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Laura recibe a cada persona con un ritual simple pero profundo: pedir permiso para tocar el cabello. Ese gesto, que para muchos puede parecer extraño, para ella es el punto de partida de una relación consciente entre la energía de quien llega y su propio trabajo.
“Se entiende de las energías, se entiende que somos seres conscientes”, explica. Por eso, antes de comenzar un corte o una tintura, inicia un momento de conexión que diferencia por completo su servicio de una peluquería convencional.
Su propuesta de peluquería herbaria nació como un complemento natural de su profesión. Con el paso del tiempo, sintió la necesidad de llevar las hierbas, los oleatos, los hidrolatos, los rocíos áuricos y el agua florida a su espacio de trabajo.
“Es conectarnos con uno mismo hacia adentro”, cuenta. “Traer las hierbas fue un proceso que se fue fusionando con lo que yo ya hacía: el cuidado del cabello”.
El cabello como antena energética
Durante la charla, Laura retoma saberes ancestrales y culturales que volvieron a escucharse en los últimos años. Explica que muchas comunidades trenzaban el cabello o lo recogían en turbantes porque lo entendían como una extensión energética del cuerpo.
“El cabello es nuestra antena, es por donde absorbemos vibraciones”, señala. “Al atarlo, lo resguardamos. Es un cuidado sagrado que hoy se perdió un poco”.
Para ella, ofrecer un espacio “amoroso”, donde la persona se sienta contenida y en calma, es parte fundamental del proceso. “El trato amoroso es importante. Parece simple, pero transforma la experiencia”.
Aromas, plantas y elección consciente
Las plantas que más utiliza están vinculadas a su propia conexión cotidiana: lavanda, romero, ruda y naranja. Sin embargo, cada sesión incluye algo especial: la elección de la planta por parte del cliente.
“Les pregunto qué aroma o qué energía sienten que necesitan ese día. La planta te habla, te muestra qué buscás: reparación del cabello, recarga energética o más calma emocional”.
Las flores -dice- trabajan sobre las emociones. Y cita a Bach: “La flor es la culminación de un ciclo”. Por eso, cuando alguien elige un aroma casi sin pensarlo, suele ser el cuerpo pidiendo una vibración específica.
Turnos, tiempos y un proceso que no es express
Su método demanda presencia, tiempo y una cita previa. Nada de 15 minutos, corte y salida. “No es una sesión normal”, aclara. “Se pide turno, se habla del trabajo técnico y después comienza la magia”.
La recomendación boca en boca es la que fue ampliando su comunidad de clientas. “Soy yo la que contesta los mensajes, sigo con el mismo número desde hace 20 años, porque me gusta esa conexión directa”, comenta.