PASO de medio término del 2021, las culpas por ese ajuste recayeron en el exministro, a quien le ordenaron realizar el "plan platita". Cuando se resistió, le recordaron que él estaba allí porque ganaron las elecciones a presidente. Así vino el reparto a diestra y siniestra, pero el despilfarro no le alcanzó para ganar las elecciones y perdieron el control en la Cámara de Diputados

Esto fue un error en la decisión de política económica ya que por la gran cantidad de dinero emitido, que no fue acompañado por la inversión y la producción. Así se generó un proceso inflacionario significativo y creció la desconfianza de la sociedad; asimismo, la falta de dólares para importar insumos produjo una disparada del dólar blue y subas en algunas versiones del dólar financiero, como el Contado con Liqui. Por no poder realizar los ajustes que pretendía, Guzmán se fue del gobierno, Silvina Batakis asumió y el mercado no le creyó los anuncios que hizo y el dólar financiero y blue alcanzaron valores récords solo en una semana. Esta situación obligó al Gobierno a nombrar como ministro a Sergio Massa, a pesar del desagrado de varios núcleos del oficialismo. Claro que "la necesidad tiene cara de hereje" y las decisiones que se tomen para evitar el colapso necesitarán apoyo político de todos.

De lo contrario, la crisis se los llevará puestos. Hasta ahora, las señales son ambiguas. El mercado, analistas y varios sectores políticos siguen apostando a Sergio Massa en una especie de romance hasta que se conozca la letra chica. Todos saben que los problemas estructurales se deben solucionar con cambios contundentes.

¿Los tiempos electorales le darán chance a Massa? Una semana ni un año son suficientes para arreglar los vicios generados por las malas políticas económicas implementadas a través de los años.

El ministro deberá pisar tierra firme, porque existe el temor (en una sociedad chamuscada de tantos fracasos) que todo sea más de lo mismo en la economía: ajuste a los privados, tope a planes y contrataciones nuevas entre otras medidas, pero sin aplicar recortes al gasto público ni eliminar impuestos.

Corremos el riesgo de que la prioridad sea ganar las elecciones el próximo año con políticas populistas, cuando en realidad necesitamos cambios estructurales y poder políti co para realizarlos. El riesgo, se ve, es muy grande

 

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