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Perón-Balbín, la fórmula que no se pudo concretar

Hace 50 años que la violencia mató a la reconciliación.
Domingo, 06 de agosto de 2023 02:46

Los trágicos sucesos de Ezeiza ocurridos el 20 de junio de 1973, cuando el regreso definitivo del general Perón al país, afectaron seriamente al gobierno de Cámpora. A partir de allí las divisiones internas del justicialismo se ahondaron, especialmente en la juventud.

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Los trágicos sucesos de Ezeiza ocurridos el 20 de junio de 1973, cuando el regreso definitivo del general Perón al país, afectaron seriamente al gobierno de Cámpora. A partir de allí las divisiones internas del justicialismo se ahondaron, especialmente en la juventud.

Sobre el enfrentamiento, hoy conocido como la Tragedia de Ezeiza, nadie asumió la responsabilidad de lo ocurrido. Y por supuesto, tampoco el gobierno de Cámpora, responsable directo a través del ministro del Interior, Esteban Righi. Dejó la seguridad del palco que debían ocupar las máximas autoridades del país, además de Perón, en manos de grupos armados enfrentados entre sí.

Con los días, las consecuencias de Ezeiza se ahondaron y el Gobierno comenzó a deteriorarse. Y más aún cuando se constató que el palco oficial había sufrido ataques con armas de guerra y que habían perforado las gigantografías, incluso las de Perón y Evita (UPI. 1/07/1973). A poco, todos los sectores de la vida política nacional reclamaban airadamente por el esclarecimiento de los trágicos acontecimientos. Pero no solo estos hechos acaparaban la atención de los argentinos. También lo hacía la creciente ola de secuestros, terrorismo, ocupaciones de fábricas, de campos, gremios y partidos, especialmente por quienes habían sido beneficiados por el indulto del 25 de mayo pasado.

Así fue que ni el gobierno surgido de las urnas ni el retorno definitivo de Perón lograron amainar la violencia política que sacudía al país, hechos que se pueden apreciar con solo hojear diarios nacionales y extranjeros de aquellos días.

En julio, la ola de atentados y secuestros se incrementó sustancialmente, a los que se deben sumar dos hechos: el espectacular rapto del avión de Aerolíneas Argentinas que en vuelo de Ezeiza a Jujuy fue pirateado por el ERP y llevado a Cuba con 80 pasajeros y 77 millones de dólares. El otro, la liberación en todo el país de miles de delincuentes comunes según la ley 20.516 (6/7/1973) llamada "ley de excarcelación". De pronto, casi todas las cárceles del país fueron escenario de violentos motines protagonizados desde adentro por los encausados y afuera, por parientes, amigos y cómplices.

Y como para que no queden dudas sobre lo que pasaba, el 11 de julio, el mismo día que se le devolvía a Perón el uso del grado y del uniforme militar, fueron tomadas por el ERP las plantas de General Electric, Firestone, Cristales CIBE de Córdoba y secuestrado un funcionario del City Bank, también de la Docta.

Y así es que bajo semejante clima de violencia y con un gobierno vacilante, indeciso y hasta por momentos condescendiente, llegó el 12 de julio de 1973. Fue entonces que el binomio presidencial Cámpora-Solano Lima anunció que al otro día (13/07/73) presentarían sus renuncias.

Júbilo

La sorpresiva noticia se conoció el 12 de julio por la tarde y de inmediato causó un generalizado júbilo en todo el país y hubo reuniones espontáneas reclamando la asunción de Perón. Los diarios de la época reflejan aquellos momentos de alegría general y sin distingos partidarios.

Aquí en Salta, no bien se conoció la noticia, la gente comenzó a agolparse frente a El Tribuno para leer las últimas novedades. Mientras tanto, nutridas columnas llegaban a la plaza 9 de Julio entonando la marcha partidaria y lanzando significativos estribillos, como "Perón, Evita, la patria peronista" y otros.

En la Legislatura, El Tribuno (13/7/73) pudo ver las repercusiones entre los legisladores e incluso del gobernador Ragone que, estando en el Senado, expresó: "Era lo más extraordinario que le podía pasar al país. De esta forma se pondrá fin a las dubitaciones". Por su parte, el vicegobernador Olivio Ríos y los senadores Mugas Saldivia, Jorge Royo, Juan Marocco y Hugo Heredia, en sus rostros traslucían una inmensa alegría. Lo mismo pasaba con los diputados Chávez Díaz, Guerra, Carrasco, Rizo Patrón, Poma y Borelli, quienes se encontraban junto al radical Juan Carlos Castiella. "Sus rostros lo decían todo", anotó el periodista . Entre los secretarios políticos, Octavio Ruiz Moreno de la Unión Provincial declaró "ahora creo que vamos a la reconstrucción nacional".

