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La ceremonia ancestral volvió a reunir a cientos de personas en la Quebrada de Humahuaca, en una jornada marcada por la música, las ofrendas y el fuerte sentido comunitario que distingue a esta festividad andina.
La localidad jujeña de Maimará fue nuevamente escenario, el pasado 1 de enero, de una de las expresiones culturales más representativas del norte argentino: la Chaya de Mojones. Como ocurre cada comienzo de año, vecinos y visitantes de distintos puntos de Jujuy y del país se congregaron para participar de un rito que combina tradición, identidad y celebración colectiva.
Durante la jornada, la presencia de bandas de música, comparsas, familias enteras y turistas le dio al pueblo un clima festivo sostenido a lo largo del día. Las calles se poblaron de color, sonidos y encuentros, mientras las imágenes compartidas en redes sociales reflejaron la alegría de quienes eligieron ser parte de una ceremonia que, año tras año, gana mayor convocatoria.
En las últimas décadas, la Chaya de Mojones se consolidó como una de las celebraciones más convocantes de la Quebrada de Humahuaca, impulsada tanto por su valor simbólico como por el creciente interés cultural y turístico. El uso de vestimentas tradicionales, la música en vivo y el espíritu comunitario transforman a Maimará en un punto de encuentro cargado de significado.
El mojón ocupa un lugar central dentro de la celebración. Se trata del punto de encuentro de cada comparsa, donde se reúnen sus integrantes y también quienes se van sumando a lo largo de la jornada. Estas estructuras, formadas por piedras apiladas en forma triangular, tienen un profundo sentido simbólico y espiritual: cada comparsa posee su propio mojón, que representa el vínculo directo con la Pachamama.
Es allí donde se realiza uno de los momentos más significativos del ritual: el desentierro y posterior entierro del diablito del carnaval, una figura que simboliza el inicio del tiempo festivo y la liberación de la alegría colectiva. Además, durante el 1 de enero, los participantes realizan ofrendas de bebidas, que se arrojan sobre el mojón como gesto de agradecimiento y pedido de protección a la Madre Tierra.