Perón-Balbín

Y mientras gran parte del país celebraba el reemplazo de Cámpora por Perón, en los círculos más cercanos al poder comenzaba a especularse sobre quién acompañaría en la futura candidatura a Perón. A poco que la Asamblea Legislativa aceptó la renuncia de Cámpora, la prensa nacional y extranjera entrevistó a Perón. El corresponsal de UPI preguntó sobre su candidatura y respondió: "No voy a presentar ninguna candidatura, pero dejo abierta la puerta a una fórmula justicialista radical". Más adelante señaló que la renuncia de Cámpora había causado una crisis política institucional y agregó: "Hay crisis positivas y negativas. Para mí esta es positiva". Finalmente, preguntado si Balbín lo acompañaría en una futura postulación respondió: "Yo con Balbín voy a cualquier lado".

Esta última frase causó un inmediato e intenso debate en el radicalismo, en el justicialismo y en partidos menores. Ricardo Balbín, ante el acoso periodístico, dijo: "Las decisiones las tomarán los órganos partidarios ante un eventual ofrecimiento que aún no existe". Pero Raúl Alfonsín le salió al cruce: "Estoy totalmente en contra. Estamos ante una suerte de golpe de derecha para afirmar el continuismo". Salió en su apoyo el senador Angeloz sugiriendo que "Balbín debía mantener la conducta de Sabattini".

En apoyo a la fórmula Perón-Balbín se manifestaron los radicales Luis León, Antonio Trócolli y Eduardo Gamond. Este último dijo: "No soy admirador de Perón. No me manejo por simpatías ni por resentimientos y acepto y respaldo lo que considero lo más beneficioso para el destino nacional".

Definiciones locales

Aquí en Salta El Tribuno hizo una rápida encuesta y monseñor Pedro Lira, obispo auxiliar de la Arquidiócesis, dijo: "Como argentino alimento la renovada esperanza de que este camino no nos conduzca a una nueva frustración histórica"

El doctor Gustavo López Campos (Unión Provincial) dijo: "Creo que en la medida que se haga la unión del Frejuli con todas las fuerzas cívicas y con el apoyo de las fuerzas armadas, estimo positivo para el país. Eso implica que ha desparecido la antinomia peronismo-antiperonismo para convertirse en democracia contra antidemocracia".

Luis Guillermo de los Ríos (Nueva Fuerza): "Por ahora este proceso tiene los visos de un golpe de Estado. No soy de abrir el paraguas antes de tiempo, aunque admito que este es un proceso de mayor autenticidad desde la etapa electoral. En el fondo tengo optimismo en torno a la salida del proceso".

Salum Amado (UCR): "No puedo anticipar una opinión personal hasta no conocer un pronunciamiento de los organismos partidarios, ya que nuestro partido estaría en ese proceso".

Las internas

En el radicalismo los enfrentamientos de a poco se fueron calmando. El balbinismo manejaba la Convención Nacional con más de 180 convencionales sobre un total de 240. El apoyo a la fórmula Perón-Balbín era mayoritaria y a medida que pasaban los días el alfonsinismo iba perdiendo convencionales. De todos modos, la propuesta por parte del justicialismo no llegaba.

En el justicialismo la interna se fue complicando paulatinamente. La JP (Montoneros) propuso la fórmula Perón-Cámpora y para presionar e imponer, realizó una multitudinaria concentración en Buenos Aires con la colaboración de gobernadores afines. Invitaron a Perón pero éste no asistió aduciendo enfermedad, aunque por la tarde recorrió la ciudad. La respuesta fue obvia. Mientras tanto la violencia crecía gracias al ERP y las FAR, más tarde socios de Montoneros.

Y así llegó al 30 de julio cuando Perón y Balbín se reunieron por más de una hora. No se supo lo tratado pero es evidente que el expresidente había resuelto seguir solo su camino. Sabía que estaba enfermo, que tenía sus días contados y no quiso dejar semejante herencia a su amigo Balbín, ese viejo adversario que meses después despidió sus restos en el Congreso con una de las piezas oratorias más brillantes de los últimos tiempos.

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